20 de julio 2001 - 00:00

Alfonsín, ¿el "cuarto gordo" sindical?

Raúl Alfonsín sinceró ayer su sociedad de facto con los sindicalistas, que le hicieron el sexto paro al gobierno de su partido, y simuló lamentarse porque la huelga de ayer «se podría haber evitado». Esa actitud contribuye a completar su perfil como el «cuarto gordo» junto a los sindicalistas Rodolfo Daer, Víctor De Gennaro y Hugo Moyano. «Los dirigentes sindicales estaban dispuestos a colaborar y ayudar, pero de pronto se les cerró todo camino de discusión», dijo el ex presidente.

El cacique radical, que ha pasado a militar por lo menos contra el ala Cavallo-Bullrich que hoy usa Fernando de la Rúa para gobernar, coincidió lisa y llanamente con la propuesta de los sindicatos de cambiar el plan del déficit cero. «Todo esto se puede rectificar. Así como a mí no me gustó, a diputados de la Alianza, a sindicalistas y a muchos dirigentes políticos no les gustó», dijo a una radio.

Aunque simuló respaldar la decisión del gobierno de aplicar un recorte del gasto público, Alfonsín sostuvo que «faltaba discutir su implementación pero no se quiso» y consideró que el gobierno «ha perdido una posibilidad muy grande de encontrar soluciones que garantizaran la paz social en el país».

De paso, el ex presidente se cebó con el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, quien propuso que los dirigentes políticos mantengan la boca cerrada hasta la Navidad para que el país zafe de la «politiquería» y remonte la crisis económica.

Además de advertir que él y los miembros de su partido tienen el deber de «discutir como corresponde, hablar sin callarse hasta Navidad y decir lo que es necesario», el ex presidente dijo que es víctima de una «verdadera operación de prensa» por parte de quienes lo juzgan como un «cuco izquierdista peligroso».

Alfonsín
selló esta nueva etapa de su vida como compañero de ruta de los sindicalistas enlazándose en un abrazo radical con el ex jefe de la CGT Saúl Ubaldini, con quien rió de un pasado de enfrentamiento que hace rato dejaron atrás. Aquí lo principal de ese diálogo de Alfonsín con Ubaldini como invitado especial.

Periodista: ¿Cuando usted escucha a Ubaldini, qué sentimiento le genera?


Raúl Alfonsín:
Nunca hemos dejado de dialogar.

Saúl Ubaldini:
Exactamente...

P.: A pesar de los 14 paros...

R.A.: 13 o 14, no importa. Ejercieron un derecho constitucional, como es el de la huelga. Yo sostenía que no nos llevaba a ninguna parte, pero de todas maneras jamás, jamás, rompimos el diálogo.

P.: Simpatía personal no le podía tener a Ubaldini...


R.A.:
No le tenía antipatía tampoco, ¿eh?

S.U.:
Ante todo, muy buenos días, señor presidente.

R.A.:
Encantado de saludarlo, Ubaldini.

S.U.:
Primero porque fue el presidente de la democracia, segundo porque jamás me persiguió, y esto no lo digo ahora, sino que lo he dicho siempre, y tercero porque teníamos otros códigos, es decir que era el respeto mutuo, y todo aquello que hace a la sensibilidad. El en cierta oportunidad me dijo en Olivos: «Saúl, entre mi ministro de Economía y usted tengo que creerle a mi ministro de Economía», y yo le dije: «Bueno, yo creo que a veces se equivocan los ministros de Economía».

P.: ¿Nunca trató a Alfonsín como Moyano a De la Rúa?


S.U.:
No, no, ni él jamás me trató a mí mal. Una vez me dijo «mantequita» y yo (se ríe) yo le dije que «llorar es un sentimiento, mentir es un pecado», pero nunca tuvimos otro roce.

R.A.:
Además, teníamos un nombre que nos unía, ¿verdad?, monseñor Bufano nada menos, con el que conversábamos ambos, él nos juntaba.

P.: Vayamos a la actualidad. Hoy tenemos un paro...


R.A.:
Creo que hubiera sido evitable, porque nunca he notado en la dirigencia sindical, en la dirigencia empresaria y en la dirigencia política la voluntad que existía de llegar a una solución que afianzara y afirmara este cambio que se quería realizar en el país sobre la base de dejar de endeudarse. Porque la manera de ser libre, como dijo hace poco el embajador de Suecia, es dejar de deber, dejar de endeudarse hacia afuera.

Aportes

P.: Explíquenos usted, que fue presidente, por qué el gobierno no puede ir sobre los que más tienen, en este caso rescatar el sistema de los aportes de las empresas.


R.A.:
En principio se pensaba que lo que había que evitar era cualquier tipo de imposición nueva.

P.: ¿Y Cavallo?

R.A.:
A Cavallo lo escuché anoche (por el miércoles) y estaba muy democrático, con mucha voluntad de dialogar y de conversar. Sé que hasta altas horas han estado dialogando con el diputado Baglini, que es un hombre que conoce mucho de economía, que es un hombre muy inteligente, discutiendo este tema. Sé cómo se ha discutido en los bloques de la Alianza, cómo se ha discutido con todos los gobernadores.

P.: ¿Sirve para algo eso?

R.A.:
Creo que se está, a pesar de que ahora parecen insalvables las dificultades, en condiciones de encontrar un camino, que no será la homogeneidad absoluta, bueno... nunca se debe lograr eso, nunca se puede pensar -mejor dicho-en lograr eso, porque prácticamente no existiría la democracia, no existiría el avance, no existiría el progreso. Pero sí bases fundamentales de consenso que permitan, en el marco de esos consensos básicos, tener disensos, que son absolutamente compatibles con un régimen democrático.

P.: ¿Espera que todavía De la Rúa cambie algo?


R.A.:
No, nosotros hemos dicho con mucha claridad que no estamos de acuerdo con la implementación que se ha efectuado a esto. Sí estamos totalmente de acuerdo, y creemos que es un acierto extraordinario del presidente De la Rúa, con el déficit cero.

P.: Según la óptica de algunos funcionarios de Ministerio de Economía, o gente allegada a Cavallo, y de operadores de mercado, usted es el culpable de todos los problemas que tenemos los argentinos en estos días.


R.A.:
Sí, sin duda, la verdad tengo un poder extraordinario, fantástico, puedo hacer lo que quiera, y yo soy el culpable realmente de que haya 40 por ciento de trabajo en negro, de que se hayan liquidado empresas, de que no haya economías regionales que estén en condiciones de seguir adelante, en fin, de toda la desocupación. Y bueno, además estoy sufriendo una verdadera operación de prensa que es el resultado de que se me considera un poco un cuco izquierdista peligroso; en fin, ácrata, furibundo. Bueno, ¿qué vamos a hacer?

P.: El radicalismo tampoco pareciera que le responde a De la Rúa...


R.A.:
No, el radicalismo responde al Presidente, cómo no, si está en lo principal y básicamente y en lo más importante, de acuerdo.

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