País, cada vez con más Estado y menos mercado
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Petróleo, inflación y Fed: el verdadero frente de la guerra entre EEUU e Irán
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Cuarto, ha roto todos los mercados necesarios para evitar que los precios reflejen costos y/o rentabilidades de mercado que dificulten el objetivo distributivo. Para que los combustibles no subieran, siguiendo la espectacular escalada internacional del petróleo, fijó mediante « acuerdos de precios» el precio del crudo y del gas en boca de pozo y estableció también retenciones móviles a las exportaciones, ignorando que disociar el precio interno de un exportable respecto del internacional es equivalente a un impuesto a la producción que provocaría la caída de esta última. A su vez, esto dio pie para que el gobierno acusara a las petroleras de que no invertían por lo que se veía «obligado» a crear Enarsa, engendro estatal que supuestamente reemplazaría las falencias de inversión privadas. La consecuencia de este desmanejo es que hoy ya estamos importando gas desde Bolivia y aumentando el gasto público en vez de darles más precio a los privados. También se habla cada vez con más asiduidad de que se importará petróleo en el mediano plazo.
En el mercado eléctrico, a raíz de no haber ajustado inicialmente todas las tarifas (y cuando lo hizo fue sólo para grandes consumidores) luego de defaultear y pesificar los contratos con las privatizadas, generó un exceso de demanda interna que lo «solucionó» obligando a empresas privadas argentinas que tenían contratos de exportación de energía firmados con empresas privadas de Chile y Uruguay a incumplirlos cortando el suministro, y a nivel interno creó el fracasado PUREE, que penalizaba a los que consumían más de lo que el «sabio» planificador central decía. Ahora es el Estado el que a través de cargos específicos en las facturas de luz y gas recaudará la tarifa que financiará inversiones y que antes le negó a la privatizada.
Para que la carne no suba y así redistribuir ingresos, primero se pusieron retenciones a las exportaciones, luego el límite de 280 kg para la faena de bovinos y luego apareció la prohibición para exportar carne. ¿La consecuencia?
Exactamente la misma que en el mercado de los energéticos: caída en la producción, despido de trabajadores y de nuevo la aparición del Estado « redentor» con subsidios a los desocupados y el Plan Ganadero que se acaba de anunciar. Esto no es todo. Al romperse el mercado de la carne y caer la oferta de vacunos, ha comenzado a escasear el cuero sin curtir con la consiguiente suba de su precio, la puesta en peligro de la viabilidad de muchas curtiembres y la aparición también de pedidos de planes especiales de salvataje del Estado.
Encima, la inflación juega en contra del objetivo distributivo y ya estamos viendo cómo es la respuesta del gobierno cada vez más cerca de las elecciones presidenciales de 2007. A partir de la llegada de Guillermo Moreno, ya no se controlarán solamente los precios, sino también los costos para así terminar vigilando la rentabilidad de las empresas. Entonces, el objetivo del gobierno es inflar todo lo que se pueda la demanda vía aumentos del gasto público y de los salarios privados para asegurarse que las empresas enfrenten un muy buen nivel de actividad, compren insumos, demanden personal, etc. Luego el gobierno con presiones les impide que los mayores costos vayan a precios y recuperen el margen de ganancia perdido por la suba del gasto público y los salarios. El objetivo termina siendo que los que más tienen pierdan relativamente frente a los pobres, de ahí que para el gobierno es central que los márgenes empresariales caigan para mejorar la distribución del ingreso.
Si por ello se rompe el mercado intervenido, será el Estado el que aparezca de nuevo arbitrando costos, precios y subsidios para levantar la oferta perdida. Todo muy lejos del mundo civilizado.




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