Los aumentos salariales, curiosamente, se están subordinando con ligeras variantes al mandato generado en el gobierno nacional. Por ende, no contribuyen a descontrolar la inflación pero inciden sobre los precios en la medida que se incrementa el costo laboral. Por obra de los misterios insondables de la dinámica de la negociación entre los grandes sindicatos y las entidades empresarias, se ha creado una metodología, que repetida cada año opera detrás de la inflación, e insólitamente como un instrumento para retraerla.
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Por cuarto año consecutivo el gobierno nacional fijó una pauta, 19,5%, para que en torno de ella se aumenten los salarios de los convenios colectivos. El primer efecto de este tipo de «órdenes invisibles» es que el 19,5% en definitiva va a operar como base con el total de los ingresos salariales cuando se hace la evaluación del año «de punta a punta». En otras palabras, 19,5% circulado en febrero de 2008 es el desafío para llegar a diciembre de 2008, y comenzar allí la puja por el año 2009. A los actores sociales, sindicales y empresarios, se les lanza el reto de «éste es el marco», y si salen de él asuman la responsabilidad y los riesgos. Es algo así como: dentro de lo que yo digo todo, fuera de lo que yo digo nada.
Si se visualizan los acuerdos ya firmados, el de camioneros tiene un incremento total de 19,5% sobre los básicos, dividido en tres cuotas que se pagan a partir de junio. En el medio se liquida una suma fija no remunerativa de $ 230 en dos cuotas, y finalmente en febrero se convierte una suma no remunerativa en parte del básico. Si se toma la incidencia en el presupuesto salarial del año 2008, el acuerdo representa sólo un aumento de 10% o menos de las remuneraciones del año 2008, pero elevan el piso de la próxima negociación en más de 22%. En otros términos es un aumento relativamente bajo para un año donde los salarios no pueden operar conforme a la inflación, pero instala un piso muy alto a la hora de negociar el año 2009.
Hay una señal de alerta, de cualquier modo, que son las próximas negociaciones clave como empleados de comercio, alimentación, UOMRA y SMATA, que en todos los casos proponen superar las pautas.
En el otro extremo existen aumentos sobre salarios reales como los de empleados de comercio, que se encuentran en proceso de negociación, o los bancarios que pactaron 19,5% sobre las remuneraciones brutas normales y habituales. En ambos casos, se negoció a fin del año pasado un refuerzo de aguinaldo que sirvió de puente para la siguiente negociación convencional.
Si se considera la política oficial, y la tendencia precitada en las discusiones convencionales, las conclusiones son las siguientes:
a) los salarios se corrigen en línea con la inflación real del año, pero la misma se compensa al final del período;
b) los incrementos cubren el deterioro del signo monetario, pero no llegan a generar recuperación del poder de compra en forma contemporánea con el proceso de reacomodación de los precios; c) los aumentos salariales pactados en los convenios colectivos avanzan sin prisa y sin pausa sobre la potestad de las empresas de disponer su propia política salarial, dicho de otro modo, se tiende a que los aumentos que se pacten sean en breve los únicos que se operarán sobre los salarios de cada sector; d) la mejora real de los ingresos dependerá de las negociaciones salariales que se realicen entre los sindicatos y las empresas en forma individual, o de los sistemas de incentivación que posea cada compañía en relación con resultados y desempeño; e) la negociación colectiva se concentrará en los ajustes de salarios, en el poder sindical de movilizar a las bases para procurar un aumento y, en especial, a las posibilidades que posea cada sector para canalizar el incremento.
Por obra de las circunstancias precitadas, el año de la crisis del sistema será 2009, donde salarios convencionales serán sinónimo de salarios reales, y donde las perspectivas del crecimiento se verán claramente sesgadas por los cambios esenciales del contexto internacional. Habrá que pensar desde ahora un nuevo sistema para un amesetamiento del proceso de negociación salarial, en donde lo que se logró hasta hoy será todo lo que se habrá podido lograr en materia de distribución del ingreso real, y habrá que transitar una nueva transición.
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