Alfonsín y Alvarez acordaron método de "control de gestión"
Raúl Alfonsín terminó la jornada cenando anoche solamente con Fernando de la Rúa en Olivos para contarle lo principal de la charla que había mantenido por la tarde, también a solas, con Carlos Alvarez en el departamento que el ex presidente radical tiene en la avenida Santa Fe de la Capital Federal. La misión era delicada porque debía explicarle al dueño de casa lo que había acordado con el voluble ex vice: organizar una comisión de vigilancia del gobierno integrada por Alfonsín, Chacho y un seleccionado de funcionarios de la primera línea. A la cena de anoche estaba convocado uno de los anotados para ese comité, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, pero declinó la invitación porque a la misma hora negociaba en una embajada una agenda más importante, la que cumplirá el 10 de abril en el país el presidente de China, país que puede convertirse en un megacliente clave. Ese comité de vigilancia tendría la función de hacer un seguimiento de los temas de gobierno y de la conducta de los funcionarios, y es para el radicalismo una manera de contener a un Chacho al que los principales dirigentes radicales quieren más cerca que lejos en este año electoral y que creen que con algún rol deben pagarle la amistad.
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Impresión
La comisión tendrá por misión la que le asignó Storani en sus últimas intervenciones públicas: de «contener a Alvarez» para que no siga disintiendo con el gobierno. Como si las posturas del jefe del Frepaso fueran reclamos afectivos más que postulados políticos. Para Alfonsín esa contención deberá pagarla De la Rúa con más generosidad en el reparto de cargos, cosa que si no entusiasma a Alvarez alborozará a Rodil, experto en armar estructuras en la provincia de Buenos Aires gracias a su gravitación en el Ministerio de Desarrollo Social.
Explicaciones
Anoche el jefe radical explicaba largamente las cosas habladas con «este hombre» (así se refiere a Chacho cuando expone frente a radicales). En la Casa Rosada la creación de esa comisión no tiene que ver tanto con las rabietas de Alvarez sino con la necesidad de exhibir un frente unido ante los inversores. Sucede que desde el exterior -lo sabe José Luis Machinea- siguen formulándose reparos a la capacidad del oficialismo para llevar adelante un programa sobre todo en el Congreso. La experiencia más inmediata es la de la reforma previsional.
Desde esta perspectiva, De la Rúa bendijo la idea anoche. Eso sí, no quiere que tenga el aspecto que inevitablemente querrá darle Alvarez para sacar méritos ante la dirigencia del Frepaso que lo acusa de «testimonialista»: que se trata de un soviet de dirigentes partidarios para controlar al Gabinete del Presidente y, eventualmente, sacarle cargos burocráticos dentro de la gestión./




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