09:50 hs: PAÍSES EX SOVIÉTICOS FIRMAN PACTO ANTITERRORISTA
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La pugna entre Putin y el presidente de Georgia, Eduard Shevardnadze, puso de manifiesto las tensiones que aún constituyen el pan de cada día en las relaciones entre los miembros de la CEI.
La CEI conmemoraba en Moscú una década de existencia llena de muchas sombras y pocos logros, pero a la que el trasfondo de la guerra afgana y sus repercusiones en el espacio ex soviético ha dotado de cierta cohesión en los últimos meses.
La Comunidad ha fracasado en sus propósitos de integración, de cooperación económica y de mantenimiento de la seguridad regional.
Aparte de las guerras que han enfrentado a algunos de sus miembros -por ejemplo, el conflicto de Nagorno Karabaj que enemista a Azerbaiyán y Armenia-, las tensiones entre los viejos compañeros soviéticos calientan un polvorín que puede estallar en cualquier momento, como en el incidente reflejado hoy en la cumbre.
Georgia ha acusado a Rusia de que helicópteros y aviones de este país bombardearon el 27 de noviembre su territorio con el pretexto de destruir a grupos de rebeldes chechenes refugiados en esa zona.
Moscú negó tal intrusión, aunque reconoció una operación aérea en el lado ruso de la frontera contra dos grupos de separatistas y subrayó que las aeronaves no violaron el territorio georgiano.
En la cumbre de hoy, Shevardnadze denunció la agresión, aunque sugirió que pudo ser un error de los militares rusos.
"Cuando uno habla de los supuestos bombardeos de estas aldeas por aviones rusos, uno debería hacerse esta pregunta: "¿qué tipo de bombardeo es ese si no hay víctimas"?, respondió el Presidente ruso.
Putin añadió que "o bien no hubo bombardeos, o bien se produjeron en zonas sin población", y dejó en suspenso si daba por cierta o no esa intervención armada en un país vecino y la violación de sus fronteras.
A continuación afirmó rotundo que en cualquier caso en Georgia, cerca de la frontera con la república rusa de Chechenia, hay bases de rebeldes y centros de producción de drogas.
Finalmente, Putin y Shevardnadze estuvieron de acuerdo en la creación de una comisión de investigación sobre el incidente.
En medio de este clima acalorado que reflejó las divisiones entre sus miembros, la CEI hizo una llamada a la integración futura y alguno de los presentes, como el presidente bielorruso, Alexandre Lukashenko, apostó por retornar a los rancios moldes soviéticos.
Pero al menos el asunto central de la cumbre, la guerra afgana y el aporte que la CEI ha hecho a la coalición antiterrorista internacional, prestó cierta cohesión al mensaje final de los doce presidentes.
La mayor parte de los países de la CEI ofrecieron su espacio aéreo a Estados Unidos en su campaña contra el régimen talibán afgano y algunos su territorio, oferta que se concretó en el caso de Uzbekistán donde hay desplegadas unidades norteamericanas.
La sorpresa surgió cuando incluso Tayikistán, país cuya seguridad depende de las tropas rusas allí desplegadas, ofreció dos de sus bases para las aeronaves de EEUU que operan en Afganistán.
Rusia ha dejado claro que asume el papel de intermediario entre EEUU y los países ex soviéticos, y también que quiere seguir siendo el gendarme de Asia Central, aunque ahora su ambición llega a Afganistán, o al menos la parte del país dominada por sus amigos de la Alianza del Norte.
La cumbre permitió subrayar hoy ese protagonismo, pues en el comunicado conjunto se dio un espaldarazo al centro antiterrorista creado a iniciativa rusa el año pasado y que hasta ahora era visto con recelos por la mayor parte de los países de la CEI.




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