¿Quién fue Franz Bardon, el mago que se negó a ayudar a Hitler?

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Franz Bardon fue un ocultista checo celebre por sus libros de magia que aun se publican. Según sus seguidores, se negó a colaborar con Hitler para ganar la Segunda Guerra Mundial con sus poderes.

Un mago no puede tener una existencia tranquila sino que necesita rodearse de misterio, y Franz Bardon era un especialista en cultivar los enigmas. Si bien sus biografías afirman que nació un 1° de diciembre de 1909 en Opava, Checoslovaquia, su discípulo Otti Votavova difundió la leyenda de que Bardon era un lama tibetano transmutado en el cuerpo de un joven de 14 años. Su misión era muy concreta: debía iniciar a su progenitor en el ocultismo, y al parecer logró su cometido, porque su padre fue un místico cristiano conocido en su país. Franz, el mayor de sus 13 hijos, estudió en su ciudad natal de donde egresó con el título de mecánico industrial, oficio que pronto dejó por la magia. Así, recorrió su país y Alemania deleitando al público con su espectáculo.

Pero detrás de esta fachada artística, Bardon cultivaba el ocultismo y la alquimia, y a la vez que preparaba pociones que, según sus seguidores, tenían extraordinaria capacidad terapéutica. Algunos sostenían que Bardon había descubierto el “elixir de la vida”, y con este elixir curaba el cáncer.

Entre la década del 1920 y 1930, se libró una guerra secreta entre ocultistas a lo largo de Europa. Aleister Crowley, en Inglaterra, promovía la V de la victoria para combatir los poderes de la esvástica, y la cantante de ópera Alexandra David-Néel revelaba sus experiencias místicas en el Tíbet que incluía la creación de una “tulpa”, un fantasma generado por nuestra mente, según afirmaban los lamas budistas. Así lo reveló la artista en su libro “Magic and Mystery in Tibet”. Por los 30 libros que escribió sobre sus experiencias en esa parte del mundo, le fue concedida La Legión de Honor. Alexandra solía decir “quienes viajan sin encontrarse a sí mismo, solo se trasladan”.

Cuando los nazis llegaron al poder, comenzaron a perseguir a los miembros de la francmasonería y del Ordo Templi Orientis -una sociedad secreta de origen inglés que respondía al lema "el amor es la ley". El grupo de nacionalsocialistas impulsaban la Orden de Thule creada por Rudolf von Sebottendorff, a la que el mismo Hitler pertenecía y que en su momento envió una expedición al Tíbet donde existía una mítica ciudad subterránea.

Bardon pertenecía a la Fraternidad de Saturno (Fraternitas Saturni), una orden cuasi masónica que cultivaba la magia sexual propuesta por Crowley. Todo esto fue recogido por el productor cinematográfico Albin Grau en su film Nosferatu. Para evitar que los nazis irrumpieran en esta sociedad, Bardon y su amigo Wilhelm Quintscher trataron de quemar la documentación para no ser incriminados. Sin embargo, fueron capturados y torturados, y Quintscher terminó asesinado. En cambio, a Bardon lo llevaron hasta el mismísimo Reich, quien, según versiones de los seguidores de Bardon, le ofreció inmunidad y poder a cambio de su asistencia haciendo uso de sus poderes mágicos a fin de ganar la guerra. Como Bardon se rehusó, fue torturado y confinado a una celda donde permaneció encadenado. Cuando vieron que no podían quebrar su voluntad, lo enviaron a un campo de concentración donde permaneció durante tres años. Pudo escapar después de un bombardeo con ayuda de los prisioneros rusos y se escondió en su ciudad natal hasta el final del conflicto bélico.

De acuerdo a una biografía escrita por uno de sus seguidores, Bardon usó sus poderes para determinar que Hitler no se había suicidado y se ocultaba en un país de América Latina con sus rasgos cambiados por varias cirugías.

En Checoslovaquia, Bardon se dedicó a la actividad terapéutica. Lo iban a ver personas de distintos países para aprovechar su capacidad sanadora. Esto llamó la atención del régimen comunista, y Bardon fue apresado el 28 de marzo de 1958. Fue acusado de espía, de fabricar pociones terapéuticas con alcohol y no pagar impuestos sobre estos insumos. Sin embargo, apenas estuvo en prisión 4 meses, porque el 10 de julio murió en un hospital de Brno. Algunos dicen que murió de pancreatitis, otros que se suicidó. En realidad, sufría de obesidad, hipertensión y era un fuerte consumidor de bebidas alcohólicas. Sus discípulos sostienen que Bardon no podía usar su capacidad sanadora porque utilizarlas en sí mismo está prohibido por las leyes kármicas. Su cuerpo fue sometido a una autopsia y sus manuscritos, talismanes, amuletos y anillos, confiscados por las autoridades.

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Los libros de magia escritos por Bardon después de la guerra, tratan no solo trucos y técnicas, sino del desarrollo de su capacidad psíquica y física dentro de la doctrina del hermetismo, es decir, el pensamiento simbólico, meditación y transmutación personal.

En sus libros sostiene una elaborada teoría de equilibrio de poderes, una especie de Ying Yang magnético con espíritus superiores de ángeles y demonios que los influencian. Según Bardon, el mago debe controlar estos miedos con su energía interior, la concentración, la manipulación y el desarrollo de actividades psíquicas y de clarividencia. Tampoco deja de lado las claves de la Kabbalah. En un último libro, Bardon escribió una novela autobiográfica: “Frabato, el mago”, que no llegó a completar, tarea que quedó en manos de uno de sus discípulos, Votavova, quien expuso su teoría sobre la vida pasada de Bardon como un lama tibetano que se encarna en este joven de 14 años para llevar adelante su misión de dar al mundo su sabiduría hermética.

“No hay límites –escribió Bradon– ni hay bondad ni maldad, ninguna existe porque la divina providencia no crea cosas malas ni desarmónicas. Todo es creado en acuerdo a leyes inmutables, que no acercarán a lo divino”. En su país natal, una asociación de ocultistas continúa su prédica y mantiene sus técnicas.

(*) Médico oftalmólogo, investigador de la Historia y el arte y escritor.

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