La escalada salarial llevaría en octubre a nuevas negociaciones

Opiniones

Los salarios se pactaron entorno a 19,5% primero, luego alrededor de 24% y ahora trepan hasta 27% y 30%. Sin dudas, estamos frente a una escalada que partió del piso oficial, pero que no tiene un techo oficial.

Esta alarmante tendencia es de tal relevancia para el futuro de la economía que en ciertos círculos se analiza y se habla de la posibilidad de suspender la negociación colectiva de salarios y que, llamando a todos los sectores a un gran acuerdo nacional, se fije un único aumento: en cuotas y progresivo para todas las actividades.

Es más, siguiendo literalmente los anuncios de Moyano en su diálogo con el gobierno, las negociaciones tienen un piso y no un límite superior. Ahora, se agrega un nuevo factor de confusión: Moyano anunció que los acuerdos pueden ser revisados en el segunda parte del año 2008. ¿Qué pasó entonces con lo que se firmó? ¿Es que los acuerdos firmados no serán honrados por las partes?

Como se recordará, los acuerdos se pactaron primero hasta abril o junio de 2009 (14 o 16 meses), y en estos últimos días, hasta el 31 de diciembre (7 u 8 meses). La respuesta al interrogante es muy simple, el nuevo protagonista de la discusión salarial, el operador invisible, que es la inflación real.

Los mecanismos utilizados para evitar la indexación automática son aumentos porcentuales, en plazos cada vez más cortos, y en valores y porcentajes crecientes. Para algunos, sería viable la aplicación de la teoría de la imprevisión, según la cual, las partes no tienen que soportar las consecuencias de los acontecimientos imprevistos dentro del contexto de una realidad que cambió dramáticamente en un lapso breve. En ese plano, los salarios y los precios no podrán mantenerse dentro de los parámetros establecidos para un período de cierta estabilidad controlada, que giraba en torno a niveles inferiores a 10%, cuando la realidad evidencia que la evolución está girando, como mínimo, en el doble de aquel objetivo inicial.

Aparecen otras amenazas, como la inflación sumada a una reducción del nivel de actividad que puede generar estanflación, que implica la conjunción de recesión e inflación. En el marco del empleo, los cimbronazos de la economía en reajuste por reformulación del nivel de actividad se traducen en un ajuste de la dotación. Algunas actividades ya lo están haciendo en forma gradual.

El desborde, que se esperaba para el segundo cuatrimestre o para el segundo semestre del año, se adelantó. Los gremios que aún no cerraron sus acuerdos incrementaron sus aspiraciones en más de 50% en relación con lo que firmó la Federación de Camioneros en marzo. La Unión de Obreros Metalúrgicos (UOM) pidió 32%, el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), 35%, Alimentación trepó a 40%, y todos plantean un refuerzo de aguinaldo (a fin de año), o una revisión en diciembre de 2008.

  • Presiones

    Las empresas están «apretando los dientes» frente al futuro inmediato, con un economía recalentada, y frente a las presiones que se están experimentando dentro de cada establecimiento. En este último plano, los beneficiarios de los acuerdos de salarios de actividad, ya homologados por el Ministerio de Trabajo, comenzaron a formular peticiones de ajustes en distintos rubros -incentivos, premios, sistemas de productividad o de producción, adicionales por desempeño-, complementando los aumentos recibidos por vía convencional.

    Otros han inaugurando una nueva modalidad, que consisteen reclamar beneficios antes de que se firme el acuerdo general, con cláusulas tales como: a) una suma fija, remunerativa o no remunerativa, independiente de los aumentos generales; b) incremento de los premios, otorgado por la empresa prescindiendo de otros incentivos y retribuciones variables ya existentes; c) reducción de las cuotas de los acuerdos generales, anticipándolas, o sencillamente unificando todas ellas en un solo aumento a partir de la fecha de homologación por parte del Ministerio de Trabajo o de la fecha anterior pactada; d) la creación de comisiones de negociación locales, por establecimiento o regionales, para analizar las vicisitudes del impacto en los precios en el ámbito de negociación; y e) la fijación de nuevas reglas en materia de aumentos, como la determinación de ajustes adicionales a los que se pacten, para que automáticamente operen como incremento adicional en cada acuerdo que se celebre y se homologue.

    En pocas palabras, estamos presenciando el comienzo del proceso de negociación colectiva, por actividad, por región y por empresa, ya no para mejorar la distribución del ingreso, ya no para recuperar el poder de compra perdido en la crisis de 2001, sino, sencillamente, para tratar de cubrir los efectos de la inflación real.
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