25 de abril 2007 - 00:00

Verdadera razón del control de precios es concentrar poder

La fórmula general para abaratar los gastos es conocida: remover obstáculos a la producción de los artículos más necesarios y su distribución en donde más se los necesite. Esta fórmula es de fácil enunciación pero de muy problemática concreción, pues conlleva desarrollar sistemas de toma de decisiones, transmisión de datos, transporte de mercancías y personas muy eficaces y en constante progreso. Los desiguales estándares de vida y de los servicios provistos por las empresas lo atestiguan en todo el mundo.

El proceso productivo, de intercambio y distribución es sumamente complejo y conlleva un aprendizaje continuo. Los actores del proceso están en incesante competencia para aprender a hacerlo más eficiente. El sistema competitivo de precios es un elemento principal de regulación y coordinación de las actividades en las sociedades, similar a los mecanismos que regulan las funciones de los organismos vivos. También promueve la Justicia, pues cada persona paga lo mismo, sin favoritismos, para compensar lo que la sociedad gastó en ofrecer dicho bien. Así, la variación libre de trabas de los precios incentiva la productividad y los ingresos de la gente, al dar las señales adecuadas. Por ejemplo, la baja de precios alienta el consumo de los bienes con exceso de oferta, y el traslado de los recursos productivos hacia donde se necesita aumentar la producción. El aumento de precios desalienta el consumo de lo que escasea y incentiva su producción. Cuando se traba ese mecanismo, cae el ingreso real; la gente consigue menos.

La sociedad del conocimiento, hacia la cual se encaminan las naciones avanzadas y las que quieren serlo, convoca a todas las personas a brindar lo mejor de sí mismas para conseguir lo mejor de los demás. De eso se trata la creación de valor. Ello llama a mejorar las comunicaciones entre todos los integrantes de la cadena de valor. Los consumidores deben conocer fácilmente en dónde están los bienes que necesitan y a qué precios. Una importante derivación es que, en una sociedad previsible, lo más económico es minimizar los stocks, en toda la red, pues son producción no utilizada. Precisamente, el éxito de la tendencia «just in time» se basa en esa comprobación. En cambio, la posibilidad de desabastecimiento motiva a los consumidores a comprar de más, agravando las carestías.

  • Otro objetivo

  • El control de precios tiene otro objetivo. No intenta disminuir los verdaderos costos de adquirir los bienes ni busca aumentar los ingresos reales. En verdad, el control de precios sólo apunta a contener los precios de los elementos que integran el índice. No importa tanto el verdadero costo total ni su posible impacto sobre los ingresos de la gente si no reducir los valores del índice. Aquí hay una disparidad fundamental entre los objetivos ideales y los efectivamente logrados.

    Para cumplir su propósito, a los controladores suele no importarles que los consumidores no consigan los bienes. Tampoco que sus directivas traben los procesos productivos, encareciendo los gastos en toda la cadena. Ni que se pierdan mercados, prohibiendo exportaciones para aumentar la oferta interna, haciendo perder competitividad, ingresos y finalmente producción. Ni que se paguen subsidios para aparentar abaratamientos.

    En efecto, los subsidios salen de las arcas del Estado, encareciendo las cargas tributarias y reduciendo los superávits fiscales. Al final, los paga la población. Pero sobre todo, los subsidios constituyen una tremenda injusticia. El que consume no paga todo el costo. Los que suministran el servicio tienen costos diferentes y reciben compensaciones desiguales de parte de los funcionarios, en forma discriminatoria, abriendo las puertas a la corrupción. Se rompe la regla que el que consume paga y todos paguen lo mismo. Ahora el Estado subsidia a algunos. El sistema de precios pierde valor informativo cuando el gobierno impide su funcionamiento. Por esas razones resumidas, los controles de precios disminuyen los ingresos reales de la gente.

  • Diferencia

    El mundo observa países con logros muy diferentes. Unos exitosos y otros pobres. Finalmente, la gran diferencia entre ellos estriba en las organizaciones sociales e instituciones en vigencia. Los controles de precios solamente existen en las naciones más rezagadas y menos democráticas, pues crispan la relación entre gobernantes y gobernados. En el fondo, el control de precios supone una profunda desconfianza en el funcionamiento de las instituciones de la sociedad civil y que el funcionario encargado conozca más sobre cada tema que el conjunto de las personas especializadas, a lo largo de la cadena de valor, y los consumidores. Esa arrogancia está refutada por los hechos. Los permanentes fracasos de los controles de precios, en todo el mundo, llevan a sospechar que la verdadera razón de su existencia es concentrar poder; favorecer a unos y castigar a otros. Si los mecanismos reguladores de los organismos biológicos estuviesen sujetos a las disposiciones de una oficina de control, hace tiempo que la vida hubiese cesado. Por ello, a nadie se le ocurren tales controles. En cambio, los efectos mortíferos del control de precios tardan más en hacerse insostenibles. Por ello duran un tiempo.
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