Paradoja garantista: empleo es más frágil

Opiniones

Una trabajadora se consideró injuriada por gritos proferidos por su superior jerárquico y la Justicia laboral le dio la razón, obligando a la empresa a abonar las indemnizaciones legales por despido indirecto (Ortiz, Natalia c/Arcos Dorados s/ despido», CNApTr Sala IV, voto Dra. Guthmann). En otro fallo, un trabajador que voluntariamente caía en estado de ebriedad dentro de la jornada laboral y en el lugar de trabajo (era mozo de un restorán) no se lo consideró falta suficiente para su despido con justa causa.

Utilizar el sistema de Internet para correo privado aun cuando se encontraba prohibido no se lo consideró causal suficiente para despedir a un trabajador con justa causa. Otro tanto ocurrió con un trabajador que en forma reiterada y sistemática consultaba páginas Web o sitios pornográficas durante la jornada de trabajo, siendo obviamente prohibido utilizar el sistema para temas ajenos a la prestación laboral. Las empresas deben justificar en forma objetiva, y no subjetiva, los sistemas de apreciación salarial a fin de justificar retribuciones diferenciadas por mérito o por desempeño destacado dentro de una misma categoría o rango funcional.

Si un trabajador subordinado o jerárquico, empleado administrativo o personal profesional alegara una diferencia salarial que aprecia como injusta, es el empleador el que deberá demostrar que tal determinación no es injusta, sino que responde a una valoración técnicamente aceptable. No hay dudas de que son todas contrarreacciones frente a la corriente mayoritaria que se denominó «de la flexibilización laboral», que ahora es anatema de una nueva corriente, que como aquella se instala en extremos opuestos, juzgando una realidad que se encuentra en pleno proceso de transformación.

El dilema es tan profundo que cala en la esencia del trabajo por cuenta ajena, y cuestiona su naturaleza e identidad supuestamente típica y diferenciadora.

  • Cambio

    Estamos indudablemente frente a un cambio de paradigmas que impone para todos un cambio de las reglas que ordenan la conducta, tanto en el plano de los valores objetivos como aquellos que resultan subjetivos. Lejos de pensarse que el trabajador ha mejorado su situación y sus estándares con la evolución de las relaciones laborales y el concurso de las nuevas tecnologías, lejos de ello, ha aumentado su fragilidad y su vulnerabilidad según los revisionistas y garantistas del derecho del trabajo. En el otro extremo tenemos los nuevos conceptos y enfoques que imponen una revisión de los esquemas tradicionales, y establecen que la tecnología impone las reglas y no a la inversa.

    Levantar la voz puede ser un signo de autoridad o un agravio configurativo de mobbing, un trabajador en estado de ebriedad es una falta grave o un adicto que debe ser tratado por una enfermedad, un internauta debe ser sancionado o despedido si emplea el tiempo en beneficio propio, o es un trabajador que ha incurrido en un desvío que debe ser reorientado para que adecue su comportamiento a sus deberes laborales específicos.

    La valoración de los mismos derechos que se enuncian en la Constitución nacional en el art. 14 bis desde 1957, o los principios establecidos en la Ley de Contrato de Trabajo desde 1975 con fuentes de 1950, hoy nos obligan a hacer una nueva lectura, que no debe dejar de contemplar los lazos retrospectivos, pero que debe apuntar a los esquemas que plantea el futuro de las nuevas formas de integrar en una comunidad de esfuerzos al trabajo con sus nuevos modos de organizar la actividad productiva, y sobre todo, sobre la base de la introducción de las nuevas tecnologías. Los esfuerzos e inversiones que han puesto las empresas en comprender y conquistar a los consumidores como clientes habrá que concentrarlos en algún momento en comprender y conquistar a sus trabajadores dependientes como asociados. Seguramente la verdad, el punto de equilibrio, la razonabilidad que restablezca el equilibrio estará en cierto modo equidistante entre ambos extremos, con el fin de resolver la encrucijada que separa la paz social del conflicto.
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