La presión fiscal, la mayor de la historia

Opiniones

La presente solidez fiscal es la consecuencia de una presión fiscal sin precedentes. Lo extraño es que pocos protesten. En cambio, el célebre impuestazo de Machinea fue muy resistido por la opinión pública, aunque no tuvo incidencia real en la recaudación. Es útil un pequeño cuadro comparativo, con la presión fiscal de la década 1992-2001, el último año de la convertibilidad, y la actual.

Entre 1992 y 2001 no hay alteraciones significativas, en conjunto, si bien existieron cambios en la importancia relativa de los distintos tributos. Luego de un pico máximo de 22%, en 1993, el período observa la menor presión fiscal, 20% del PBI, en 1996. Todavía en 2001 la incidencia impositiva apenas superaba 21%. En cambio, entre 2003 y 2005 se amplió en 6 puntos porcentuales del PBI, es decir, la incidencia impositiva es ahora 30% mayor que la de 2001.

El cuadro resalta la abrupta suba de la presión fiscal, luego de 2001. El salto está concentrado en tres tributos: Ganancias, Débitos y Derechos de Exportación, mientras el resto disminuye. El extraordinario aporte del sector privado no se agota en el pago de impuestos. Entre otros, el Estado también exigió sacrificios sin precedentes a sus acreedores en bonos. A los que ahora se agrega la novedosa suspensión de las exportaciones de carne.

Tales gravámenes inciden de forma despareja. Como siempre, las actividades no registradas se benefician al eludir tamaños impuestos, a lo largo de toda la nación. Otras pérdidas en aras de las políticas gubernamentales son las que los congelamientos de tarifas de servicios privatizados, combustibles y otros imponen a varios emprendimientos. Mientrastanto, el Estado continúaaumentando sus gastos sin que las prestaciones mejoren. Ni la seguridad, ni la Justicia, ni la educación ni la salud muestran mayor calidad. Y las autoridades continúan exigiendo nuevas entregas, en aras de contener las alzas de costos de vida y aumentar los salarios.

El peso de los impuestos nacionales es 23% superior en la Argentina a los Estados Unidos. No obstante, la calidad de la prestación es bien inferior, en Justicia, seguridad, salud, jubilaciones, desempleo, etc. Altos impuestos y bajas prestaciones constituyen una enorme desventaja comparativa, que explica parte de nuestro subdesarrollo.

  • Estímulo

    Las extraordinariamente propicias condiciones internacionales, con elevados precios para nuestras exportaciones y reducidos intereses, facilitaron tan grandes sacrificios por parte del sector privado. Pero la Argentina hubiese recibido un estímulo mayúsculo si la presión fiscal fuese la de 2001 y tuviésemos más previsibilidad y mejores servicios públicos. Una masa de inversores y emprendedores entusiasmados por un país pleno de oportunidades en lugar de reprimendascrearía los puestos de trabajo para disminuir la desocupación y pobreza. Los sistemas institucionales están para afianzar la toma de decisiones, conseguir una mejor coordinación de las actividades y riqueza para todos. Ahora, más que contener las alzas de precios, es perentorio aumentar el ingreso de nuestra gente.

    El Estado está obstruyendo la creación de riqueza con enormes impuestos, decisiones y controles erráticos. Es especial, con el escaso suministro del más público de todos los bienes: evitar entorpecimientos innecesarios a las actividades creativas. Para ello, la Justicia y seguridad interior están en déficit. Los partidos políticos que no cumplen su tarea de controlar al Estado, también.
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