16 de noviembre 2004 - 00:00

Una oportunidad, pero no a cualquier precio

La visita a la Argentina del presidente de la República Popular China, Hu Jintao, acompañado por una numerosa delegación oficial y hombres de negocios, es un acontecimiento de una enorme importancia.

Desde ya que los acuerdos comerciales que pudieran concertarse o el interés que nuestro país despierte en las autoridades gubernamentales y la comunidad empresaria de China constituyen una gran oportunidad de negocios, especialmente, por lo que la apertura de un mercado de la magnitud y trascendencia del chino significa.

Sin embargo, la desesperación del gobierno por encontrar ingresos que permitan superar la crisis y la ansiedad por generar anuncios espectaculares que cambien el humor de la gente y sus expectativas no pueden llevar a cerrar cualquier tipo de acuerdo y bajo cualquier circunstancia.

• Tentación

Es verdad que la tentación es grande, tratándose, nada más y nada menos, que del país que ocupará el tercer lugar en el mundo en materia de generación de fondos de inversión detrás de Estados Unidos y Japón, y que muestra reservas acumuladas por más de u$s 400 billones. Pero no debe olvidarse que el crecimiento y el desarrollo de la Argentina no podrá darse por el mero compromiso de asegurar una exportación regular de materias primas consistentes en soja, petróleo, minerales de hierro, acero u otras a cambio de importar productos terminados; ni siquiera en el caso en que ese acuerdo de suministro -por importante que sea-signifique admitir inversiones en áreas de infraestructura complementaria --puertos, ferrocarriles y rutaspara asegurar la regularidad del transporte de los bienes y la seguridad de su embarque hacia Asia. Comprometer toda la producción, o gran parte de ella, al acuerdo estratégico con China podría importar, de un modo u otro, condenar a la Argentina a mantener para el futuro un perfil exclusivamente exportador de materias primas sin valor agregado y sin margen -por la magnitud del compromiso de volumen de entregade poder aplicar recursos para cambiar el perfil del país.

Algunos analistas ya han advertido sobre el riesgo de generar una dependencia directa de un solo comprador estratégico que, además, controle las fuentes de generación.

Adicionalmente, la «sojización» de la economía podría también llevar a una degradación del suelo por la falta de rotación de cultivos, y algo similar puede ocurrir en materia forestal.

Desde Brasil, ya se han hecho llegar algunos temores al respecto. Por otra parte, también debe resistirse la tentación de constituir o crear entes reguladores estatales de la actividad para tal propósito, que es algo no ajeno al pensamiento de algunos de los hombres del gobierno. En la República Popular China, 95% de las fuentes de producción, las empresas y los campos son de propiedad del Estado; y China repite ese esquema en los pocos países en los cuales realiza inversiones estratégicas (es un país más receptor de inversiones extranjeras que promotor de inversiones propias en el extranjero) y procura mantener el control o la propiedad sobre los medios de producción y las obras de infraestructura en las que invierte, así como sobre el financiamiento que brinda, de modo de poder asegurarse el funcionamiento del sistema.

• Control

Las consecuencias de ello son evidentes, ya que puede llegar a tener el control absoluto sobre el medio de producción y la estructura de exportación, y puede llegar incluso a imponer una política de precios propia.

Complementariamente, también debe tenerse presenteque la inversión china generalmente viene acompañada de una política migratoria tendiente a que el país receptor de la inversión albergue mano de obra originada en el país asiático. ¿Ha sido evaluado esto por parte de las autoridades nacionales?

¿Cuál es la salida entonces? Pues bien, nada más y nada menos que aprovechar esta oportunidad de abrir los negocios argentinos a un mercado tan importante como el chino, que envuelve más de 1.300 millones de personas (aunque estadísticas extraoficiales hablan de cerca de 1.600 millones, ya que debe recordarse que en China se permite tener sólo un hijo por pareja, y los que tienen más de uno lo ocultan para evitar las graves sanciones), realizando un manejo muy profesional y cuidadoso de las negociaciones, tomando en cuenta la experiencia que ha dejado el reciente viaje del presidente Hu Jintao a Brasil (la exigencia impuesta por el gobierno chino de que Brasil declare a su país como de «economía libre de mercado» para permitir la importación de sus carnes en Asia no es algo menor), y estudiando a fondo la forma en la cual las inversiones chinas se han desarrollado en otros países tales como Nueva Zelanda, Australia y otros vecinos de la región.

• Consecuencias


La verdadera oportunidad china, para la Argentina, es comenzar un serio y razonable camino de relaciones cuidadas, pensadas y evaluadas con el gigante asiático para incrementar el intercambio comercial y permitir la radicación de inversiones genuinas en nuestro país, pero con el objeto de modernizarlo y hacerlo más competitivo internacionalmente en la producción de bienes y servicios que contengan elementos de «valor agregado» que puedan contribuir al crecimiento y desarrollo nacionales. Si, por el contrario, con el mismo exitismo y falta de profesionalidad con que se «filtraron» los trascendidos sobre los multimillonarios eventuales acuerdos (tren «bala» incluido), lo que se hace es cerrar convenios improvisadamente sin evaluar sus consecuencias ni el impacto que pudieran tener en el futuro desarrollo del país, se habrá perdido la verdadera «oportunidad china» y, al mismo tiempo, se habrá hecho mucho daño.

Dejá tu comentario

Te puede interesar