31 de marzo 2006 - 00:00

Hay "luchadores" que no reclaman nada

En el reciente acto de Plaza de Mayo del jueves pasado, los convocantes eran «360 organizaciones de derechos humanos». No es de criticar esa conmemoración, pero generó una reflexión entre los viejos peronistas y sus familias que sufrieron tantas injusticias: ¿alguna de esas instituciones de DD.HH. existían en 1955 y se ocuparon de los perseguidos? No.

Se aprovechaban para despedir sin indemnizar a los obreros peronistas acusándolos de «comunistas» y entregando a la tortura o la muerte a los delegados de fábricas. Los constantes allanamientos de las fuerzas de seguridad y los comandos civiles cometían atrocidades, saqueando o destruyendo cuanto no podían llevarse de los hogares, humildes o no. Viviendas construidas y pagadas por sindicatos y a punto de estrenar se las autoadjudicaron a grupos militares.

Vaya un ejemplo: el edificio ahora llamado Alas, en su momento el más alto del mundo de cemento armado, desde 1955 pasó a ser ocupado por familias de oficiales de la Fuerza Aérea y aún siguen ellas allí.

Una de las primeras huelgas que se hicieron en Buenos Aires fue las de los tranviarios. Todos sus delegados fueron detenidos y los obreros se negaban a trabajar. Entonces la FUBA se ofreció a sustituirlos. Los memoriosos de aquella época y los medios de difusión registraron cómo, en curso acelerado, los estudiantes universitarios manejaban los tranvías, llevando al lado un soldado con bayoneta calada. Lo mismo ocurrió con los trolebuses. ¿O no?

El Decreto 4.161, una monstruosidad jurídica sin igual, permitió muertes, detenciones y torturas como el destrozo de viviendas humildes. Era el que prohibía con cárceles y multas la sola mención de las palabras Perón o Evita, como sus derivadas y familiares. Lo cierto e innegable es que la Resistencia Peronista mantuvo viva la llama de la rebelión contra todas las dictaduras, como contra los gobiernos ilegales de Frondizi, Guido e Illia, con el justicialismo proscrito y criminalizado.

La Resistencia Peronista surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legítimo general Juan Perón, cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos.

Con quienes fueron algo en el Movimiento-Peronista como cuantos justicialistas resistían a la dictadura se llenaron todas las cárceles del país, incluso rehabilitando la de Tierra del Fuego, como también cuarteles, comisarías y hasta escuelas, barcos y el propio Congreso Nacional. Este último usado como centro de torturas de los comandos civiles.

Los resistentes peronistas jamás pidieron compensación alguna. Hoy son abuelos envejecidos, en su inmensa mayoría viven en la pobreza, enfermos, olvidados. Hoy se margina a los peronistas del 55. Ven como una reiterada discriminación desmoralizante, inmoral, el dictarse leyes que han dado «reparaciones económicas» a luchadores a partir de los años 70.

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