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La realidad es que ninguno de estos factores parece darse hoy en el atomizado y contradictorio espectro de la oposición argentina, que no logra articular ni siquiera la mitad del 60% de los votos que obtuvo dividida en la última elección legislativa. Pero lo interesante también es que el oficialismo está mirando con interés el modelo de la Concertación chilena.
Si bien Kirchner tiene una clara vocación hacia la «transversalidad», dando por superado el sistema político tradicional, del cual el PJ ha sido eje central en los últimos 60 años, las necesidades tanto de gestión como electorales no le permiten abandonar el partido. La denominación de FV-PJ que ha adoptado el bloque oficialista en Diputados es una evidencia de esta ambigüedad, todavía no resuelta.
Hay quienes piensan cerca del Presidente que una buena opción intermedia podría ser reorganizar el PJ bajo conducción oficialista y hacer de este partido la base de una nueva coalición política con la sigla del FV que reúna a otras fuerzas políticas, ya sean nuevas o escisiones de las existentes.
Pero las dificultades del oficialismo para adoptar el modelo de la Concertación chilena son varias. La primera es que no se trataría de una asociación entre dos fuerzas relativamente equivalentes, como sucede en Chile con el Socialismo y la Democracia Cristiana, sino que en el caso argentino sería un partido central al que se sumarían varios menores, al estilo de lo que fueron los frentes organizados por Perón a comienzos de los años setenta (Frecilina y Frejuli).
A ello se agrega que la coalición oficialista argentina estaría muy centrada en un solo líder, que es el presidente Kirchner, mientras que en el caso chileno, la conducción está mucho más equilibrada en un conjunto de dirigentes que, además, tienen mucho menos personalismo.
La valorización de la experiencia de la Concertación chilena se da también en Brasil, donde el principal candidato de la oposición, que es el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alkim, ante las dificultades de articular una coalición opositora eficaz, ha planteado públicamente que los adversarios de Lula deberían tomar como modelo la experiencia del actual oficialismo chileno.




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