Río de Janeiro - Reginaldo Gomes pasó de invertir unos 1.600 dólares en la campaña de Jair Bolsonaro en 2018 a hacer ahora llamados apasionados por Luiz Inácio Lula da Silva en las redes sociales: arrepentido, este brasileño busca redención en la próxima elección presidencial.
Para muchos, optar entre Lula y Bolsonaro implica sobreponerse a una sucesión de decepciones
Las denuncias de corrupción aún pesan sobre exsimpatizantes del izquierdista, pero una gestión fallida dispara el rechazo al ultraderechista.
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Lula da Silva y Jair Bolsonaro
Para este locutor de rodeo, la política de las últimas dos décadas en Brasil ha sido una espiral de decepciones, empezando con los casos de corrupción del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva, que lo llevaron a votar por Bolsonaro, y ahora, desencantado con el ultraderechista, vuelve a apostar por el exmandatario de izquierda (2003-2010).
“Si el arrepentimiento matara, ya estaría muerto”, afirma Gomes, de 50 años, que vive en Juazeiro, en el estado de Bahía (noreste).
Lula aparece 14 puntos por delante de Bolsonaro para la primera vuelta del domingo, con 47% a 33%, según el último sondeo del Instituto Datafolha. (N. del R.: ayer, una encuesta de FSB, realizada para el banco BTG Pactual, arrojó 45% a 35%). El mal manejo de la pandemia –que dejó 686.000 muertos–, la inflación disparada y la agenda ultraconservadora del Gobierno alimentaron el rechazo contra el presidente, elegido en 2018 en segunda vuelta con 55% de los votos con un discurso de “outsider” político.
Comparación
Apoyar a Bolsonaro fue como “el síndrome del marido que se va de casa y piensa que todo va a ser mejor, pero se arrepiente”, sostiene Carlos Eduardo De Souza, de 51 años, un albañil de Río de Janeiro.
“Votar por él fue la mayor burrada que pude hacer”, añade, espantado, por ejemplo, con el discurso homofóbico del mandatario que afecta directamente a su hija trans. “Ella me lo advirtió, pero estaba ciego, no quería verlo”, admite.
“Es un impresentable, dice estupideces”, insiste por su parte Gomes sobre este presidente que calificó el covid-19 de “gripecita” y afirmó que las vacunas podían convertir a la gente en “cocodrilos”.
Por eso, tras haber invertido 5.000 reales (casi 1.600 dólares al cambio de la época) para imprimir remeras de campaña para Bolsonaro, ahora quiere pedirle “perdón” a Lula por haberlo tratado de “ladrón”, según asegura en su último video de Tik Tok.
Experiencia
Joana Alenso, una psicóloga de 41 años, nació en Brasil pero creció en Venezuela. Como muchos en el país caribeño, la crisis económica la llevó a emigrar a Río de Janeiro con su familia.
En 2018 votó por Bolsonaro “convencida”. “Caí en el juego de ‘no, ¿cómo voy a votar por el PT?, como venezolana no puedo votar por el PT”, visto como un aliado del chavismo por la cercana relación entre Lula y Hugo Chávez a inicios de los 2000 y su apoyo a la cuestionada elección de Nicolás Maduro en 2013. Bolsonaro suele decir que Brasil terminará convertida en una Venezuela si la izquierda retoma el poder.
“Voté como venezolana (opositora) en 2018. Ahora separé mi sentir brasileño del venezolano y votaré por Lula”, asegura. “No puedo apoyar a un narcisista, machista, grosero... sin contar que no hizo nada”.
Ese antibolsonarismo es justamente el combustible de Lula para buscar el “voto útil” que podría definir la elección a su favor.
“La tasa de rechazo de Bolsonaro (52%) es mayor que la intención de voto natural de Lula en el primer turno”, dice Adriano Laureno, analista político de la consultora Prospectiva. Además, “existe una nostalgia del gobierno Lula, pues trajo más desarrollo social que el de Bolsonaro”.
Resabios
Pero el expresidente también tiene detractores jurados por los escándalos que mancharon su gestión. Paulo Ferreira, de 70 años, llegó a votar por Lula, pero se fue desencantando con cada revelación y el domingo votará por segunda vez a Bolsonaro.
El PT “es una organización criminal” que “desmanteló” la estatal Petrobras, asegura este jubilado de la petrolera, en relación a las investigaciones sobre una gigantesca red de sobornos que salpicó a Lula y a su partido. “No puedo votar de ninguna forma por esta gente”, remata.
Pero no todos tienen un plan. Entre los electores hay resignados que piensan que terminarán votando por Lula para echar a Bolsonaro, pero solo en el segundo turno porque “no merece ganar en el primero” o también quienes votarán en blanco, como Matheus Fernandes, de 27 años.
“Tenemos un arma apuntándonos a la cabeza”, dice este conductor de Uber en Pernambu-
co (noreste), el estado natal de Lula.
“Votar por Lula o Bolsonaro es pegarse un tiro”, sigue. “Prefiero no votar por ninguno de los dos... Si lo hiciera estaría atentando contra mis principios”.
Agencia AFP




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