28 de marzo 2005 - 00:00

Más medidas apuntan al trabajo en negro

Carlos Tomada
Carlos Tomada
La «cruzada» contra el trabajo en negro comienza con una primera batería de medidas lideradas por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. El trabajo «en negro» y el trabajo «en gris» son dos de los frenos más graves para la inversión y estigmas en desmedro de la seguridad jurídica de nuestro país. Es también un mal que reparte daños tanto para los trabajadores como para las empresas. A los trabajadores los priva de un sistema de salud, los deja sin sistema jubilatorio, les impide el acceso a cualquier beneficio formal como el crédito, los sumerge en la incertidumbre en cuanto al ejercicio de sus derechos laborales y de la seguridad social. Para las empresas es uno de los flagelos esenciales que amenaza no sólo la competitividad, ya que es el más claro exponente de la competencia desleal, sino que además compromete el crecimiento y el desarrollo a futuro.

El trabajo clandestino es una subespecie de la economía negra y, de hecho, constituye una parte de la cultura en varias actividades y regiones. En algunos operativos de la AFIP se produjeron resistencias que casi se convierten en una pueblada en ciertas zonas del país.

Para luchar eficazmente contra este flagelo, se deben tener en cuenta algunas pautas básicas:

• Es importante desplegar el sistema de control de policía laboral en forma general en todo el país, y no sólo concentrarlo en ciertas zonas o actividades.

• Es necesario ir a cazar evasores en la selva y no concentrarse en la cacería dentro del zoológico, castigando o persiguiendo a menudo a los que más o mejor cumplen. Ello no quita que obviamente los empleadores formales estén y deben seguir sujetos a los controles legales.

• Es conveniente desplegar la acción combinando la jurisdicción nacional con acciones comunes con las provincias y los municipios, para que no se superpongan controles, y para que éstos resulten combinados adecuadamente.

• Las entidades empresarias, las empresas formales y las ONG relacionadas con ellas pueden desplegar estudios, análisis, sistemas y mecanismos de información que faciliten y den apoyo a las autoridades competentes en cada jurisdicción.

• Se pueden establecer planes que permitan la regularización de las pymes, con ayuda técnica (frente a la complejidad de los trámites de inscripción), facilidades de pago, y medios de apoyo financiero y hasta crediticio para el desarrollo de los negocios en la formalidad.

La condonación de deudas, las moratorias, y mecanismos similares deben ser analizadas con cuidado, ya que les brindan beneficios a los infractores, y con ello castigan en forma indirecta a los que cumplieron dentro de la formalidad.

• Traspaso

Además de los controles, habrá que diseñar un plan que permita incentivar y facilitar el traspaso de la actividad informal al ámbito formal. Un trabajador en negro que tiene un salario de quinientos pesos, por ejemplo, cobra quinientos pesos (es decir que el neto y el bruto son iguales) y al empleador clandestino le cuesta la misma suma.

En cambio, si el mismo trabajador está debidamente registrado con un salario de quinientos pesos brutos, cobra de bolsillo cuatrocientos pesos, y al empleador le cuesta entre ochocientos y mil pesos, si incluimos cargas sociales, aguinaldo, vacaciones, licencias, incidencia de otros factores como la aplicación de los convenios colectivos, etc.

• Alto costo

Por ende, el paso del mercado clandestino al mercado formal tiene un altísimo costo, sin perjuicio de lo que significa regularizar el pasado. La lucha contra el trabajo en negro reconoce experiencias exitosas en el derecho comparado, con lo cual, habrá que estudiar esas experiencias para extraer de ellas los medios y sistemas que pueden adaptarse a nuestra realidad.

Estos temas requieren
de una batería de instrumentos combinados que permitan lograr una suerte de puente, de modo de trasladar a los evasores al régimen formal. Este traspaso debe tener en cuenta la búsqueda de que las empresas, muchas de ellas pequeñas y de menos de cien trabajadores sobrevivan, ya que de lo contrario, la búsqueda de la regularización puede comprometer la subsistencia de la fuente de trabajo.

Finalmente, parece necesario que en esta cruzada se unan el Estado que ya inició una acción sistemática que se extenderá a todo el país, con todos los actores sociales, desplegando una reforma integral que contribuya a la continuidad de la creación de empleo en blanco, con todos los beneficios y medios de protección que ello implica.

No hay dudas de que el trabajo formal es uno de los desafíos del crecimiento con trabajo de buena calidad.

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