Problemas de encierro
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La teoría del encierro ha provocado interés en un sinnúmero de pensadores, entre los que pueden destacarse -entre otros- Michel Foucault, Gilles Deleuze y Erving Goffman, quienes han analizado los avatares que generan estos mecanismos a través del estudio de los diferentes modelos de «encierro», tomando como ejemplo las fábricas, cárceles, cuarteles, escuelas, hospicios y hasta pequeños grupos étnicos.
La teoría del «encierro» ha sido utilizada dentro de las denominadas sociedades «disciplinarias» de los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX, normalmente para separar a grupos determinados del resto de la sociedad, con el objeto de generar un comportamiento de «estancia reglada» en un ámbito ajeno al de la sociedad en general.
Sin embargo pocos se han ocupado de los sistemas de «encierro» cuando ellos se originan en el ámbito del poder. Desde la posición de «poder», a través de la situación de «encierro», se ejerce una capacidad de mando que se impone para declamar y establecer lo que ha de ser o no ha de ser la vida de las personas; se tiene la posibilidad de dictar y revocar leyes por propia voluntad, de marcar prohibiciones u obligaciones para los ciudadanos, empresarios y trabajadores; de nombrar y remover jueces; de plantear el futuro y establecer los criterios ortodoxos de interpretación del presente y del pasado, intentando identificar el propio pensamiento particular con el pensamiento de la Nación.
Descalificando -desde ya- a quien piense distinto. Sin embargo, cuando se comienzan a complicar las realidades sociales porque los mecanismos externos no responden o se salen de cauce, el sistema de «encierro» enfrenta su propia crisis y se ve finalmente jaqueado -tarde o temprano- por un efecto de «permeabilidad». Sólo es cuestión de tiempo.
El problema que se presenta en estos casos es que no es fácil para los protagonistas del poder salir del sistema de «encierro», porque la fuerza del respeto a los códigos y la defensa de lo sostenido anteriormente se hace carne en ellos y no les permite ver la realidad para poder cambiar.
Una fábula china es especialmente descriptiva en este campo. A un mono vanidoso que alardeaba de su habilidad y agilidad sin límites el Buda lo desafió a que saliese fuera de su mano, prometiéndole -si lo lograba- una gran recompensa. El mono dio un salto prodigioso y comenzó a correr. Cuando estuvo fatigado de correr se detuvo y, para dejar constancia de su hazaña, se aproximó a un grupo de cinco enormes árboles rosados y escribió bajo uno de ellos: «Hasta aquí llegó el más inteligente». Al volver le exigió a Buda la prometida recompensa, pero el Buda se la negó. Mostrándole su mano podía observarse en la base de su dedo medio escrito el orgulloso alarde del mono: «Hasta aquí llegó el más inteligente».




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