2 de noviembre 2021 - 18:58

Desigualdad y vacunas: las potencias aún están a tiempo de alejarse de la bancarrota moral

Las vacunas han demostrado ser seguras y eficaces para acabar con la pandemia, pero muchos actores y el propio Papa Francisco vienen advirtiendo que sin una distribución equitativa el virus podría seguir mutando en nuevas cepas.

Para algunos analistas la desigualdad en el acceso a las vacunas contra el Covid es una declaración de bancarrota moral” del norte desarrollado.

Para algunos analistas la desigualdad en el acceso a las vacunas contra el Covid es una declaración de "bancarrota moral” del norte desarrollado.

A pesar de la opinión de algunos grupos activistas anti vacunas, las vacunas han demostrado ser seguras y eficaces.

Sin embargo, nos dice la OMS, estar vacunados no significa que podamos dejar de lado las medidas de precaución y ponernos en riesgo a nosotros mismos y a los demás, sobre todo porque todavía se está investigando en qué medida las vacunas protegen no solo contra la enfermedad, sino también contra la infección y la transmisión.

«La ciencia ha cumplido su parte ofreciendo, con mayor rapidez que frente a cualquier otro brote de la historia, herramientas poderosas para salvar vidas», dijo el Director General de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus

"Gracias a la vacuna estamos volviendo a ver poco a poco la luz", dice nuestro

No obstante, un reporte de la UNESCO de agosto de 2021, señala que, mientras una de cada cuatro personas en los países de altos ingresos ha recibido al menos una dosis de la vacuna, en los de bajos ingresos la proporción es de una cada 350 personas. Esto tiene que ver con diversos motivos: la pandemia impuso una gran carga a los sistemas de salud ya debilitados de la región –que además deben atender otras enfermedades endémicas, como la malaria y el dengue–, y las limitaciones en la producción global de vacunas y las diferencias en las capacidades de negociación de los países implican dificultades en el acceso. En este sentido, se estima que los 27 países y territorios más ricos del mundo, que abarcan solo el 10% de la población mundial, han administrado el 32% de las dosis disponibles en el mundo.

El Covax es un programa de la OMS para garantizar que las personas en todos los rincones del mundo tengan acceso a las vacunas COVID-19 una vez que estén disponibles, independientemente de su riqueza.

Covax fue diseñado para facilitar la entrega de dosis de vacunas a los países pobres, pagadas por los ricos. Pero de los 640 millones de dosis que debían entregarse a principios de agosto, solo han llegado 163 millones. Para algunos analistas es nada menos que una declaración de "bancarrota moral” del norte desarrollado.

Ayoade Olatunbosun-Alakija, de la Alianza Africana de Distribución de Vacunas para Covid, de la Unión Africana (AVDA por sus siglas en inglés), ya ha advertido a la Comisión Europea y a Francia que la iniciativa de vacunación Covax, lanzada por la OMS en abril de 2020, corre el riesgo de fracasar, "Sin embargo, por el bien de la humanidad, no debe", dijo

Según las estimaciones de la OMS, se necesitarán unos 11.000 millones de dosis para acabar con la pandemia en todo el mundo.

El enfoque de nacionalismo de vacunas, adoptado por algunos países para obtener acceso preferente a las vacunas contra la COVID-19 desembocó en una amenaza a la distribución justa y equitativa de las posibles vacunas por el mundo.

Este comportamiento político egocéntrico de dejar atrás a los demás es corto de miras, potencialmente arriesgado, moralmente indefendible y prácticamente ineficaz para contener la pandemia.

En su mensaje de la última Navidad, el Papa Francisco dijo “En este tiempo de oscuridad y de incertezas por la pandemia, surgen luces de esperanza como el descubrimiento de las vacunas, pero para que estas luces puedan iluminar y llevar esperanza a todo el mundo, deben estar a disposición de todos”, Francisco pidió que los “nacionalismos cerrados” no se interpongan en el acceso universal a la vacuna y no nos impidan vivir “como la verdadera familia humana que somos”. Y agregó: “No podemos dejar que el virus del individualismo radical nos venza y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas”. También reclamó que en el reparto de las inyecciones para frenar el virus “las leyes del mercado y las patentes” no se antepongan a “las leyes del amor y de la salud de la humanidad”

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras, esto significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

Nadie está a salvo mientras no lo estemos todos.

Las grandes potencias el mundo, todavía están a tiempo de alejarse de esta bancarrota moral, el camino es justamente el que marca el Sumo Pontífice:

"Menos armas y más comida, menos hipocresía y más transparencia, más vacunas distribuidas equitativamente y menos fusiles vendidos neciamente".

Asesor y especialista en riesgos del trabajo.

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