1 de febrero 2002 - 00:00

Alentador: no habrá plaza duhaldista, sólo cacerolas

Eduardo Duhalde se rindió ayer, otra vez, ante las cacerolas. A último momento canceló la peligrosa «plaza del sí» que el PJ bonaerense preparaba para esta tarde en apoyo al gobierno. En cambio, hablará por televisión.

Con eso, el Presidente falló en contra de los «talibanes» -que soñaban con 50 mil fieles y Duhalde hablando desde el balcón-en el forcejeo que se instaló en su entorno sobre la conveniencia o no de hacer una marcha a Plaza de Mayo.

Al final, se impuso la cordura de varios funcionarios -el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich; Jorge Remes, de Economía; José Ignacio de Mendiguren; Juan José Alvarez, de Interior, y Carlos Soria de la SIDE, entre otros-, que aconsejaron suspender la movilización, usando un mismo argumento: es una «provocación» que puede terminar en caos.

Ayer, en Casa Rosada, a riesgo de ser tildados de traidores, Soria y Alvarez arrimaron elementos objetivos (aportados por la Federal y la SIDE) que anticipaban un alto riesgo de incidentes por la infiltración de grupos de «ultraizquierda».

Pero el mayor peligro era que la plaza se partiera en dos: de un lado, el conurbano peronista; y, del otro, las cacerolas porteñas. El costo era impredecible.

• Negativa

De todos modos, muy pocos se atrevieron a vocear su negativa hacia la convocatoria: el nuevamente senador Antonio Cafiero y el legislador porteño Eduardo Valdez se contaron entre quienes oficializaron esa postura.

Hasta
Hugo Moyano, ayer a la tarde, en una cita reducida de el sindicato de «camioneros», se alarmó por la movilización. « Va a terminar todo en un gran quilombo. ¿Cómo van a ir los dirigentes cuestionados al frente de una marcha? Es una locura», filosofó.

En tanto, en los recreos de la cumbre organizativa que montaron en la sede de Avenida de Mayo, los ultras juraban que no querían «confrontar con nadie». Pero el vocero presidencial,
Eduardo Amadeo, por radio, dijo: «A la plaza va a ir la gente que no tiene Internet», alardeó en su populismo de oportunidad.

Todo el jueves, los coroneles del conurbano -
Manuel Quindimil, Mabel Müller, Hugo Curto y Raúl Othacehé, entre otros-repasaron la pauta de la movilización. La obsesión fue garantizar un piso de 35 mil fanáticos para que Duhalde salga a hablar al balcón.

Por eso pasaron lista más de una vez, llamando a cada intendente propio, para saber con cuántos manifestantes «espontáneos» se anotaban. Hasta que llegó la orden de Duhalde de frenar todo, pronosticaron 30 mil fieles redondeando para arriba (contra 80 mil que juntó en el cierre de campaña del '99).

Pero sólo podían llegar a ese número rompiendo el «corralito».
A 120 pesos cada micro y con «subsidios» de entre 10 y 20 pesos para cada asistente, los organizadores tendrían que desembolsar -según el cálculo de un peronista-400 mil pesos (o patacones) como mínimo.

Müller
, a media tarde, insistía en revalidar la movida. «A la tardecita irá a la plaza la gente que apoya al gobierno porque cree que Eduardo Duhalde es el que puede sacar al país de la crisis». Unos minutos después avisaba en la mesa operativa que sólo «se podrán llevar banderas argentinas».

No era casual: algunos hombres del PJ aseguraban que habría columnas aportadas por el radicalismo bonaerense (obviamente quienes responden a
Leopoldo Moreau y Federico Storani), y algún manchón en la muchedumbre para vitorear al vicejefe de Gabinete, el frepasista Juan Pablo Cafiero.

Por eso, para quitarle tufo partidario, la Müller chapeó con que la convocatoria la hacía el Grupo Productivo que a media mañana había suplicado a
Duhalde que «pesifique» todas las deudas de las PyMEs.

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