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20 de agosto 2008 - 00:00

"Se acerca el fin del ciclo del dólar débil"

El experto en mercados mundiales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko -de la película «Wall Street»- destaca el fin del ciclo del dólar débil. Pero alerta sobre el impacto de que se mantenga muy elevada la inflación en EE.UU. A continuación, el diálogo que mantuvo con este diario.

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Periodista: Finalmente, el dólar ganó la pulseada. «Tocó fondo», dice un informe ad hoc que publicó Goldman Sachs con gran difusión. Y la divisa no parece dispuesta a perder el tiempo. Se alejó rápido de sus mínimos en 1,60 y hoy empuja y se entrevera en 1,47 frente al euro.

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Gordon Gekko: Me parece que llegamos a la misma conclusión a mediados de abril. O sea, el proceso de hacer pie, de construir una base firme, no fue tan veloz. Llevó de abril a agosto convencer a la legión de incrédulos. Recuerde, inclusive, que hubo una fugaz recaída en junio, cuando el euro perforó de nuevo 1,60, pero no pudo sostener el empellón.

P.: Tardó en forjarse un nuevo consenso, pero ya se instaló. Los pronósticos sobre monedas cambiaron de signo de buenas a primeras. Hoy es difícil conseguir la versión que era la más popular semanas atrás. Me refiero al ensayo convencional que pintaba un futuro sombrío para el dólar.

G.G.: Eso es verdad.

P.: ¿Qué tan sólida puede ser la resurrección del dólar cuando la propulsan expectativas tan caprichosas como cambiantes?

G.G.: El principal carburante de su recuperación es la necesidad -contante y sonante- de corregir el posicionamiento.

P.: El cambio de portafolios.

G.G.: Así es. No sólo supone ajustar el mix (la mezcla) de monedas. También obliga a revisar el peso de los commodities en la cartera. Es el otro gran renglón en boga que exige una definición rápida. La incorporación de bienes tangibles, después de todo, venía a suplantar las debilidades del dólar como reserva de valor.

P.: Asistimos a un período de fuertes liquidaciones.

G.G.: Salta a la vista. Y hay que reasignar esos recursos.

P.: ¿Piensa que el efectivo que se obtiene de las ventas se convertirá en dólares y no en tenencias de otras monedas?

G.G.: Ni siquiera hace falta molestarse por la conversión. Las materias primas se operan en mercados que cotizan en dólares. Lo que no anticipo es que todo se mantenga en cash. Habrá un derrame hacia las acciones o los instrumentos de renta fija.

P.: Con un dólar firme, la opción de tomar partido por los activos de los EE.UU. vuelve a adquirir atractivo.

G.G.: Así es. De hecho, su desempeño reciente supera al de sus pares.

P.: Todo encaja. Pese a la severidad de la crisis financiera, EE.UU. no deja de ser un polo de seducción de capitales internacionales.

G.G.: Los efectos de la crisis no se limitan sólo a los EE.UU. Eso compensa un flanco vulnerable. Pero la distribución temporal de las consecuencias adversas también ayuda. EE.UU. fue golpeado de lleno antes que Europa y Japón. O que el mundo emergente. Recién ahora llega la factura del otro lado del Atlántico y se deduce que el daño allí tampoco será trivial.

P.: El Banco Central Europeo (BCE) subió sus tasas de interés en julio, y el dólar no sintió el impacto. ¿Podrá volver a izarlas tras un segundo trimestre en el que la economía de la región del euro se contrajo?

G.G.: Juergen Stark -que es un miembro alemán del Consejo Monetario- ya se apuró en dejar en claro que esa opción permanece abierta.

P.: Es difícil que le crean.

G.G.:
Yo le creo. Lo que es improbable es que reúna el consenso necesario -como sí se obtuvo a principios de julio- para volver a jalar el gatillo. No ocurrirá pronto.

P.: Neutralizados los halcones del BCE, es más fácil ver un dólar acumulando fortaleza.

G.G.: Es un punto interesante.Ya en julio -cuando se produjo el alza de tasas- el dólar permaneció imperturbable. Allí se detecta el desenganche de la cotización con respecto al diferencial esperado de tasas de corto plazo entre EE.UU. y la zona del euro. Como el BCE envolvió la suba en papel celofán -Trichet fue muy explícito en señalar que no había una seguidilla de ajustes en camino-, no debería ser un factor novedoso. Me imagino que ya estará incorporado.

P.: Como sea. Resultará más tranquilizador especular a favor del dólar sabiendo que el BCE no meterá sus narices.

G.G.: No lo niego. En tal sentido, hay que agradecerle a Trichet su sinceridad. El rally del dólar toma vuelo decidido cuando reconoce que el crecimiento del tercer trimestre en la eurozona será « particularmente débil».

P.: Quizás no haya crecimiento alguno.

G.G.: No lo descarto.

P.: Los manuales dicen que la inflación es perjudicial para la salud de una moneda. Habría que avisarle al dólar. Porque el registro minorista de mayo en EE.UU. ya era elevado -4,2%- y en julio trepó a 5,6%. En comparación, en la Europa del euro, el ascenso fue de sólo tres décimas para clavarse en 4% tanto en junio como en julio. ¿Cómo conciliar la dinámica de las cotizaciones con la de las inflaciones respectivas?

G.G.:
Ambas inflaciones evolucionan muy por encima de las metas respectivas de estabilidad de precios. Por eso, precisamente, cobraron predicamento los commodities dentro de las carteras de inversión. Yo creo que el punto principal para tener en cuenta es que el proceso inflacionario -sobre todo el desvío con respecto a las metas- es, en ambos continentes, el mismo proceso básico, derivado de la necesidad de acomodar un cambio muy agresivo de precios relativos a favor de la energía. Las mediciones núcleo -que segregan energía y alimentos- denotan sólo un aumento suave del residuo inflacionario.

P.: La inflación podrá ser más alta en EE.UU. que en Europa, pero no habrá una divergencia sostenida a mediano plazo.

G.G.: Correcto. Y si la Fed falla en contenerla, no espere que el BCE lo haga mucho mejor. Una canasta de commodities lo protegerá en tal caso; no la selección de monedas. De ahí la importancia estratégica del repliegue del precio de las materias primas en estos momentos de altísimas lecturas de inflación. Es el mejor indicio de que tampoco una inflación alta es fácilmente sostenible.

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