23 de agosto 2004 - 00:00

Reflota el gas tensión en la frontera de Chile y Perú

La expectativa que concentró el referéndum de Venezuela dejó en un segundo plano que la guerra que entre 1879 y 1883 enfrentó a Chile por un lado y a Perú y Bolivia por el otro -en la que perdió este último país su salida al Pacífico y el anterior territorio- reaparece como un factor de tensión entre estos países al comenzar el siglo XXI.

Ya el año pasado, la caída del entonces presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada -por una insurrección popular de tipo indigenista que se opuso a la exportación de gas a través de Chile-mostró que los fantasmas de hace 130 años no se han disipado.

Pero a comienzos de agosto, la tensión no sólo sigue entre Chile y Bolivia, sino que ha comenzado a involucrar a Perú. En los primeros días del mes, Bolivia y Perú firmaron un acuerdo comercial bilateral por el cual los presidentes Mesa y Toledo acordaron, entre otras cosas, que el primer país tendrá una salida al Pacífico a través del puerto de Ilo, próximo a la frontera peruano-chilena.

A través de este puerto podría exportarse el gas boliviano que, después de la crisis del año pasado, no puede salir vía Chile.

En un gesto de distensión, en ese mismo momento la ministra de Defensa de Chile presidía en el norte de su país, en la zona de Arica -uno de los territorios ocupados en la guerra del Pacífico-el inicio del desminado de la frontera con Perú, en la cual se sembraron 6.500 minas hace tres décadas.

• Juego de guerra

Paralelamente, el ejército chileno realizó un juego de guerra en la provincia de Iquique en el norte del país, en el cual fueron desplegados los nuevos tanques de origen alemán adquiridos a Bélgica.

El ejercicio de los militares, que fue presidido por la ministra de Defensa,
tuvo como hipótesis que tropas chilenas enfrentan a una coalición de dos países enemigos, uno de los cuales tendría «una aspiración de acceso al mar para poder exportar reservas de gas».

La prensa chilena sostuvo que si bien el ejercicio estaba planificado meses atrás, la forma con la cual fue difundido constituye una señal «disuasiva» hacia Perú y Bolivia.

Dos días después, aviones Mirage de la Fuerza Aérea Peruana sobrevolaron la ciudad de Tacna, fronteriza con Chile.

Cabe recordar que a mediados de julio, el presidente del Perú pidió al gobierno chileno que
iniciara negociaciones para establecer el límite marítimo entre los dos países,que el gobierno de Lima considera que no es definitivo, dando un plazo de 60 días para resolver la controversia.

La respuesta chilena fue que la disputa ya ha sido resuelta mediante los tratados tripartitos firmados entre los dos países y Ecuador décadas atrás.

Una semana más tarde, al ser consultado acerca de las diferencias con Chile, el ministro de Defensa del Perú, Roberto Chiabra, sostuvo que
su país estaba «preparado» para un eventual conflicto armado, afirmaciones que fueron respaldadas días más tarde por el vicepresidente de ese país, David Waisman.

El ejercicio militar chileno de Iquique fue interpretado así como una respuesta a la actitud peruana.

Tras él, en Lima, un grupo de expertos militares y diplomáticos peruanos
advirtieron en un debate que se «han creado tensiones innecesarias y un clima enrarecido entre Chile y Perú a partir de la realización de ejercicios de guerra en ciudades fronterizas».

• Convocatoria

El debate sobre la hipótesis de una guerra entre Chile y Perú se realizó públicamente el 7 de agosto en las dos emisoras de radio más escuchadas del país: «CPN Radio» y «Radio Programas del Perú».

Al día siguiente, destacados políticos y diplomáticos peruanos, entre los que se contaron los ex presidentes
Alan García y Valentín Paniagua -quienes disputan el tercer puesto para las próximas elecciones presidenciales- sostuvieron que el país debe mantener con firmeza su posición y exigir que se inicien las negociaciones que Santiago rechaza. Dos días después, reservistas peruanos convocaron públicamente a estar alertas por si son convocados para defender a la Patria.

Buscando bajar la tensión, el presidente de Chile,
Ricardo Lagos, expresó que no hay motivos para preocuparse por las diferencias con Perú en torno a los límites marítimos enfatizando que «no hay ninguna razón para inquietarse ni para preocuparse».

Quizás el mayor riesgo en este conflicto es que así como en Bolivia ha sido popular asumir una causa antichilena, el debilitado presidente del Perú Alejandro Toledo, que en los últimos sondeos tiene sólo 5% de imagen positiva y la mayoría piensa que no terminará el mandato para el cual todavía le restan dos años, utilice este conflicto para recuperar la popularidad perdida.

Con EE.UU. enfrentando problemas en diversas partes del mundo y careciendo América del Sur de importancia estratégica para Washington, es de interés de los países del Mercosur que no escale la tensión en las naciones andinas.

Por esta razón,
la Argentina y Brasil deberían asumir un rol más protagónico para lograr la distensión en este conflicto. Lula se reunió el 11 de agosto con Toledo y Mesa para coordinar acciones en la región de Amazonia que comparte y ésta puede haber sido una buena oportunidad para serenar los ánimos.

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