19 de junio 2006 - 00:00

Partidos de Argentina redujeron ausentismo y mejoraron productividad

El Mundial fue primero un factor de unión sin diferenciaciones dentro del ámbito laboral; ahora contribuye a mejorar la productividad y a reducir el ausentismo. El viernes, a propósito del partido del seleccionado de Argentina, en las empresas donde se colocaron pantallas para ver el partido, el ausentismo disminuyó entre 20% y 50%, y la organización para detener la producción en forma previa y luego reactivarla fue casi un procedimiento de relojería, con entusiasmo al comienzo y con algarabía después. Los niveles de producción mejoraron ese día, y en algunos casos compensaron el tiempo de detención en lapsos relativamente breves.

Lo notable fue la reacción de muchas empresas, que vieron en el Mundial una fuente de motivación, y para ello crearon una batería de sistemas de incentivación relacionando el evento del partido con la productividad. Por ejemplo, las líneas de producción fueron asociadas a los equipos de fútbol clasificados, a los resultados posibles, o a los favoritos de cada una de las series, y a la vez, se establecieron objetivos vinculados con cada circuito de producción, asociando calidad y cantidad con los colores y los resultados de los partidos.

  • Menos público

  • En las empresas de servicios, las propuestas se relacionaron con la atención al cliente, evitar que hubiera reclamos, y mantener firmes todos los puestos de trabajo. En estos casos, el flujo de público cayó estrepitosamente durante las dos horas.

    En materia de seguridad, se reforzaron los planteles, ya que con la distracción era posible que se incentive el ingenio de los amigos de lo ajeno. Para ello, los servicios de vigilancia fueron aumentados, y los monitores eran controlados en forma ininterrumpida para detectar coleccionistas. Las fuerzas de seguridad, por lo menos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, también reforzaron la custodia de los puntos clave, los más vulnerables y los más apetecibles.

    En las actividades en las que los servicios no se podían interrumpir se organizaron los relevos durante los partidos de modo que todos pudieran ver en directo la mayor parte posible. Lo curioso es que, por ejemplo en los call centers, la actividad durante los 90 minutos de los partidos en algunos casos se redujo en 80%, y en otros no hubo llamados, inclusive en los servicios de emergencias. Los trabajadores que operan fuera del establecimiento visitando a clientes o desarrollando actividades en la vía pública se acoplaron seguramente a alguna de las alternativas que ofrecía la calle, en bares o, inclusive, en la convocatoria de algún cliente o proveedor. Lo curioso es que las empresas líderes de couriers o de entrega a domicilio de envíos o encomiendas y los motoqueros no registraron el viernes ningún atraso.

    Otra vez el fenómeno del fútbol provocó una serie de acontecimientos inesperados, que se volcaron en forma convergente hacia el plano positivo. En las reuniones empresarias, aún en el marco de la contrariedad por la que atraviesan algunos, la euforia de la goleada fue un nuevo factor de optimismo y de esperanza. El corto plazo, las urgencias, las necesidades tuvieron un nuevo toque que les permitió a todos una tregua, y por noventa minutos no hubo ni prioridades, ni cosas importantes, ni presiones, ni tensiones, sólo la pasión por el fútbol.

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