«Tenemos que estar en contra del Fondo, pero el gobierno tiene que sacar las leyes.» Como tantas veces en su vida, Raúl Alfonsín volvió ayer a buscar la cuadratura del círculo con este consejo, que escucharon varios senadores. La pretensión, aunque en sí misma contradictoria, permite ver el drama en que se encuentra el ex presidente. Por un lado, sus huellas digitales quedaron grabadas en la gestión de Eduardo Duhalde: tanto en su llegada al poder como en sus principales decisiones, incluida la devaluación «a lo Bin Laden» que se practicó en enero. Además, hizo varias gestiones delante de Duhalde y de su íntimo colaborador, José Pampuro (quien hace «clearing» de tabacos con Mario «el escapista» Brodersohn), para que el oficialismo se incline a acordar con los organismos multilaterales: «Hay que firmar el acuerdo aunque nos cueste sangre porque lo contrario es la caída del gobierno y la dictadura» predicaba Alfonsín, temeroso de que el fracaso de Duhalde lo obligue a enfrentar las urnas, que para los radicales hoy son lo que la criptonita para «Superman».
Todavía hoy piensa lo mismo, sólo que una circunstancia principal cambió para él: muchos radicales, dirigentes de la línea media de la provincia de Buenos Aires, amenazan con abandonar la UCR detrás del sueño huracanado de Elisa Carrió. Quien primero captó esa corriente es Federico Storani, experto en fugas oportunistas. Como saben bien los adherentes al radicalismo Alfonsín tolera muchas cosas, menos que «Fredi» se le ponga a la izquierda y lo mortifique por pactar con los gobiernos. Gracias a esta gravitación automática de Storani sobre «don Raúl» se produjeron algunos milagros. Por ejemplo, que Alfonsín tuviera la disciplina y concentración como para escribir un libro, «Democracia y Consenso», primer y único tomo de una obra de cinco volúmenes, por supuesto inconclusa. El trabajo estuvo dedicado, desde la primera hasta la última página, a aplacar al líder de Gonnet, enojado por aquel entonces porque el ex presidente hubiera suscripto el «pacto de Olivos».
Ruptura
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Ahora Storani advirtió que la popularidad de Duhalde cae más rápidamente y notó que el acuerdo con el Fondo se va a producir y que exigirá una cantidad de esfuerzos y costos que, si no quiso compartir con Fernando de la Rúa (que lo hizo ministro) menos compartirá con Duhalde. Por eso «Fredi» se levantó de la mesa del «pacto bonaerense» y denunció a sus socios, sobre todo a Moreau, por seguir participando del convenio. Tal vez haya que esperar el tomo dos de Alfonsín.
Como la interna radical es incesante -posiblemente continúe más allá de la existencia del partido mismo-, el gobierno comenzó a padecer estas tensiones. Un sector cada vez más importante de la UCR endureció su política parlamentaria frente al Presidente, no tanto por obstruir la acción oficial sino para dejar al descubierto que los socios elegidos por Duhalde (Moreau, Alfonsín, etc.) no manejan el partido. El problema apareció ayer muy claramente, durante una reunión que se realizó en el Comité Nacional y que presidió el rionegrino Pablo Verani. Allí, en presencia de los diputados Jesús Rodríguez (extensión porteña del radicalismo filoduhaldista), Walter Cevallos y Jorge Pascual y de los senadores Carlos Maestro, Amanda Isidori y Luis Falcó, el gobernador se mostró enardecido por la reticencia del partido a prestar apoyo en el Parlamento para que el gobierno pueda tratar la ley de Subversión Económica. Los legisladores, en especial Maestro y Falcó, le hicieron notar que «no podemos estar más cerca de Duhalde lo que lo están los 8 disidentes del PJ». Pero Verani insistió: «Nosotros, los gobernadores, firmamos un documento en el que recomendamos modificar y hasta derogar la ley, así que no podemos mandar eso por la borda porque el bloque del PJ tenga problemas. Quedaríamos muy desubicados». • Nueva orientación
Junto al diputado Pascual, Verani se entrevistó después con Jorge Matzkin. En el despacho del ministro se discutió la nueva orientación que tendrá el trato del gobierno con la UCR, que circulará en adelante sobre carriles institucionales. Es un cambio de lógica, sin duda: los bloques hoy son controlados por los adversarios a Alfonsín, Moreau y Storani. En el gobierno ya hubo alguna sobreactuación, como la de quienes le ofrecieron a José María García Arecha una embajada en un importante país hispanoamericano. «No lo conocen a Pepe; en una situación como la que atraviesa el país, seguramente se va a querer quedar aquí, inclusive para cooperar con la recuperación del partido» comentó ayer un amigo del ex senador en la casa de la calle Alsina. En efecto, García Arecha agradeció el decreto, que convalidaba otro de De la Rúa. El gesto oficial, sin embargo, fue una señal de la nueva lógica.
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