7 de diciembre 2005 - 00:00

"Me preocupa más el gasto que la inflación"

Importantes economistas argentinos y del exterior pronosticaron que continuará la bonanza de mercados emergentes debido a una situación benigna en la economía mundial. Hubo, eso sí, preocupación generalizada por el salto inflacionario. Fue durante un seminario organizado por el Centro para la Estabilidad-Financiera (CEF) junto a la Universidad Torcuato-Di Tella. «El gobierno debe elegir: el FMI o el mercado», explicó Miguel Kiguel al referirse a la estrategia de endeudamiento para pagar la deuda hasta 2010. Mario Blejer (Banco de Inglaterra) explicó que las economías en los países desarrollados están sanas y por lo tanto «no hay peligro de subas bruscas de las tasas». Ambito Financiero entrevistó a dos argentinos que trabajan como economistas jefes para América latina de dos importantes instituciones: Guillermo Calvo (Banco Interamericano de Desarrollo) y Gustavo Cañonero (Deutsche Bank).

Periodista: ¿Qué opina de los acuerdos que se están cerrando con supermercados para reducir los precios de algunos productos?

Guillermo Calvo: Puede ser que existan algunos problemas de monopolio o de falta de competencia que desconozco, pero claramente no es un mecanismo que sirva para frenar un proceso inflacionario, ni en la Argentina ni en ninguna otra parte del mundo. Al menos no conozco ningún caso ni lugar donde esto se haya logrado.


P.:
¿Por qué cree que se produjo este repunteinflacionario en 2005?

G.C.: El gobierno fijó, sabiamente según mi entender, el tipo nominal de cambio. El costo de haber actuado de esta manera es tener por un rato un poco de inflación. En todos los países de la región estamos viendo cómo se aprecian los tipos reales de cambio. Varios países prefirieron hacerlo a través de una caída del valor nominal del dólar, como Brasil, Uruguay o Chile. Pero habiendo hecho la elección de no dejar que baje el dólar, es inevitable que se dé este proceso de aumento de precios. Lo interesante para la Argentina es que este reacomodamiento de baja del tipo de cambio real se da de manera suave, en vez de producirse bruscamente como ocurriría en caso de una baja nominal del dólar.


P.:
¿Cree entonces que 2006 seguirá con alta inflación?

G.C.: No dije que la Argentina tiene inflación alta. Se trata de un ajuste de precios relativos que está ocurriendo en toda América latina, sólo que en algunos casos se hizo vía una apreciación de la moneda local y en otros a través de un aumento de precios. El tema que realmente hay que observar es si este aumento inflacionario presenta peligros de continuar creciendo. También debe leerse esta situación como consecuencia del éxito económico que hizo que creciera fuertemente la demanda interna.


P.:
¿Y qué probabilidad le asigna a que la inflación se espiralice?

G.C.: En realidad, lo que más preocupa es lo que ocurra con la situación fiscal y un achicamiento que se viene del superávit de las cuentas públicas. Con este nivel inflacionario es inevitable que aumente el gasto público, ante los fuertes reclamos de subas salariales que habrá tanto a nivel nacional como provincial. Como la recaudación depende en parte de ingresos que no están atados a la suba de precios, como las retenciones, la tendencia es a una situación fiscal menos holgada. Será muy importante encarar una reforma impositiva que permita mejorar los ingresos y enfrentar mejor esta tendencia de aumento del gasto. La otra posibilidad es contener el aumento del gasto público, pero eso siempre es mucho más difícil.


P.:
¿Cómo ve las demoras que sigue habiendo para arreglar el tema de las tarifas de los servicios públicos?

G.C.: Va en contra de las inversiones de largo plazo que precisa el país en infraestructura. Sin reglas claras será difícil atraer a los inversores privados.


P.:
¿La situación internacional puede empeorar, afectando a mercados emergentes?

G.C.: No lo veo muy probable. Es cierto que la deuda estadounidense está creciendo, pero aun así su nivel respecto del PBI es menor que el del resto de los países del G-7. No es para alarmarse ni para pensar que habrá ajustes bruscos que afecten el flujo de fondos a los países de la región.

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