(El periodista charla con un industrial que acaba de salir de una reunión «informativa» en la UIA, en la que se les notificó las condiciones en que se hará el gasoducto del NEA.)
Empresario: ¡Es una barbaridad!El gasoducto desde Bolivia, que iba a costar cerca de u$s 1.000 millones, ahora va a salir cerca del doble. Así nos informaron hace un rato en la UIA... Se va a formar un fideicomiso por u$s 2.400 millones con cargos específicos en la boleta del gas, que vamos a tener que pagar las industrias. Y quedan afuera los domiciliarios (pobres o ricos; da igual), las centrales térmicas que lo usan como combustible.
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E.: ¡Esa es otra! No; como lo financia el Banco de Desarrollo brasileño (el BNDES), pone como condición que las constructoras sean Camargo Correa y Odebrecht, o sea dos grupos de su país.
P.: ¿Cuánto afecta a su empresa tener que pagar el gasoducto?
E.: Y, bastante; estimamos que vamos a tener un aumento de más de 30% sobre nuestro consumo actual. Pero hay casos mucho peores que el nuestro: en la reunión habló una pyme que factura $ 700.000 mensuales, y que en un plazo de ocho años (que es el plazo que otorga el BNDES para el repago del crédito) va a tener que desembolsar -$ 1.800.000 para el fideicomiso. Es obvio que será la muerte de muchas empresas chicas y medianas.
P.: ¿La UIA tiene pensado protestar, quejarse, dialogar con el gobierno para que cambie este esquema?
E.: ¿Me habla en serio? A lo único que aspiran hoy los dirigentes de la UIA es «hacer la plancha», no enojar al gobierno (y menos que menos a Julio De Vido, mentor del fideicomiso, que además tiene a Guillermo Moreno para presionar a cualquier rebelde que surja) y seguir haciendo buenos negocios en sus propias empresas.
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