Raíz de la decadencia: el poder sobre la ley
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A su vez, durante los períodos de divisa sobrevaluada, no existe verdadera inversión pública, sino que generalmente se aumenta el gasto, como está sucediendo ahora y que en un tiempo dado, la inflación se emparejará con la divisa sobrevaluada. Es imprescindible que salgamos de esta mentalidad cíclica, que con su inestabilidad dificulta enormemente las decisiones de inversión.
Sabiendo que el valor de la divisa está subvaluado o sobrevaluado, nadie está dispuesto a invertir a largo plazo, porque el restablecimiento de la paridad de equilibrio invalida todos los análisis de costo-beneficio. Abandonadas las ilusiones relacionadas con el valor de la divisa, es imprescindible investigar los comportamientos que se deben adoptar, con el objeto de inducir la inversión y provocar el crecimiento. Nuestro país padece una profunda crisis jurídica, que es el verdadero origen de la ausencia de inversiones. El capitalismo es un producto cultural de Occidente, que tiene como presupuesto, tanto en la historia como en la lógica, la supremacía de la ley («rule of law»). Si el derecho no está por encima de la política, no hay capitalismo y no hay inversión. Inversamente, cuanto mayor es la certeza de los agentes económicos en la supremacía de la ley y del derecho, mayor es la propensión a la inversión.
Si en una sociedad el poder somete a la ley, no existe inversión ni capitalismo. Nuestro país ha quebrado todos estos presupuestos. El derecho vale poco o nada y está permanentemente amenazado por las opiniones o los intereses de los políticos y los grupos económicos. Las normas carecen de estabilidad o permanencia, y la suma del poder público se ha institucionalizado mediante la delegación de funciones legislativas.
• Imprevisible
Nuestros padecimientos en términos de inseguridad jurídica abarcan todas las manifestaciones de la vida. La vida, sin seguridad jurídica, se convierte en algo lleno de sobresaltos, algo imprevisible, peligroso y paralizador.
Esta es la verdadera crisis: desde hace medio siglo que no se invierte en nuestro país, porque se han trastocado las bases jurídicas del sistema capitalista. Un programa para restablecer el gobierno de la ley es algo que, por su complejidad y extensión, excede notoriamente los límites de este trabajo. Pero la decadencia de nuestro sistema es de tal grave-dad, que resulta posible mencionar algunas bases que nadie discutiría. En el pensamiento de las ellas se debe tener siempre como meta aumentar la seguridad para promover la inversión.
1. Restauración de la división de poderes: durante los últimos años, mediante el abuso tolerado de los decretos de necesidad y urgencia, el Poder Ejecutivo Nacional ha asumido casi todas las funciones legislativas. En el último trienio, esta «invasión tolerada» se ha institucionalizado mediante la delegación de funciones legislativas. Deben suprimirse ambas prácticas con una reforma constitucional que las elimine definitivamente.
2. Ley de estabilidad de los actos administrativos: en nuestro país, los actos administrativos carecen de estabilidad. El simple cambio de humor del gobierno importa un nuevo decreto, una nueva resolución, que declara nulo todo lo anterior e instaura un orden nuevo y desampara los derechos anteriores. Para restablecer la certeza y la estabilidad de los actos administrativos, se requiere una ley de estabilidad de los actos de la administración.
3. Reforma del Poder Judicial: un Poder Judicial independiente, ágil y eficaz es la mejor garantía de seguridad jurídica. Se requiere una masiva inversión en recursos humanos y capital, que transforme a nuestro Poder Judicial, hoy postrado por la falta de medios y recursos, en una de las bases fundamentales del desarrollo del sistema capitalista.
4. Independencia del Banco Central: de una vez por todas, nuestro país debe establecer su total independencia, que es otro de los puntos centrales del desarrollo capitalista. Si la moneda se encuentra amenazada por la política y por el gobierno de turno, habrá incertidumbre y no habrá inversión.
5. Reforma tributaria: es imprescindible suprimir la regresividad y la profunda injusticia del sistema tributario argentino. Deben erradicarse injusticias flagrantes que provocan fraude sistemático, tales como el Impuesto a las Ganancias sobre las utilidades reinvertidas y no distribuidas o el IVA sobre los valores devengados y no percibidos.
6. Ley del gasto público: debe establecerse un nivel máximo de gasto público en términos de porcentaje del PBI. El gasto público debe quedar perfectamente aislado y separado de la inversión pública, con fuentes de financiación totalmente separadas y sin vasos comunicantes.
7. Ley de la inversión pública: la inversión pública en infraestructura debe estructurarse sobre fondos específicos sin posibilidad alguna de desvío, que deben dedicarse al desarrollo de infraestructura, al servicio del agro, la industria y las actividades productivas. El renacer del derecho: el poder al desnudo, sin el revestimiento del derecho, es puro salvajismo, imprevisibilidad. Ningún desarrollo espiritual o económico es posible si el poder no está contenido en la ley. En el futuro, la acción de la sociedad y del gobierno debe centrarse en una profunda restauración de las instituciones jurídicas que implique un saneamiento de los graves problemas que padecemos y que bloquean la inversión y el crecimiento. Nuestra «política», de hoy en más, debe tener un solo norte: la supremacía del derecho sobre la política; el renacer del derecho.
(*) Abogado




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