El próximo 20 de setiembre caduca finalmente la llamada «doble indemnización» que en estos momentos representaba 50% de recargo sobre la indemnización por despido incausado. El Decreto 1.224/2000 rige después de los ocho días del 11 de setiembre pasado, cuando se publicó en el Boletín Oficial, o sea, desde la cero hora del 20/9/07. También perdió vigencia el Decreto 264/2002, por el cual cualquier despido debía seguir un trámite especial, ya sea el Procedimiento Preventivo de Crisis o, en su caso, la simple notificación al Ministerio de Trabajo y al sindicato.
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Desde la misma fecha, este último procedimiento como el Decreto 328/88 sólo serán obligatorios cuando los despidos se produzcan por falta o disminución de trabajo no imputables al empleador, caso fortuito o fuerza mayor, y las situaciones especiales de reconversión tecnológica y organizacional.
En pocas palabras, cada subsistema vuelve a su cauce, dentro de un marco de normalidad, y fuera de la emergencia ocupacional que se extendió por cuatro años. Para el gobierno nacional se puso fin a un sistema que fue útil política y socialmente para desalentar los despidos colectivos dentro de la economía formal y en especial entre las empresas medianas y grandes. Así como la derogó la puede volver a instalar si cunde alguna alarma.
Resulta claro para el sector empresarial que cualquier nuevo incremento de los despidos o aumento de la desocupación puede reactivar «la doble», y de hecho la advertencia surgió en círculos oficiales. Es más, por distintas vías se pidió prudencia y moderación frente a cualquier ofensiva coyuntural de alguna crisis puntual, dado que hoy no hay despidos colectivos y las empresas siguen demandando mano de obra en general calificada, muchas veces sin cubrir las vacantes.
Para los sindicatos fue un instrumento de presión, para negociar desvinculaciones, para salvar y superar procedimientos de crisis, y para preservar -a pesar de las contrariedades- algún tipo de liderazgo en el medio del caos que fueron los despidos hacia el año 2001/2002.
Para los inversores y para la atracción de capitales, todo lo que implique previsibilidad y reducción de costos es un buen mensaje desde el plano oficial. Curiosamente, para muchas empresas, «la doble» ofrecía sus ventajas, ya que permitía desvincular trabajadores con una suma adicional exenta que evitaba conflictos judiciales, y permitía sellar con amplia seguridad jurídica los acuerdos celebrados ante la autoridad de aplicación.
Para el trabajador fue también un beneficio importante, no sólo por el monto adicional que cobraba, sino porque, además, la AFIP consideró que lo que resulte de la jurisprudencia para el cálculo de la indemnización por antigüedad más el recargo de «la doble» están exentas de las retenciones del Impuesto a las Ganancias 4ta. Categoría.
Oportunidad
El fallo «Vizzoti» que elevó considerablemente las indemnizaciones por despido de los gerentes y altos ejecutivos, más la doble sobre dicho monto, para muchos fue una oportunidad para acumular capital a un nivel no alcanzado antes. Por ende, para el que podía pasar de una empresa a otra, o que tenía proyectos firmes, inclusive con miras al retiro, fue una oportunidad para acopiar una suma más que interesante, que inclusive superó las mejores políticas de desvinculación de mandos superiores de las empresas multinacionales.
De hecho, si alguno todavía tiene la oportunidad de acordar su despido hasta el miércoles 19 de setiembre, aún puede beneficiarse con esta franquicia. Por ello, muchas empresas se lamentan de la caída de «la doble» porque se quedan sin un instrumento de negociación y de canalización de la salida de ciertos mandos superiores, sin conflicto y bajo un paraguas razonable y con un beneficio destacable para el dependiente desvinculado.
Ahora, habrá que pensar el modelo de estabilidad e indemnizaciones por despido para el futuro.
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