En tiempos donde cualquier información es consultada a la inteligencia artificial, la Biblioteca Nacional se convierte cada vez más en un refugio para los amantes de la buena literatura. En palabras del propio Borges “quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana –la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita…” (del cuento “La Biblioteca de Babel” de Jorge Luis Borges, Ficciones, 1944).
La Biblioteca Nacional y sus tesoros: un refugio para los lectores de libros en épocas de inteligencia artificial
Entre su imponente arquitectura brutalista y manuscritos originales de Borges y Cortázar, el edificio preserva piezas únicas de la literatura argentina.
-
No es la edad, es el garantismo y una Justicia que no funciona
-
Oro: toma de ganancias y camino hacia los u$s5.500 en julio
Faro del patrimonio bibliográfico argentino, la Biblioteca Nacional Mariano Moreno resiste el vértigo digital.
Inaugurada en el año 1992, la construcción de hormigón estilo brutalista del arquitecto Clorindo Testa, alberga en sus entrañas más de un millón de libros que son consultados por las casi 2000 visitas diarias que recibe la institución.
En sus subsuelos, se encuentran los depósitos de libros debidamente catalogados que son pedidos por los usuarios y enviados pisos más arriba, mediante un elevador interno para ser disfrutados por el lector.
Sus amplias salas de lectura, ofrecen al usuario un espacio confortable para lograr elevados niveles de concentración y disfrutar de la lectura en época de redes sociales.
Más aún, el edificio brutalista ofrece a los usuarios diversos atractivos. La Sala del Tesoro Paul Groussac, atesora ejemplares manuscritos de diversos autores. Entre ellos, el cuaderno de bitácora de “Rayuela” de Julio Cortazar (1963).
O bien la “Lotería de Babilonia”, celebre cuento del libro “Ficciones” de Borges, comentada en la letra del afamado autor con su meticulosa letra.
O para los historiadores, diálogos de Juan Manuel de Rosas, publicados en el diario “El grito Arjentino”, de Montevideo en 1839, en su versión papel original.
Los tesoros de la Biblioteca Nacional son de variada naturaleza, y no se limitan a sus libros ni su edificación, sino también a sus personas. En tiempos de inteligencia artificial, la Biblioteca eterna es un refugio para quienes disfrutan de la lectura rodeados de verdaderos tesoros literarios.
Pero además de constituirse como un refugio para lectores, la Biblioteca Nacional ofrece la posibilidad de estudiar en la Escuela Nacional de Bibliotecarios, la carrera de Técnico Superior en Bibliotecología para quienes deseen el día de mañana desempeñarse en una biblioteca pública o privada.
Las bondades de este edificio brutalista son varias, sus puertas se encuentran abiertas al público.
Doctor en Derecho Administrativo por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Derecho Administrativo por la Universidad Austral y especialista en transporte y puertos.








Dejá tu comentario