Alemania - Cuando hace un mes, desde esta misma columna, vaticinamos que la ventaja que presentaba Angela Merkel en todas las encuestas dándola como clara y única ganadora en las elecciones generales de Alemania por sobre el actual canciller Schröder no debía tomarse seriamente en cuenta, en la medida en que tradicionalmente las elecciones alemanas se decidían en las dos últimas semanas, y que nuevamente el fantasma de la guerra (Irán en lugar de Irak) y las inundaciones otoñales recreaban el entorno que presentaron las elecciones del año 2002, que vieron volcar al electorado en forma súbita a favor del actual gobernante, muchos pensaron que exagerábamos. Lo ocurrido posteriormente confirmó nuestro pronóstico.
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Hoy vuelve a recrudecer la crisis en el país central de Europa con los resultados del pasado domingo en los comicios realizados en la ciudad de Dresde. No sólo no alcanza ninguno de los candidatos por sí solo a obtener la mayoría indirecta que lo pueda colocar como ganador absoluto de la contienda, sino que ni siquiera sumando adhesiones de terceros pueden generar -para sí- una diferencia suficiente para consagrarse victoriosos, viéndose obligados a tener que conformar una coalición de gobierno como única salida posible para la crisis de vacío de gobernabilidad que hoy presenta Alemania, la potencia referente de la Europa moderna.
Sin embargo, el acuerdo político todavía se vislumbra lejano, en la medida en que existe un fuerte contenido personal en la disputa. Angela Merkel ha colocado como condición para poder comenzar a negociar cualquier acuerdo ser nominada como canciller del país en reemplazo de Schröder; éste, a su vez, no admite un condicionamiento de tal naturaleza. Si el tiempo pasa y el acuerdo no se obtiene, de conformidad con disposiciones constitucionales, el presidente de la república deberá designar a una tercera persona para el cargo, y ello sería dramático. ¿Hasta cuándo los candidatos seguirán estirando la cuerda? Ello es una incógnita. Lo único cierto es que los alemanes están hartos de esta disputa personal entre Schröder y Merkel.
• Urgencia
Más allá de las ideas políticas o de la orientación económica que cada uno pueda tener, no caben dudas de que la mejor solución para Alemania -y para la Unión Europea- en este tiempo es que se resuelva rápidamente el problema y que -finalmente- Angela Merkel sea consagrada como la primera mujer y la primera ciudadana de la ex Alemania comunista encargada de liderar la moderna Alemania unificada, pues de otra manera la ciudadanía tendría la sensación de que la posibilidad de un cambio, o la esperanza de ciertas modificaciones en la estructura social y política del país quedarían frustradas para el futuro. Pero lo que es más grave aun, la permanencia en el gobierno de un Schröder sin poder, o la aparición de un tercero (¿será finalmente Stoiber?) sin haber sido siquiera evaluado éste por los votantes, puede colocar a Alemania en una suerte de indefinición política con alto riesgo para toda Europa. Aunque sea el primer país exportador del mundo, no le alcanza al actual canciller con ese logro para poder reactivar la economía interna, que es donde los alemanes tienen puestos hoy sus ojos.
Sin embargo, el arribo de Merkel al gobierno tampoco está exento de desafíos, ya que su posición es sumamente discutida en relación con temas que hoy se advierten como fundamentales en el manejo no sólo de Alemania sino de toda la Unión Europea, en la cual el país germano es gravitante.
Ferviente admiradora del presidente norteamericano George Bush -a quien apoya en todos sus emprendimientos- y entusiasta opositora del proyecto de incorporación de Turquía a la Unión Europea -malgrado lo desmienta en los encuentros mantenidos con sectores turcos-, no le resultará sencillo adaptarse a las nuevas funciones de canciller, teniendo en cuenta que su experiencia internacional se encuentra limitada a las reuniones mantenidas en sus encuentros con los líderes mundiales en su carácter de jefa de la oposición germana. Nadie puede asegurar hoy cómo reaccionará si -finalmente- Estados Unidos le solicita -como canciller- apoyo militar en sus conflictos de ultramar.
• Experiencia
Pero no debe descartarse la capacidad de adaptación de Merkel atento a su vasta experiencia en el área de gobierno. Elegida como miembro de la democracia cristiana para integrar el primer Parlamento Pangermano en 1990, fue designada en 1991 miembro del gabinete de Kohl, donde sirvió como ministra de Asuntos de la Juventud y de la Mujer hasta 1994, y luego como ministra de Medio Ambiente de 1994 a 1998. En el mejor momento de su carrera política, cuando resultaba una protegida del ex canciller Kohl -quien solía llamarla «mi chica»-, en el año 2002 debió resignar su candidatura a canciller en favor de Edmund Stoiber, quien finalmente perdió estrechamente la elección frente al actual canciller Schröder.
Hoy Alemania necesita que la situación de clarificación del poder se resuelva rápidamente y, sin duda, la mejor opción -no por ideología sino por cómo se han dado las cosas hasta ahora- es que se resuelva en favor de Angela Merkel, como modo de facilitar la pronta normalización del clima político del país. Aunque, finalmente, haya que reconocer que si el resultado no fuera ése no debe descartarse que igual Alemania pueda volver a sorprendernos como ya lo ha hecho en varias oportunidades; y gratamente.
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