Hubiera sido más digno un cameo sin créditos,porque la reaparición de Néstor Kirchner como actor de reparto en la troupe que se arriesgará en Villavicencio, Meta ( Colombia), al rescate de secuestrados de las FARC es una suma de las capitulaciones políticas para el gobierno. Sólo la puede salvar el riesgo que implica para una biografía que se soñó de libros y dictámenes en los despachos en los que ha ido adormeciendo su historia el ex presidente.
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Que lo lleven de la mano los «compañeros» (así los llama Hugo Chávez) Sarkozy y Lula no mitigan un rol que está por debajo de la deuda que la Argentina tiene con Colombia. O de lo que podría aportar un país que sufrió terrorismo y contraterrorismo en ayuda de ese país. El impulso entrópico de la dirigencia criolla -esa que sacrifica el conjunto para salvarse sola- ha preferido ser testigo y no protagonista de este formidable retablo que ha armado Chávez para mostrarse como el amo del continente.
Chávez va, y lo consciente Kirchner, a exhibirse como la única persona con poder y dinero para quebrar a la guerrilla de las FARC. Desautoriza a Alvaro Uribe y de paso a los Estados Unidos como un camino plausible para abordar ese último rastro de guerrillas que queda en el continente. Lo arrincona y se toma venganza de varios adversarios a la vez. ¿ Necesitaba la Argentina este lugar marginal en la foto? Alguna vez se sabrá qué se paga: también por qué la Argentina se acordó de estos secuestrados cuando lo quiso Chávez -que también se esforzó por poner en la foto al declinante Fidel Castro-.
Equivale a avalar un mundo en el cual te secuestran las FARC y te rescata Fidel Castro.
Es triste este gesto cuando la presidencia Kirchner se inauguró en 2003 con una doctrina diferente: la Argentina no se ponía detrás de ninguna locomotora, buscaba relaciones maduras con todos los países después de haberle infligido la primera derrota a la economía global con el default de 2002. Las pulseadas con Lula da Silva se explicaban por esa doctrina que razonaba Rafael Bielsa en el piso 13º de la Cancillería (¿no cambiaría la suerte del país en el mundo si se trasladase de piso la oficina del ministro de Relaciones Exteriores?).
Fórmula propia
Si esa doctrina hubiera prosperado -como otras ilusiones que quedaron en el camino- la Argentina se hubiera ocupado de estos secuestrados que llevan años en Colombia, con una fórmula propia, que honrase la amistad con ese país y se aprovechase de la autoridad de la Argentina en derechos humanos. Hoy, el país es comparsa de dos violadores de esos derechos, de un abogado que se disfraza de militar para sostener su dictadura y de un ex militar que se dice socialista para mantenerse en el poder. No son los mejores socios para salir a hablar de derechos humanos.
El gobierno dirá que no podía decir que no al llamado humanitario, que parece recortado según los intereses de Chávez de aguar su perfil de clásico espadón latinoamericano. Para los Kirchner es otro capítulo del desacierto en estas cuestiones internacionales, que usan ahora para reforzar en la silla a la nueva presidente a quien golpean las responsabilidades que heredó de su marido. Como otros gestos que el poder en la Argentina quiere exhibir como fortalezas, este empatotamiento bolivariano es otra prueba de los gobiernos débiles a los que parece condenado el país.
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