La agenda de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, suele ser endemoniada. El impacto de declaraciones como las que llegaron desde Washington, con la autoría de un enmascarado en quien Rafael Bielsa vio a Roger Noriega, la vuelven todavía más complicada. El martes, Eduardo Duhalde fue víctima de esas alteraciones. Como informó este diario, había viajado desde Bolivia con la intención de encontrarse con Fernández. Pero el contacto debió celebrarse vía telefónica: Duhalde y el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner hablaron largamente sobre la necesidad de acotar el conflicto en que se envolvieron la Casa Rosada y el PJ bonaerense, sobre todo en relación con la crisis desatada por los piqueteros. Fernández sugirió, además, que esa reconciliación se corone con una entrevista entre el Presidente y su antecesor. Pero ese encuentro quedó todavía en veremos. Por un lado, porque Kirchner se encuentra en China.
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Es sabido que cualquier decisión que el gobierno considera importante jamás escapa a las manos del santacruceño. Por otro, porquetampoco Duhalde tiene muy claro que la foto con el primer mandatario sirve de mucho para él a esta altura. El caudillo de Lomas está herido, sobre todo desde que en la reunión de Parque Norte tres ministros del gabinete aplaudieron al piquetero Luis D'Elía mientras éste lo insultaba. Una semana más tarde, cuando D'Elía lo vinculó con la muerte de «el Oso» Cisneros en La Boca, la amargura se transformó en ira.
Estos motivos de discordia fueron tema de la charla entre Duhalde y Fernández. Habitualmente el ex presidente considera al jefe de Gabinete uno de los funcionarios más razonables del elenco que rodea a Kirchner. Este juicio esconde también una forma de desdén para el otro Fernández, Aníbal, a quien en la casa de los Duhalde le están preparando desde hace un par de meses una sorpresa.
Los reproches del caudillo de Lomas llegaron claramente al seno del gobierno. El propio ministro del Interior Fernández debió reunirse con D'Elía una vez que el jefe de Gabinete terminó la conversación con el ex presidente. Los motivos de esa entrevista fueron varios.
Primero, ajustar cuentas con los piqueteros antes de que regrese Kirchner: Aníbal Fernández ocupa un cargo en la actual administración en buena parte porque se lo considera el garante del trato con esas organizaciones tan conflictivas (su primo político, Héctor Metón, ha resultado crucial para ese fin). La segunda razón de la reunión entre el ministro y el piquetero fue volver atrás en las acusaciones contra Duhalde. Comprensivo como cualquier dirigente bonaerense, D'Elía pidió las cámaras de TV para decir que carecía de pruebas sobre cualquier vinculación entre el hombre de Lomas y el crimen de Cisneros. Aventuró también que puede haber gente interesada en que él mismo piense eso, erróneamente.
Al duhaldismo no le sirvió con la declaración del piquetero. Duhalde dio orden desde el martes por la noche a todos los suyos de calmar cualquier discordia. Pero se mostró inflexible con D'Elía, cuyo desafuero quieren los legisladores del PJ bonaerense en la Legislatura de La Plata, donde el piquetero es también diputado.
Alberto Fernández negoció por su jefe Kirchner, comprometiendo una pacificación general, sobre todo en el Congreso, donde ya nadie habla de un subloque ultraoficialista (Osvaldo Nemirovsci, el principal auspiciante de esa corriente, ayer aclaró que entre su jefe y Duhalde hay sólo cuestiones de matices). La plasticidad del kirchnerismo frente a los bonaerenses amenaza con superar la que ese grupo exhibe habitualmente frente al Fondo Monetario o ante funcionarios norteamericanos como Roger Noriega.
Pero el jefe de Gabinete se llevó también una tajada para su propia situación personal: el duhaldismo lo defendió como a uno de los suyos, ayer, en la Cámara de Diputados, donde la oposición se quejaba de su falta de respuestas ante la crisis de seguridad que se vive en el país. Finalmente, Alberto Fernández tiene también credenciales para exhibirse como un amigo de Duhalde de los de la primera hora. ¿O no fue su recaudador de campaña en 1999, como recuerda a menudo el ex presidente?
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