El oro volvió a ser protagonista en los mercados internacionales tras registrar una corrección cercana al 3,50%, movimiento que interrumpió momentáneamente el fuerte rally que lo llevó a marcar máximos históricos el mes pasado. La caída, si bien significativa en términos porcentuales, no altera todavía la estructura de fondo del mercado, que continúa mostrando fundamentos sólidos tanto desde el plano técnico como desde el macroeconómico. De hecho, para muchos analistas, este retroceso representa más una toma de ganancias natural que el inicio de un ciclo bajista sostenido.
Oro: toma de ganancias y camino hacia los u$s5.500 en julio
El oro corrigió cerca de 3,5% tras su rally histórico, pero mantiene fundamentos sólidos. Con tasas reales bajas y fuerte demanda de bancos centrales, el mercado no descarta un nuevo avance hacia los 5.500 dólares en julio.
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El oro, una vez más, demuestra su doble naturaleza: activo financiero sensible a flujos especulativos de corto plazo y, al mismo tiempo, reserva estratégica de largo plazo para Estados e inversores que buscan protección frente a la volatilidad sistémica.
El metal precioso había alcanzado niveles extraordinarios, superando con claridad la zona de los 5.000 dólares por onza y acercándose a máximos históricos en el rango de 5.500–5.600 dólares en los mercados de futuros. Ese movimiento estuvo impulsado por una combinación de factores: tensiones geopolíticas persistentes, dudas sobre la sostenibilidad fiscal de varias economías desarrolladas, volatilidad en la renta fija soberana y expectativas cambiantes sobre la política monetaria de la Reserva Federal. En ese contexto, el oro volvió a consolidarse como activo refugio por excelencia.
La reciente corrección se produjo luego de un tramo de suba prácticamente vertical. Desde el punto de vista técnico, el retroceso permitió aliviar condiciones de sobrecompra extrema en indicadores de momentum, algo habitual en activos que atraviesan fases de aceleración. Lo relevante es que, pese a la caída, el precio logró mantenerse por encima de los 4.900 dólares, un nivel que hoy funciona como soporte psicológico y técnico clave. Mientras esa zona no sea vulnerada con fuerza y volumen creciente, la tendencia primaria continúa siendo alcista.
Las perspectivas hacia el mes de julio abren un escenario interesante. Un objetivo en torno a los 5.500 dólares por onza no luce descabellado si se mantienen las condiciones actuales. Para que ello ocurra, el mercado necesita sostener la demanda institucional y evitar un fortalecimiento abrupto del dólar estadounidense. La relación entre el oro y el dólar sigue siendo uno de los factores determinantes: un dólar débil tiende a impulsar el precio del metal, ya que lo abarata para inversores que operan en otras monedas.
Otro componente clave es el comportamiento de las tasas reales de interés. Si la inflación se mantiene firme y las tasas nominales no suben en igual proporción, las tasas reales permanecen bajas o incluso negativas. En ese escenario, el costo de oportunidad de mantener oro —activo que no paga intereses— disminuye considerablemente. Este entorno favorece la asignación de capital hacia metales preciosos como instrumento de cobertura frente a la pérdida de poder adquisitivo.
A nivel estructural, la demanda de bancos centrales continúa siendo uno de los pilares más sólidos del mercado. China ha extendido su racha de compras oficiales de oro durante más de un año consecutivo, reforzando su estrategia de diversificación de reservas internacionales. El Banco Popular de China ha incrementado sistemáticamente sus tenencias de lingotes, en una señal clara de que considera al oro un activo estratégico en un contexto global marcado por tensiones comerciales, fragmentación financiera y cuestionamientos al predominio absoluto del dólar.
India, por su parte, mantiene su histórica relación con el oro como reserva de valor cultural y financiera. Más allá de las reservas oficiales del banco central, la demanda física minorista en India continúa siendo una de las más importantes del mundo. La compra de lingotes y joyería como forma de ahorro se intensifica especialmente en períodos de volatilidad o incertidumbre macroeconómica. Esta demanda estructural genera un piso adicional para los precios internacionales.
El interés de los bancos centrales no se limita a China e India. En los últimos años, múltiples economías emergentes han incrementado la proporción de oro en sus reservas internacionales, en un proceso que algunos analistas describen como una tendencia gradual hacia la desdolarización parcial. Aunque el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva global, el aumento sostenido de compras oficiales de oro refuerza la narrativa de que el metal cumple un rol estratégico en la arquitectura financiera internacional.
Desde el punto de vista técnico, el escenario alcista hacia julio implicaría que el oro consolide durante algunas semanas sobre los 5.000 dólares y posteriormente rompa la zona intermedia de resistencia en torno a 5.300–5.350 dólares. Superado ese nivel, el objetivo natural volvería a ser el máximo histórico reciente. Una vez allí, el mercado podría intentar un nuevo tramo de expansión hacia los 5.500 dólares, nivel que coincide con proyecciones de extensión de Fibonacci y objetivos derivados de la amplitud del último canal alcista.
Sin embargo, no todo el panorama está exento de riesgos. Un giro inesperado en la política monetaria estadounidense, con subas adicionales de tasas más agresivas de lo previsto, podría fortalecer al dólar y presionar al oro a la baja. Asimismo, si los mercados accionarios globales recuperaran un fuerte apetito por el riesgo y se disiparan tensiones geopolíticas relevantes, parte del capital actualmente posicionado en metales podría migrar hacia activos de mayor rendimiento esperado.
También debe contemplarse la posibilidad de que la reciente corrección se prolongue hacia niveles inferiores, como 4.800 o incluso 4.700 dólares, en un proceso de consolidación más amplio antes de retomar la tendencia principal. En mercados que han subido con tanta intensidad, las fases laterales prolongadas no solo son normales, sino saludables para sostener un ciclo alcista más duradero.
En síntesis, el retroceso del 3,50% no modifica el escenario estructural favorable del oro. La combinación de incertidumbre macroeconómica, demanda persistente de bancos centrales, tasas reales bajas y soporte técnico firme configura un contexto en el cual un regreso a los máximos históricos y un eventual movimiento hacia los 5.500 dólares por onza para el mes de julio resulta un escenario plausible. La clave estará en la evolución del dólar, la política monetaria y la continuidad de la demanda física e institucional.
El oro, una vez más, demuestra su doble naturaleza: activo financiero sensible a flujos especulativos de corto plazo y, al mismo tiempo, reserva estratégica de largo plazo para Estados e inversores que buscan protección frente a la volatilidad sistémica. En un mundo atravesado por transformaciones geopolíticas y financieras profundas, el metal precioso continúa ocupando un lugar central en la toma de decisiones de quienes priorizan la preservación de valor.
Analista Financiero
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