"No está bien subordinar precios a un dólar alto"
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El "efecto embudo": por qué más deuda multilateral complica la baja del riesgo país
El ex ministro de Economía Roque Fernández expresó su
preocupación por el tema energético y la inflación reprimida.
«El oficialismo se metió en una trampa», indicó.
P.: ¿Ayuda el colchón fiscal a que no se empeoren estas cuestiones?
P.: ¿A qué se debe el buen nivel de actividad económica? ¿Hay mérito del gobierno o fue un coletazo de la favorable situación internacional?
R.F.: Una conjunción de las dos cosas. Hubo un razonable control de las finanzas públicas, cierto que con impuestos distorsivos, pero que igual generaron recursos que van al superávit primario. Fundamentalmente, se evitó un desborde desde el punto de vista fiscal. Sumado a eso una coyuntura internacional favorable, que se reflejó en la suba de los precios de los productos que la Argentina exporta, y una gran liquidez internacional, que estimuló los flujos de fondos a los países emergentes. La mayor recaudación fiscal, por los impuestos a las exportaciones, mantuvo el orden macroeconómico que estamos observando, que es importante y no debe ser menospreciado, ya que en otras épocas situaciones internacionales similares se desaprovecharon en aumentos del gasto público.
P.: ¿Qué opina del manejo monetario y de la voluntad de mantener el dólar cercano a 3,10 pesos?
R.F.: No coincido en que la competitividad argentina se pueda determinar controlando el tipo de cambio real.
Viene dada por otros elementos. La imposición del dólar a 3,10 pesos, cuando el mercado considera que vale 2,8, por decir un ejemplo, significa que hay que emitir dinero o deuda para sostenerlo. Y ahora se está utilizando el impuesto inflacionario para sostener el tipo de cambio real un poco más alto que su equilibrio. Creo que es una señal distorsiva para la asignación de recursos.
P.: ¿Propondría entonces un tipo de cambio más flexible?
R.F.: Se puede aceptar cualquier política. Se puede usar una regla monetaria, objetivos de inflación, crawling peg, pero en la medida que la política esté orientada a contener la inflación y desarrollar el mercado de capitales. Debe ser transparente, bien explicada y anticipable por la gente. No está bien subordinar la estrategia de precios del país al impuesto inflacionario que haga falta para sostener un tipo de cambio real alto.
P.: ¿Qué opina de la estrategia de acumular reservas?
R.F.: Tiene que tener algún tipo de argumentación. Se pueden usar para realizar intervenciones transitorias, en crisis o catástrofes. O en un mecanismo tipo convertibilidad, donde se les quiere asegurar a los tenedores de pesos que el Central puede cambiar al tipo de cambio vigente todos los pesos que haga falta. Pero hoy el Central no está obligado a mantener una paridad. El objetivo no debe ser acumular reservas porque sí. No tiene mucho sentido endeudarse a 10% de interés para colocar las reservas 2%.
P.: Ya que habló de la convertibilidad. ¿Cuál es su evaluación de ese sistema a 4 años ya de su abandono?
R.F.: Yo nunca fui dogmático con el tipo de cambio fijo, pero parecía que en ese momento tenía fuerte justificación para transmitir seguridad después de la salida de la hiperinflación. Se habla mucho de dos cosas que creo que no son ciertas. Por un lado, la salida de la convertibilidad no fue producto de un atraso cambiario en los 90. En el 99 el tipo de cambio real era muy cercano al de equilibrio. Los análisis independientes realizados por organismos multilaterales daban un valor en el peor de los casos 7% apreciado. Tampoco es cierto lo del fuerte endeudamiento. La deuda en relación al PBI en la década del 90 se mantuvo por abajo de 36%, un ratio muy razonable, y se emitió deuda vinculada con la pérdida de recaudación por la reforma previsional, que en un análisis intertemporal mejoró la situación patrimonial del Estado. El gasto primario se mantuvo constante en relación al PBI.
P.: ¿Por qué se disparó entonces el tipo de cambio si se encontraba cerca de su valor?
R.F.: Fue una situación de pánico que empezó en 2001, ante la dificultad de refinanciar la deuda. El rechazado ajuste de u$s 2.700 de López Murphy, sumado a la sucesión de errores posteriores, como sacarle las reservas al Central, eliminar su independencia, sacarles la liquidez a las AFJP, el fuerte endeudamiento con el FMI que entró por una ventanilla y salió por la otra por la fuga de capitales, llevó a una situación crítica que produjo el salto del dólar.
Entrevista de Martín Lalín




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