Para testear a los bancos, simularon crisis financiera
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Ben Bernanke
En cuanto a la gestión de la liquidez, la Fed ajustó su cuadro operativo de modo que prácticamente está calcado de aquél de la zona del euro. La mantienen según las mismas modalidades del BCE. Las incertidumbres económicas son cruciales en períodos de tensión, pues incitan a los banqueros centrales a implementar una política monetaria en términos de gestión de riesgos.
Es una reacción más exigentea la interpretación de los datos macroeconómicos, y puede ser justificada para impedir que las situaciones relativamente improbables pero potencialmente desastrosas se produzcan (por ejemplo, una reedición de la Gran Depresión). El conocimiento profundo que tiene Ben Bernanke de la crisis del crédito de los años 30 en los Estados Unidos quizás haya podido contribuir a modular esta visión según la cual existe actualmente una probabilidad no nula de un «equilibrio molesto» de tipo endeudamientodeflación, que debe ser descartado por medidas rápidas y vigorosas. Fue decisivo determinar si esos análisis son pertinentes para la conducta de la política monetaria en la zona euro. Actualmente, parece que no lo son. Las razones por las cuales Christian Noyer es relativamente más optimista que sus colegas estadounidenses son de tres órdenes:
A) Las perturbaciones financieras mayores que afectan el sistema bancario son menos probables en la zona euro que en los Estados Unidos.
Seguramente, los bancos europeos no están exentos de pérdidas ligadas a su exposición sobre el mercado de las subprime, pero ésta es en promedio netamente inferior a aquéllas de sus contrapartidas en los Estados Unidos, y su modelo de banco universal le permite limitar las consecuencias de una crisis que afecte un compartimento de su actividad.
B) Comprobaciones empíricas confortan la idea según la cual las consecuencias macroeconómicas reales de turbulencias financieras prolongadas serían relativamente menos desestabilizadoras en la zona euro. El endeudamiento de los hogares comparado con la situación en otros países se mantiene relativamente débil en la zona euro en general, y principalmente en Francia. Además, los datos disponibles indican una débil transmisión de los shocks financieros sobre el consumo de los hogares por el canal del patrimonio y del efecto riqueza. En fin, las perspectivas económicas a corto plazo son mucho más alentadoras en la zona euro que en los Estados Unidos. Inclusive, si las economías europeas van más despacio, no se ve la recesión perfilarse en el horizonte.
La crisis no está visiblemente terminada, y las consecuencias de la acumulación de desequilibrios financieros todavía no se manifestaron en su totalidad. Sin embargo, y luego de ocho meses, el gobernador del Banco de Francia piensa que es posible hacer un balance. En sus conclusiones, intentó formular enseñanzas que se articulan alrededor de tres grandes temas.
I) Con respecto a la gestión de liquidez, es bueno subrayar que la cooperación estrecha entre los bancos centrales y principalmente entre la BCE y la Fed, se comprobó que fue determinante para atenuar los efectos de la crisis de confianza prolongada que había paralizado los mercados monetarios internacionales.
II) Llegado el caso, sólo puede implementarse una política económica flexible si las anticipaciones de inflación se mantienen ancladas a los objetivos del Banco Central. En otros términos, un anclaje sólido de las anticipaciones de inflación sigue siendo una condición previa para las reducciones de las tasas en situación de incertidumbre financiera elevada y de riesgos a la baja que pesan sobre el crecimiento.
III) Como responsables de la política monetaria y de la función de prestamistas de última instancia, los banqueros centrales no pueden y no deben ser tenidos por responsables de todo. Las cuestiones reglamentarias vinculadas con la multiplicación de las innovaciones financieras aparecidas en el transcurso del último episodio de brusco movimiento de los mercados deben actualmente figurar en el primer plano de las preocupaciones.




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