20 de junio 2005 - 00:00

Los nuevos verbos que conjuga Europa

Agobiados por los No de Francia y Holanda a los referendos del Proyecto de Constitución -y su suspensión en Gran Bretaña- los jefes de Estado y de gobierno conjugan en Bruselas nuevos verbos:

a) Prorrogar. La «pausa de reflexión» acordada hasta el 2007 fue inmediatamente aprovechada. Portugal, Finlandia, Dinamarca, Suecia, República Checa, Irlanda y Luxemburgo difirieron sus consultas. Solamente Estonia mantiene el proceso, variante abortada inmediatamente después del 29 de mayo. Otras, como la parcial puesta en vigencia, tampoco prosperaron. No se declara la muerte del Proyecto; tampoco se lo renegociará. Pero el aplazamiento, para reconciliar sociedades y normativa, suena más a expediente para salvar la cara que a certeza.

b) Reconsiderar. Jacques Chirac cuestionó la ampliación futura «sin que se tengan aún las instituciones necesarias para su funcionamiento eficaz». Reclamó una reunión extraordinaria para el análisis del porvenir de la Unión «y de nuestras naciones», en un revival de las «dos visiones» de Europa: una, la federativa, ideada por Jacques Delors, que se expresa en el Proyecto. La otra, la de las Patrias, en concepción de Charles De Gaulle para quien Europa (sin Inglaterra) sería la casa común de los Estados desde los Urales al Atlántico, definiendo soberanamente reglas de integración económica, seguridad y defensa.

El planteamiento se hace en el marco del enfrentamiento por el presupuesto con Gran Bretaña y telón de fondo de la cuestión turca. El debilitado jefe de Estado francés, al explicar a sus pares que el proceso «va muy de prisa» (olvidando su rol de promotor) intenta resolver la contradicción de un país que sigue proclamándose europeo, pero vota No. Y al reclamar políticas sobre globalización, deslocalización y desempleo conforme al modelo social, busca respaldo interno (ya hubo manifestaciones en París) y lograr moneda de cambio para el combate de fondo con Blair.

c) Confrontar. En 1984 la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, entre destemplados reclamos orales y aun gestuales (se recuerdan sus célebres «golpes de cartera») obtuvo el cheque histórico como contraprestación por el escaso monto, en relación con sus aportes, que recibía Gran Bretaña por subsidios agrícolas. Francia embolsaba, en cambio, 40% del presupuesto de la UE en tal concepto. El cheque hoy monta 4,4 billones de euros y los campesinos franceses reciben 10.000 millones de euros anuales. Mientras Chirac reclama el fin de lo que considera un privilegio inglés, Blair contraataca exigiendo la revisión de los subsidios, eje de la Política Agrícola Comunitaria (PAC) permanente llaga que desvela a nuestro campo exportador, con repercusiones tributarias y financieras (conviene recordar que el Proyecto de Constitución los incluye en su normativa). El enfrentamiento ha paralizado la Cumbre. El presidente de la Unión, Jean-Claude Juncke propuso congelar el monto del cheque hasta 2007 y luego irlo rebajando hasta cero en 2013: el canciller Straw rechazó airado el intento, al igual que el pedido de contribución al financiamiento del Este si se mantuvieran los beneficios que impugna el Reino Unido. Mientras Blair -que en julio presidirá la Unión- amenaza con el veto (Italia lo hará si se suprime la ayuda al Mezzogiorno); los Países Bajos quieren aportar menos y España sufriría la pérdida de los «fondos de cohesión».

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