Strauss-Kahn en FMI: fin a la ilusión del policía bueno
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«Strauss -Kahn es francés y socialista, y eso cambia todo», había dicho un funcionario argentino tras la visita del entonces candidato al matrimonio Kirchner. La equívoca evaluación oficial nació, por lo tanto, del reiterado error de creer que la ideología está por encima de los intereses. Habría que recordarles que también es «francés y socialista» Bernard Kouchner, el nuevo canciller galo, ahora bautizado « Nanard va-t-en-guerre» (« Bernardito el belicoso») por haber invocado la palabra «guerra» en relación con Irán.
Pero la tentación ideologistaes frecuente en el equipo kirchnerista. Así, por ejemplo, existe la creencia de que con un triunfo demócrata en las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos de 2008 habrá una mejor disposición hacia la Argentina. Sin embargo, son los de este partido los que crearon un lobby de nombre desagradable Task Force (Fuerza de Tareas) Argentina para defender los intereses de los bonistas estadounidenses que no entraron al canje. Además, uno de los primeros saludos a la presidente electa que llegó del Norte fue precisamente el de un diputado demócrata, Robert Wexler, pero más bien sonó a advertencia: «Me interesa dialogar con usted sobre la deuda que la Argentina tiene con los inversores estadounidenses».
Finalmente, en sus primeras declaraciones, Strauss -Kahn relativizó su rol en el asunto que le interesa al gobierno, con la aclaración de que le corresponde al propio Club de París decidir si es necesario o no un nuevo programa con el FMI. Algo elemental, que los funcionarios argentinos que negociaron alguna vez con el organismo deberían saber.
¡Y pensar que el gobierno llegó a atribuirse el mérito de la designación Strauss -Kahn! En efecto, al confirmarse el nombramiento del «francés y socialista», Peirano habló de un éxito propio, «un reconocimiento explícito a las críticas al desempeño del Fondo que realizó el presidente Kirchner en distintos foros».
Estaba olvidando que, apenas tres meses antes, el gobierno argentino había adherido a la posición de Estados Unidos de que el futuro director gerente no tenía por qué ser un europeo, aunque así lo indicase la tradición. Un comunicado del 23 de julio pasado firmado por Redrado -después entusiasta de Strauss kahn enfatizaba la necesidad de «un sistema de selección abierto, transparente y multilateral». Curioso comunicado y alineamiento para quienes anatemizaron las « relaciones carnales».
A lo único que Strauss -Kahn debe su designación es a la decisión del primer mandatario de su país, Nicolas Sarkozy, de practicar una transversalidad a la francesa: desde que asumió, ese presidente de derecha no hizo más que cooptar individualidades de izquierda ante la impotencia de un Partido Socialista francés que parece no encontrar el modo de poner fin a su crisis. Claro que, si reconocemos a Kirchner el copyright de la borocotización, entonces sí, habrá que mandar la factura al FMI.
En definitiva, el episodio Strauss -Kahn lleva a pensar que la defensa de los intereses de la Argentina estaría mejor servida con un poco menos de desmesura y bastante más de realismo.



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