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No se inmuta el gobierno ante estos movimientos opositores porque sigue apostando a que sin nadie adelante con más poder político puede hacer lo que quiera, hasta la jugada de más riesgo. Como llamarse a silencio en este debate después de patear la mesa y especular con el derrumbe de los ruralistas, paladeando también el vértigo de quien se arriesga a caer antes. Sin, claro, reparar en gastos -los paga, después de todo, el público-.
Le preocupa antes que nada retener unida a la propia gente (funcionarios, punteros), no sea que algunos, como comienza a ocurrir, se sientan atraídos por la onda favorable que tiene la protesta y cambien de querencia. Los que quedan piden letra para responder en debates, eso que el gobierno -cada vez más callado- les niega también al público y a los ruralistas, ignorando que la dimensión del conflicto lo obliga a ser más transparente y explícito para achicar la incertidumbre que todo lo daña. Para eso Daniel Scioli manda hoy a Villa Gesell a su jefe de recaudadores a que les dé unas lecciones sobre retenciones móviles a intendentes y legisladores de la provincia de Buenos Aires. Una movida también con riesgo porque los alumnos de hoy pueden convertirse mañana en expertos demandantes de más reparto de impuestos. El pretexto es darles argumentos a esos funcionarios para que prediquen en favor de la posición del gobierno.
En la Capital Federal también inició el jefe de Gabinete un maratón de reuniones con los kirchneristas del distrito. Primero, para reclamarles que no exploten en su favor -es un distrito en donde son tercera fuerza- esta crisis y se tienten de «borocotear» y pasarse al oficialismo. Alberto Fernández le tuvo que recomendar a algún quejoso del kirchnerismo no PJ del distrito que se dejen de protestar porque todos los militantes tienen ya cargos con sueldo, celular y auto pago.
Notable esta reapertura de todas las peñas, una resurrección de la política, otra vez movida desde la sociedad que actuó, intemperante, porque los políticos estaban mirando hacia otro lado.




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