Tal como adelantó este diario, Raúl Alfonsín visitó ayer a Fernando de la Rúa en la Casa de Gobierno para entregarle personalmente la declaración de un grupo de dirigentes de la Alianza que reclamó un cambio de rumbo en la política económica oficial. Sin plantearlo como un ultimátum, el ex presidente también le planteó a su correligionario que, según sean las medidas que anuncie Domingo Cavallo, el radicalismo podría aislar a la administración a partir de una reunión de conducción que está citada para el próximo martes.
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Alfonsín visitó al Presidente acompañado por uno de sus colaboradores más estrechos, Raúl Alconada Sempé. De la Rúa y Alfonsín dieron a conocer después sus opiniones sobre el encuentro que habían protagonizado. Fue llamativo el esfuerzo que hicieron, ya que, con tal de aparecer coincidentes, hasta cambiaron el sentido de las palabras. El Presidente dijo coincidir con el documento en el cual radicales y frepasistas le reclaman un «cambio de rumbo». Sólo se quejó de que le pidieran esa rectificación, debido a que, según él, «el gobierno comparte la necesidad de la reactivación del país». En realidad, si desde la UCR y el Frepaso le pidieron que cambie de rumbo es porque creen que con la política actual no llegará nunca a ese objetivo de reactivación. Alfonsín lo dijo claramente: «No puede ser que se vaya de ajuste en ajuste porque esto es, en definitiva, una concepción de la que debemos escapar».
En la intimidad de la reunión, De la Rúa y Alfonsín se hablaron con sinceridad, al menos con toda la sinceridad que se permiten los radicales entre ellos. El jefe partidario le expuso al Presidente que hay grandes sectores del partido -no los mencionóque quieren la ruptura con el gobierno y otros que aconsejan que la UCR y la Casa Rosada actúen con total autonomía. También hizo referencia a que el Frepaso está por desmembrarse definitivamente si no se le envía una señal amistosa. El mensaje de Alfonsín fue bastante explícito: «No estamos en ninguna jugada institucional ni mucho menos; pero una mayor debilidad de tu gobierno, si se produce un conflicto con el partido, puede complicar definitivamente tu situación». La tesis del ex presidente, expuesta en términos que él no podría usar delante de De la Rúa, es la siguiente: si el partido te deja solo, el PJ tardará poco en voltear al gobierno.
El Presidente razonó largamente sobre las dificultades para cambiar el rumbo tal como se lo exigen, es decir, para salir del camino de racionalidad económica por el que con estoicismo se viene moviendo. Volvió sobre las dificultades que encontró al acceder al gobierno y sobre las que aparecieron durante el ejercicio. Fue especialmente minucioso al recordar la forma en que debió deshacerse de Ricardo López Murphy: para él, la responsabilidad de la llegada de Cavallo al gobierno la tienen quienes vetaron el plan de López Murphy, es decir, los mismos que ahora le piden un giro en la política económica. Finalmente, llegó a la situación actual: «Con las dificultades de financiamiento que tenemos, sin poder acceder a dinero fresco, cualquier modificación es ilusoria». Después el Presidente desafió: «Lo que les ofrezco es que vengan a Olivos los que firmaron la declaración y discutimos allí qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer».
Premisas
La lógica a partir de la cual Alfonsín pidió la reunión está presidida por estas premisas. En primer lugar, el programa de déficit cero está para él agotado, salvo que se produzca un nuevo ajuste para él insoportable. Lo dijo al salir: «Yo he declarado solemnemente que no voy a votar ningún ajuste más que recaiga sobre los sueldos de los trabajadores del Estado ni sobre los haberes jubilatorios».
En segundo lugar, Alfonsín cree que efectivamente habrá una nueva restricción fiscal y advierte que, según cuál sea su naturaleza, la UCR no estará al lado de De la Rúa para convalidarla. Ayer, por ejemplo, le preguntó al Presidente si entre las medidas que se anunciarán está el arancelamiento de las universidades. Le dijeron que nadie estaba pensando en eso. A la salida del encuentro, el jefe radical explicó que se interesó por el tema «porque estaba teniendo problemas con la Juventud del partido, con Franja Morada». Como se ve, su mirada sobre la economía es hoy casi gremial.
Alfonsín anticipó, además, que el martes próximo habrá una reunión del Comité Nacional partidario para fijar una posición definitiva respecto de los poderes especiales que el Congreso le atribuyó al Ejecutivo. Es decir: después de recordarle a De la Rúa cuál es el catecismo radical respecto de nuevas medidas económicas (entre las cuales la más inquietante para Alfonsín y los suyos es la eventual dolarización), le adelantaron también el castigo que aplicarán frente a la «herejía»: los bloques oficialistas podrían retirarle al gobierno las facultades que le extendió el Parlamento.
Es evidente que Alfonsín prevé una ruptura, para la que ayer comenzó a prepararse no sólo con esta liturgia de reuniones partidarias y visitas a la Casa Rosada, sino, además, con declaraciones explícitas. «Nosotros tenemos la responsabilidad de apoyar al gobierno, pero también es indudable que tenemos la responsabilidad de apoyar a nuestras propias convicciones, a nuestros propios principios, a nuestros ideales», arguyó el ex presidente, con un lenguaje exaltado que recordaba, por ejemplo, a los «radicales que no bajan las banderas» que se levantaron contra las leyes de obediencia debida y punto final.
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