15 de agosto 2005 - 00:00

Huelgas salvajes, como un Cromañón por goteo

La concurrencia de trabajadores y empleadores al mercado de trabajo implica un convenio mutuo de prestación y remuneración para las actividades allí ofrecidas. El rango de estas actividades es amplísimo, pero existe entre ellas un conjunto que afecta la supervivencia de la sociedad como tal. No se trata de productos y servicios prescindibles o postergables, sino, por el contrario, su carencia conlleva riesgos enormes para toda la población sin discriminación. Este es el caso de las actividades médico-sanitarias.

En este contexto, el derecho de huelga, que se articula en el mecanismo social como un procedimiento admitido constitucionalmente, pierde su legitimidad indudable cuando el funcionamiento razonable de esa maquinaria corre riesgo de detenerse o dañarse irreversiblemente.

Precisamente ese daño irreversible se presenta cuando está en juego la vida de niños enfermos, ya que no se vuelve de la muerte cuando se levanta un paro, ni las víctimas de República de Cromañón vuelven a la vida por reemplazar los techos con materiales ignífugos cuando éstos tendrían que haber estado allí antes de producirse el incendio. En el caso concreto y patético del hospital Garrahan, de plena actualidad, corremos el gravísimo riesgo de perder vidas humanas que, ya sean pocas o muchas o una sola, significarían el equivalente al dolor de un Cromañón por goteo.

Ninguna consideración justifica la ausencia del personal cuya presencia es esencial para la conservación de la vida de los enfermos. Todos los involucrados, empleados y empleadores, son responsables del servicio y en tal sentido no solamente la etapa de su conciliación debe ser obligatoria, sino que el único camino hacia una solución razonable del conflicto debe transitar por el arbitraje obligatorio.

• Proyecto

Tal vez, las luchas partidarias dificulten la promulgación de una ley que trate a fondo este tema, pero la naturaleza irrecuperable de los valores en riesgo debería decidirnos a adoptar decisiones antes que la tragedia enlute a muchas familias inocentes. En este sentido, hemos tratado de hacer nuestro humilde aporte al ingresar, hace ya un año, en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación el proyecto de ley Huelga en los Servicios Públicos Esenciales con el que pensamos -utilizando el procedimiento de arbitraje obligatorio- que se evitarían situaciones de emergencia como las que padecemos hoy.

Aquello que está en juego no es una mercancía que se recupera cuando se levanta el conflicto.
Las criaturas que debieron ser operadas para salvar sus vidas no sanan porque los gremios a posteriori acuerden con sus empleadores. En esto tendríamos que estar todos de acuerdo, ya que al decir de San Ignacio de Loyola: «Cuando la ciudadela está sitiada la disidencia se transforma en herejía».

Dejá tu comentario

Te puede interesar