Prensa extranjera instala su agenda
-
Oportunidades en Wall Street: el sector que emerge como la gran apuesta ante el fin de la guerra
-
No toda operación con cripto es lavado: un fallo saludable que protege la legalidad
Lo mismo sostiene, curiosamente, Matt Moffett, desde las columnas de «The Wall Street Journal». También para él los temas urgentes son: la inflación y las debilidades estructurales en el sector de la energía. Respecto de la situación externa de la Argentina, la califica como de «creciente aislamiento diplomático respecto de sus vecinos en las Américas», para recordar enseguida la desafortunada Cumbre de las Américas de 2005 y sus efectos congelantes respecto de las relaciones con los Estados Unidos y el lamentable conflicto por las papeleras que todavía mantenemos con el Uruguay.
Moffett agrega a esos comentarios la necesidad de sincerar los precios de algunos servicios, señalando que los argentinos pagamospor nuestra electricidad la tercera parte que el promedio de América Latina y, por nuestro gas natural, sólo 4% de lo que pagan los brasileños.
Párrafo aparte merece la nota editorial publicada por la inteligente Mary O'Grady, de «The Wall Street Journal». Para ella, la Argentina parece estar de regreso en la situación en la que estaba en 2001. Con los subsidios y los controles de precios se ha creado, sostiene, una «falsa sensación de prosperidad». La deuda pública como porcentaje del PBI, nos recuerda, es ahora mayor que la de 2001. El Presupuesto, por su parte, sugiere que el gasto público aumentará el año próximo 60%, lo que la preocupa desde que los recursos para financiar ese aumento sólo lo harán en las tres cuartas partes del aumento proyectado. Lo que aparentemente es más grave es que en razón del clima adverso generado desde la administración, la inversión no llega a la Argentina en las magnitudes requeridas para poder seguir creciendo. En rigor, nos dice, la Argentina sólo recibe 60% de la inversión que «la pequeña Chile» ha sido capaz de atraer en 2006, y apenas 76% de lo que ha recibido Colombia. Por todo esto, señala que «la Argentina no ha cambiadonada desde que los políticos la postraran en 2001».
Las visiones externas, según queda visto, distan mucho del triunfalismo que algunos predican -incansablemente- en nuestro propio medio. Ocurre que, espiritualmente, para muchos es siempre mejor escuchar -y creer- que todo va bien, que advertir, en cambio, que quizás eso no sea tan así, desde que hay -dentro y fuera de nuestro país- quienes no piensan que todo luce necesariamente color de rosa.




Dejá tu comentario