¿Globalización para los globalizados?
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Las 40.000 empresas globales o multinacionales mueven hoy, a través de sus 270.000 sucursales, dos terceras partes del comercio del mundo y 30% de su PBI. Señalan con acierto los economistas que, a diferencia de las antiguas empresas transnacionales, que se instalaban en distintos países para cubrir los mercados locales, cerrados por los cercos proteccionistas, las compañías globales son como islas de planificación que navegan en mercados libres, protegidos por acuerdos de libre comercio pactados entre países. Esta posibilidad les permite conseguir en cada país las condiciones más beneficiosas en materias tributaria, arancelaria y financiera sin aparecer como los monstruos devoradores de soberanía del pasado.
Recientes acontecimientos ocurridos en el ámbito internacional han vuelto a poner sobre el tapete el tema pues, curiosamente, quienes han promovido y adherido a la filosofía «globalizadora» comienzan a sentir en carne propia ciertos efectos adversos de su propio discurso.
La decisión tomada por una compañía con sede en Dubai (Dubai Ports World) de colocar una oferta para tomar el control («take over») de la operación de seis puertos estratégicos de los Estados Unidos -incluyendo el de Nueva York- ha despertado la ira y la inquietud de gran parte de la clase política norteamericana, temerosa de que instalaciones de esa naturaleza puedan quedar en manos del mundo árabe en momentos tan difíciles para la seguridad nacional y la política exterior del presidente Bush respecto de Medio Oriente. Desde aquí, en Dubai, los árabes plantean que no puede comprenderse cómo los Estados Unidos pretenden democratizar el Medio Oriente e imponerse como campeones de la libertad, la transparencia y el libre comercio cuando, al mismo tiempo, construyen barreras o impedimentos -escudados en razones de seguridad nacional- para que una compañía árabe pueda realizar negocios, respetando las reglas de juego del capitalismo, en forma responsable y transparente, al colocar una oferta pública para un «take over» empresario en territorio norteamericano. La reciente decisión del gobierno de Dubai de «transferir» los puertos como gesto de «amistad» hacia los Estados Unidos, salvando al presidente Bush del conflicto interno, es un gesto enorme de buena voluntad y de política internacional.
• OPA resistidas
Si de resaltar otros ejemplos se trata, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero resiste y resistirá la toma de control de ENDESA por parte del gigante alemán E.on en beneficio de otra pretendiente al control de origen español -Gas Natural- pues no desea que ese recurso tan importante en economía y relevancia quede en manos extranjeras; y algo similar ha ocurrido en Francia en relación con la fusión de Suez SA con Gaz de France SA, operación que según lo ha reconocido el mismo gobierno persigue obtener una independencia energética en el país y evitar que la empresa Suez pudiera ser objeto de un «take over» por parte de la italiana Enel Spa, bajo la excusa -también- de que se trata de un recurso estratégico «que no puede caer en manos extrañas». Recordemos que todas estas compañías están en la Unión Europea.
Hoy la globalización parece volverse -en ciertos ámbitos- sobre sus propios mentores y cuando éstos prueban su propia medicina, parecería que ésta no les gusta y la resisten. Los argumentos del «interés nacional», la «seguridad de la nación», o la calificación de « recursos estratégicos» -que los franceses han aplicado hasta para una fábrica de yogur- parecen no alcanzar para que los «globalizadores» se resistan a experimentar en sus propios países el fenómeno de la «globalización» que viene del extranjero. Parece ser la hora de poner a prueba la «globalización» en el mundo de los «globalizados». ¿Pasará la globalización este examen?




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