Kirchner y De Rato quieren lo mismo
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Y es justamente a partir de fines de marzo de este año que el gobierno de Kirchner cambia de manera radical su postura en la negociación con el Fondo. Sigue con su discurso combativo, pero comienza con una política fiscal directamente reaccionaria para un progresista: con niveles de pobreza de 45%, indigencia de 15%, desempleo verdadero (sin Plan Jefes) en casi 20%, decidió aumentar la presión impositiva para maximizar el superávit fiscal y repagarle deuda al FMI. Nunca en el último siglo la Argentina tuvo 4,5% del PBI de superávit primario como ocurrirá en 2004 y 2005. O sea, súper ortodoxia en el resultado fiscal (no en el gasto público) con un discurso de izquierda que hacía 30 años no ocurría en la Argentina.
Frases del presidente Kirchner como «el FMI es el que tiene que reformarse» en su discurso en las Naciones Unidas, o el más reciente piropo dirigido a Rodrigo de Rato de que habla «como si fuera un patrón de estancia» previo a la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial, son todas cortinas de humo (igual que aquella denuncia de junio pasado del complot que buscaba «inviabilizar el cambio») para evitar que se vea con toda contundencia una realidad tremenda: el gobierno nos desangra con superávit fiscales extravagantes generados por presiones impositivas nunca vistas en países pobres como el nuestro para, de acuerdo con las «sabias» palabras del plan Fénix, tener independencia económica y poder aplicar políticas económicas auténticamente nacionales en reemplazo de las reformas que pide el FMI.
Ahora bien, si no queremos hacer lo que nos exige el FMI en materia estructural, ¿por qué no le defaulteamos directamente y sacamos los pies del plato en serio?
Simplemente porque cualquiera puede «bancarse» no tener acuerdo con el FMI, pero defaultearle siendo el tercer deudor en importancia y ponerse en contra a todo el G-7 sólo lo han hecho países como el Congo. ¿Cuáles son las políticas nacionales que nos permite el «mix» de no acordar pero no defaultearle al FMI? Genialidades como reabrir ramales ferroviarios con quebrantos multimillonarios, dar créditos blandos a los que toman fábricas en concurso, eliminar el libre comercio de autos en 2006 tal como establece el Mercosur, limitar la importación de textiles, calzado, línea blanca, televisores, subir los salarios por decreto, alejarnos del ALCA y de todo acuerdo de libre comercio con el mundo desarrollado, no cambiar la relación fiscal enfermiza entre Nación y provincias, mantener la discrecionalidad y la prebenda a todo trapo etcétera.
• Exposición
Hasta aquí, el negocio de Kirchner del no acuerdo + no default con el FMI.
Obviamente que por su lado el Fondo (y el Banco Mundial y el BID) también hace el suyo porque está logrando algo que hace rato quería: bajar muy fuertemente su exposición en la Argentina. En 2002, cuando nuestro país no tuvo acuerdo, repagó capital de deuda a la totalidad de los organismos internacionales por u$s 2.400 millones. En el período enero 2003-marzo 2004, cuando sí tuvimos programa con el FMI, cancelamos deuda por u$s 900 millones, y desde que dejamos de tener acuerdo con el FMI en los hechos, a fines de marzo de este año y hasta que termine 2004, habremos cancelado deuda por u$s 2.200 millones. Total: u$s 5.500 millones (5,5 por ciento del PIB) en tan sólo tres años y en el medio de la peor crisis de nuestra historia.
Es más, Rodrigo de Rato tiene razón al exigir a la Argentina un cierre amplio de la reestructuración de la deuda en default y tirar a la basura el poco serio proyecto de renegociación de los contratos de servicios públicos que De Vido envió al Congreso. Pero dado que lo único en lo que insiste cada vez que abre la boca es en esas dos cosas, directamente parece un lobbysta de los bonistas y las privatizadas más que el Nº 1 del FMI. Su discurso debería ser más amplio. Por ejemplo: exigirnos presiones impositivas formales más bajas y menos distorsivas, más apertura de la economía y frenar el aumento del gasto público. Parecería que su negocio es poner cada vez más distancia de un acuerdo con la Argentina para que le repaguemos cada vez más deuda pública.
Como dice el refrán, no queda claro si es más perjudicial para el país Guatemala o «Guatepeor».




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