Francia: rechazo a reformas explica ola de violencia
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• Condicionamiento
Por sociedad del espectáculo se hace referencia a una sociedad en que las representaciones, las expectativas, los sueños están condicionados por los medios audiovisuales de comunicación masiva. Cuando los jóvenes iracundos se precipitan sobre los aparatos de TV para reconocer su propia imagen arrojando piedras o compitiendo por el número de automóviles incendiados, ¿no están acaso cumpliendo esa expectativa suprema que Andy Warhol atribuía al hombre contemporáneo: «los 15 minutos de fama»?
Cuando el tráfico de drogas se convierte en una de las principales actividades de estos suburbios, ¿no estamos acaso evocando una problemática que ha pasado a constituirse en preocupación dominante del mundo contemporáneo?
En las numerosas tentativas de explicación de este conflicto, la «otredad» aparece reiteradamente como concepto central. Con esta denominación se alude, en el léxico de los intelectuales bien pensantes, a la falta o al insuficiente reconocimiento del otro, que constituye, aparentemente, la condición indispensable de la construcción de una sociedad multirracial y multicultural.
Pienso que ésta es una equivocación terrible en que incurren las pretendidas interpretaciones de los hechos. Si se examina con atención el comportamiento de los jóvenes de origen magrebí o subsahariano, éste no parece diferente del comportamiento del conjunto de la sociedad francesa. Es más, yo diría que es el reflejo hipertrofiado del comportamiento colectivo de los franceses, en última instancia, su expresión extrema.
• Resistencia
¿Acaso el «mal de vivre» no se encuentra generalizado en Francia y se traduce particularmente en la resistencia que ofrece la sociedad francesa a integrarse en un mundo globalizado y a aceptar las reglas de juego que éste impone, a asumir los múltiples desafíos de la revolución tecnológica que está en marcha en el mundo, a admitir los cambios en el rol del Estado? ¿Cuando los docentes, en defensa de sus privilegios, se oponen masivamente a toda reforma de la enseñanza, no están destruyendo las escuelas de sus hijos y de sus nietos de la misma manera que estos jóvenes incendian las escuelas de sus barrios?
¿Cuando empleados públicos, asalariados o empresarios se oponen a las modificaciones indispensables de las reglas de juego de la economía, no están destruyendo los bienes y servicios que Francia podría producir en el futuro de la misma forma que estos jóvenes incendian hoy coches, guarderías o comercios? ¿Cuando el conjunto de la sociedad se obstina en impedir la transformación de un sistema de seguridad social que va a la bancarrota inevitable a mediano plazo, no está desarticulando a término también el sistema de salud, y condenando a los futuros jubilados a la penuria económica de la misma manera que estos jóvenes incendian centros de salud o establecimientos para la tercera edad?
En fin, cuando la mayoría de los franceses, en un acto inexplicable de suprema irracionalidad, votan «NO» en el referéndum sobre la Constitución europea, ¿no están rechazando el modelo de integración que les propone Europa y que es la única alternativa de progreso, así como los jóvenes rechazan el modelo de integración que les propone Francia? Seguramente este conflicto será superado de una u otra manera, pero si la resistencia al cambio por parte de los franceses persiste, sólo será el prenuncio de nuevos conflictos.




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