15 de abril 2008 - 00:00

Tras más de 60 años, surgen fisuras en el unicato de gremios

La guerra del encuadramiento fue el preámbulo de la crisis dentro de la estructura sindical que cuestiona el modelo monolítico. El unicato parece tener fisuras por primera vez después de haber cumplido más de sesenta años. Los sindicatos de base han encontrado una forma de cuestionar a los líderes tradicionales: se desafilian de la federación que los une y construyen nuevas alianzas. Otros crean nuevas federaciones para integrarse, o revitalizan o constituyen nuevos gremios, como los de profesionales y de personal superior.
El Ministerio de Trabajo admite la representación «arbolada ascendente y descendente», donde el ámbito se le confiere a la federación en orden a los sindicatos afiliados a ella.

  • Viabilidad

  • Los ejemplos que tenemos son demasiados para pensar que son hechos aislados o que no reflejan una tendencia. Por ende, en un sistema como el argentino, que sólo admite un sindicato por actividad, serían viables dos o más federaciones. Es el caso de la actividad petrolera y de los químicos y petroquímicos. Pocos gremios ejercen el liderazgo de toda la organización, como es el caso de Antonio Caló y Naldo Brunelli en la UOMRA. El modelo sindical también juega un papel relevante.

    La Unión Obrera Metalúrgica es un sindicato de primer grado pero opera como una verdadera federación de alcance nacional.

    En efecto, la UOM tiene una única personería de nivel nacional, y las distintas delegaciones son seccionales. En términos simples, es un gigantesco sindicato con muchas sucursales. En cambio, en una estructura con entidades de primer y segundo grado, cada sindicato de la actividad tiene su propia personería con alcance personal y territorial, y todos ellos se agrupan en una entidad de segundo grado, la federación, que es la entidad de alcance nacional. En este segundo modelo, cada sindicato es autónomo, pero concentra y delega la negociación colectiva y el manejo de los fondos federativos y la obra social en la federación nacional. El sindicato cobra en forma directa la cuota sindical de sus afiliados, pero debe recurrir a la federación para cobrar la cuota solidaria pactada en los convenios, igual que la obra social que es administrada por ley por la entidad de máximo grado, es decir la federación.

    Si en este esquema un sindicato se desafilia de la federación, las potestades delegadas las recupera. Por ende, podrá negociar su propio convenio colectivo y sus salarios, recaudar cuotas ordinarias o extraordinarias, o solidarias emergentes de dicho convenio (art. 9, Ley 14.250 y Ley 23.551), y podrá administrar los fondos de la obra social. La federación pierde todo contacto con el sindicato de base desfederado, sin perjuicio de todos los conflictos intersindicales que se producen por efecto del divorcio de ambas entidades, que se traducen en litigios judiciales, conflictos de encuadramiento, y ámbitos en los cuales puede cada uno de ellos operar y ejercer los poderes y atribuciones sindicales.

    En un marco de magnitud menor ocurre otro tanto entre los trabajadores y los delegados de cada establecimiento, sobre todo de las empresas con más de doscientos trabajadores, en donde el cuestionamiento se produce entre estos grupos y los dirigentes sindicales de la seccional o en su caso, del sindicato zonal con personería.

  • Fisuras

    En síntesis, se está estratificando el inconmovible monolito del unicato resquebrajándose la estructura con fisuras que calan el modelo en forma vertical, desde las bases hasta la cúpula de la federación, y en forma horizontal, desdoblándose la estructura federativa en los sindicatos que integran el sistema centralizado.

    En rigor, este proceso de descentralización tiene tres causas: la permanencia de los dirigentes tradicionales de cúpula sine die; el control del poder político, gremial y económico de la estructura concentrado en la cúpula con escasa participación del resto de la estructura, y el cuestionamiento de las bases y de los delegados de la representatividad que tienen los máximos dirigentes de los verdaderos intereses sindicales, profesionales y económicos de los trabajadores afiliados al sistema.
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