7 de julio 2008 - 00:00

Para testear a los bancos, simularon crisis financiera

Ben Bernanke
Ben Bernanke
En junio, una quincena de grandes bancos e instituciones de París participó, por primera vez, de un ejercicio de simulación de un incidente técnico mayor que podría afectar durablemente las transacciones bancarias. Esta simulación, llevada a cabo por un interventor externo especializado en gestión de crisis, se inscribió dentro del marco de una acción conducida desde hace años por el Banco de Francia, la Federación Bancaria Francesa, las autoridades de control y los principales bancos de la plaza. Su objetivo fue analizar la robustez del sector financiero, intentando el tratamiento de las problemáticas de fondos a las que estaría confrontada la actividad, en una situación de crisis operacional de gran amplitud.

El test fue positivo, ya que demostró la capacidad de las entidades para poner al día conjuntamente un diagnóstico global de la situación y adoptar en forma coordinada medidas de gestión y salida de crisis. Periódicamente, se realizarán otras simulaciones de crisis idénticas, basadas en nuevos tipos de escenarios.

  • El Banco de Francia

  • El gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, señaló que las dos principales responsabilidades de los bancos centrales en el mundo son la de preservar el valor de la moneda y la de favorecer la estabilidad de los sistemas de pago, tanto de los mercados de crédito como de capitales. Su discurso se refirió a la gestión de liquidez y a las decisiones de política monetaria. En más de una oportunidad, manifestó que es fundamental disociarlas, ya que la primera se inscribe en una perspectiva a corto plazo, pudiendo estar separada de la segunda,que se sitúa en una perspectivaa mediano plazo. Entre las cuestiones que deberían ser objeto de análisis posterior explicó que mientras la elaboración de la política monetaria consiste en fijar la tasa a un nivel compatible con los objetivos macroeconómicos del Banco Central, la gestión de liquidez es la de permitir al mercado monetario funcionar normalmente, de modo tal que las implementaciones de la política monetaria puedan ser transmitidas eficazmente al resto de la economía.

  • Comparación

  • Mientras que las estrategias de gestión de liquidez parecen haber sido globalmente idénticas en el transcurso de los últimos meses en los Estados Unidos y en la zona del euro, da la impresión de que las políticas monetarias han divergido ampliamente. La Fed redujo su «tasa objetivo» de los fondos federales de 3% sobre 3 trimestres, para llevarla a 2,25%, mientras que el BCE mantiene su tasa directora en el nivel alcanzado antes de las crisis, a 4% y la semana pasada llevada a 4,25%.

    En cuanto a la gestión de la liquidez, la Fed ajustó su cuadro operativo de modo que prácticamente está calcado de aquél de la zona del euro. La mantienen según las mismas modalidades del BCE. Las incertidumbres económicas son cruciales en períodos de tensión, pues incitan a los banqueros centrales a implementar una política monetaria en términos de gestión de riesgos.

    Es una reacción más exigentea la interpretación de los datos macroeconómicos, y puede ser justificada para impedir que las situaciones relativamente improbables pero potencialmente desastrosas se produzcan (por ejemplo, una reedición de la Gran Depresión). El conocimiento profundo que tiene Ben Bernanke de la crisis del crédito de los años 30 en los Estados Unidos quizás haya podido contribuir a modular esta visión según la cual existe actualmente una probabilidad no nula de un «equilibrio molesto» de tipo endeudamientodeflación, que debe ser descartado por medidas rápidas y vigorosas. Fue decisivo determinar si esos análisis son pertinentes para la conducta de la política monetaria en la zona euro. Actualmente, parece que no lo son. Las razones por las cuales Christian Noyer es relativamente más optimista que sus colegas estadounidenses son de tres órdenes:

    A) Las perturbaciones financieras mayores que afectan el sistema bancario son menos probables en la zona euro que en los Estados Unidos.

    Seguramente, los bancos europeos no están exentos de pérdidas ligadas a su exposición sobre el mercado de las subprime, pero ésta es en promedio netamente inferior a aquéllas de sus contrapartidas en los Estados Unidos, y su modelo de banco universal le permite limitar las consecuencias de una crisis que afecte un compartimento de su actividad.

    B) Comprobaciones empíricas confortan la idea según la cual las consecuencias macroeconómicas reales de turbulencias financieras prolongadas serían relativamente menos desestabilizadoras en la zona euro. El endeudamiento de los hogares comparado con la situación en otros países se mantiene relativamente débil en la zona euro en general, y principalmente en Francia. Además, los datos disponibles indican una débil transmisión de los shocks financieros sobre el consumo de los hogares por el canal del patrimonio y del efecto riqueza. En fin, las perspectivas económicas a corto plazo son mucho más alentadoras en la zona euro que en los Estados Unidos. Inclusive, si las economías europeas van más despacio, no se ve la recesión perfilarse en el horizonte.

  • Algunas enseñanzas

    La crisis no está visiblemente terminada, y las consecuencias de la acumulación de desequilibrios financieros todavía no se manifestaron en su totalidad. Sin embargo, y luego de ocho meses, el gobernador del Banco de Francia piensa que es posible hacer un balance. En sus conclusiones, intentó formular enseñanzas que se articulan alrededor de tres grandes temas.

    I) Con respecto a la gestión de liquidez, es bueno subrayar que la cooperación estrecha entre los bancos centrales y principalmente entre la BCE y la Fed, se comprobó que fue determinante para atenuar los efectos de la crisis de confianza prolongada que había paralizado los mercados monetarios internacionales.

    II) Llegado el caso, sólo puede implementarse una política económica flexible si las anticipaciones de inflación se mantienen ancladas a los objetivos del Banco Central. En otros términos, un anclaje sólido de las anticipaciones de inflación sigue siendo una condición previa para las reducciones de las tasas en situación de incertidumbre financiera elevada y de riesgos a la baja que pesan sobre el crecimiento.

    III) Como responsables de la política monetaria y de la función de prestamistas de última instancia, los banqueros centrales no pueden y no deben ser tenidos por responsables de todo. Las cuestiones reglamentarias vinculadas con la multiplicación de las innovaciones financieras aparecidas en el transcurso del último episodio de brusco movimiento de los mercados deben actualmente figurar en el primer plano de las preocupaciones.
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