2 de mayo 2008 - 00:00

Alberto Fernández se blinda ante rumores mientras presiona por De Vido

Bajo el fuego de especulaciones de salida, Alberto Fernández desplazó la reunión con losdirigentes rurales de la Casa Rosada a la sede de la Jefatura de Gabinete, en el ex edificiode SOMISA. Luego, en el Senado, negó su salida.
Bajo el fuego de especulaciones de salida, Alberto Fernández desplazó la reunión con los dirigentes rurales de la Casa Rosada a la sede de la Jefatura de Gabinete, en el ex edificio de SOMISA. Luego, en el Senado, negó su salida.
«Quédese tranquilo, senador, me van a seguir viendo.» Alberto Fernández aprovechó el miércoles el recinto del Senado, al que llegó con varias horas de atraso, como tarima para negar, con virulencia, que tambalea su permanencia en el gabinete de Cristina de Kirchner.

El ministro aprovechó un comentario del radical Ernesto Sanz que, frente al bombardeo de rumores, antes de la llegada de Fernández a la Cámara alta, especuló con que no sabía, siquiera, si «en unas horas», el huésped seguiría siendo jefe de Gabinete.

Sobre la medianoche del martes, y durante buena parte del miércoles, las noticias de renuncia contaminaron despachos y redacciones. Al atardecer, sentado ante los senadores, Fernández buscó desactivar las presunciones que calificó de «estupideces».

No le alcanzó, sin embargo, para silenciar las murmuraciones. La explicación es sencilla: la autodefensa que ensayó en el Senado difiere substancialmente de lo que, en estas horas, el ministro le transmitió a funcionarios y dirigentes de su extrema confianza.

«Si quieren, me voy; estoy muy cansado y es necesario dar una señal de cambio», le dijo, a lo largo de esta semana, por separado a un legislador porteño, un diputado y un dirigente que opera en su nombre en Capital. Los tres, de ADN albertista, entraron en pánico.

Su tardío descargo en el Congreso funcionó, apenas, como un anestésico. A su lado, entrevén que en los 20 días que restan hasta el relanzamiento cristinista del 25 de mayo, el conflicto decantará. Hasta entonces, la secuencia transcurrirá en tres planos:

  • El Pacto Social que la Casa Rosada diseña y prevé anunciar el 25 de mayo, y al que esperan sumar a empresarios, sindicalistas y chacareros, funcionará como un « relanzamiento» de la gestión de Cristina de Kirchner a pesar de que el léxico oficial mezquina el término porque supone el reconocimiento de una debilidad. Así como en diciembre, Fernández le sugirió a la Presidente que le imprima un sello propio al gabinete y produzca un cambio integral de ministros -propuso, incluso, su propia salida-, ahora advierte que un relanzamiento de la gestión no sería efectivo si no va acompañado por una renovación del elenco ministerial. El fallido eslogan «el cambio recién comienza» que vistió la campaña de la Presidente sirve como argumento al jefe de Gabinete para sostener la inconveniencia de impulsar un cambio de políticas con los mismos actores. La semana pasada, en Olivos, Néstor Kirchner dialogó largo con un grupo de «pingüinos» y los despidió con una idea similar: «Es necesario oxigenar», les dijo. Los visitantes, enemistados con el jefe de Gabinete, tradujeron esas palabras como un augurio de la caída de Fernández. Un rato más tarde, el viernes, el ministro transitó las horas de mayor zozobra. Ese día estuvo, según se anotició un gobernador del PJ, con un pie fuera del gobierno, pero Carlos Zannini se habría resistido a asumir la Jefatura de Gabinete.   

  • Luego de atravesar aquel sacudón, Fernández volvió a la carga con la recomendación de producir en mayo la renovación del gabinete que, a medias, casi sin caras nuevas, Cristina empujó en diciembre. Allí, entonces, se expresa la intención secreta de Fernández: dejar la Jefatura de Gabinete pero que, en el mismo proceso, deba dejar el Ministerio de Planificación Federal Julio De Vido, su contracara, su rival histórico en el planeta Kirchner. La matriz sería la misma que aplicó la Presidente cuando se torearon Alberto Abad de la AFIP y Ricardo Echegaray de la Aduana, y para trasmitir el mensaje de que no aceptaría internas, la mandataria expulsó a los dos, aunque Echegaray, 15 días después, volvió al gobierno para manejar los subsidios agrícolas desde el ONCCA. Pero Fernández no se imagina fuera del gobierno: en el fárrago de especulaciones, se lo menciona como sucesor de Jorge Taiana en Cancillería, mientras éste desembarcaría en alguna embajada. Vale un detalle: Taiana es uno de los ministros preferidos de los Kirchner. Una sede diplomática cercana, quizá Montevideo, podría ser otro destino probable en caso de dejar el gabinete. O, quizá, el Ministerio de Justicia y Seguridad. Un barrido de ministros podría decapitar también a Aníbal Fernández, que tuvo que soportar la furia de Cristina de Kirchner cuando la Presidente se enteró por TV de la liberación del secuestrado Ariel Perretta y vio, en el lugar, a Daniel Scioli y a Carlos Stornelli, pero ningún delegado nacional.   

  • ¿Posibles reemplazos para Alberto F.? Por urgencias, por necesidades operativas, se habla genéricamente de un gobernador o un ex gobernador: en este último caso, se cita a Eduardo Fellner, a quien Kirchner le había prometido alguna vez el Ministerio del Interior; respecto a un mandatario actual, no falta quien menciona el nombre de Mario Das Neves, chubutense que semanas atrás se ensañó con Fernández. El miércoles, rumbo a Santa Cruz, Cristina de Kirchner hizo escala en Comodoro Rivadavia para subir al avión a Das Neves. Hay un nombre más en la lista de susurrados: Carlos Bettini, el embajador de Madrid, que aparecía en la grilla de posibles ministros para diciembre, pero quedó como «ministro de reserva». Son ruidos en medio de una crisis que sigue sin resolverse y que el jefe de Gabinete tomó casi como una cuestión personal: por esa razón, además de acusar al portal SEPRIN de ser los difusores del «disparate total» de su renuncia, la atribuyó también a conspiradores que quieren que fracase la negociación con el campo. Ser quien ordene ese caos sería, para Fernández, un gesto más de lealtad y compromiso hacia -y con- los Kirchner; quizá otra prueba de la « albertodependencia» del matrimonio y el pasaje a otra larga temporada más como jefe de Gabinete.
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