23 de enero 2001 - 00:00

Alfonsín y Alvarez acordaron método de "control de gestión"

Raúl Alfonsín terminó la jornada cenando anoche solamente con Fernando de la Rúa en Olivos para contarle lo principal de la charla que había mantenido por la tarde, también a solas, con Carlos Alvarez en el departamento que el ex presidente radical tiene en la avenida Santa Fe de la Capital Federal. La misión era delicada porque debía explicarle al dueño de casa lo que había acordado con el voluble ex vice: organizar una comisión de vigilancia del gobierno integrada por Alfonsín, Chacho y un seleccionado de funcionarios de la primera línea. A la cena de anoche estaba convocado uno de los anotados para ese comité, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, pero declinó la invitación porque a la misma hora negociaba en una embajada una agenda más importante, la que cumplirá el 10 de abril en el país el presidente de China, país que puede convertirse en un megacliente clave. Ese comité de vigilancia tendría la función de hacer un seguimiento de los temas de gobierno y de la conducta de los funcionarios, y es para el radicalismo una manera de contener a un Chacho al que los principales dirigentes radicales quieren más cerca que lejos en este año electoral y que creen que con algún rol deben pagarle la amistad.

A Raúl Alfonsín no le gusta el papel de correveidile en que quedó involucrado anoche, involuntariamente. Por eso se esforzó tanto en aclarar que la comida en la que participaba en Olivos había sido pactada el domingo. Es decir, buscó desmentir por todos los medios que, terminada su reunión con Carlos Chacho Alvarez, se subió a un auto para ir a contarle a Fernando de la Rúa lo que habían conversado.

El encuentro de Alfonsín con Alvarez duró relativamente poco si se considera que ambos son de retórica extendida y que, además, tienen mucho para ponerse de acuerdo (o seguir disintiendo, según se quiera). Estuvieron 45 minutos a solas en el octavo piso del edificio de la avenida Santa Fe, donde «don Raúl» tiene su casa.

Impresión

La versión que difundió Alfonsín entre los suyos dejó la impresión de que la entrevista fue un encuentro entre dos se-ñores de su casa, apenas informados; no dos jefes partidarios de fuerzas que, además, son gobierno. Es decir: se trató de una conversación agradable, en la que ambos coincidieron en que el gobierno ha mejorado su performance y en que se ha distendido el clima público.

Ese relato, que reproducían ayer los voceros formales e informales de Alfonsín, ocultó que para el viejo caudillo radical se despejó una incógnita importante: el Frepaso lo acompañará en la provincia de Buenos Aires designando a la mujer que lo secundará como candidata a senadora. Esa postulación se la disputan María América González, Nilda Garré (a través de algunos punteros ex bordonistas, como ella) y Diana Conti. El jefe de la UCR hizo un punteo rápido sobre esos nombres junto con su invitado pero no consiguió que le definieran el nombre de la «cupo» que le pondrán al lado.

Sobre las candidaturas de la Capital se hizo un repaso lo más breve posible: Alvarez se quejó de Federico Storani por postularlo diariamente sin atender a que él ya dio su palabra al jurar que no se postulará. Chacho casi le hizo morder la lengua a Alfonsín cuando le mencionó las declaraciones de Fernando «Aíto» de la Rúa diciendo que «no puedo hablar de su candidatura (la del propio Alfonsín) porque no lo tengo medido». El viejo caudillo de Chascomús aplicó todo su arsenal de ardides para que Alvarez le confesara si verdaderamente no será candidato. Pero no logró confesiones: sólo quejas por las operaciones que, según le cuentan, estarían dispuestos a hacer en su contra desde el entorno presidencial.

Para que la agenda del encuentro no fuera exclusivamente negativa, Alfonsín se empeñó en reflotar con Alvarez la idea de una comisión interpartidaria para monitorear la actividad del gobierno. A Chacho le pareció bien la idea, que ya había comentado con Chrystian Colombo. En rigor, se trata de una propuesta del propio jefe del Frepaso pero gestada en los tiempos de optimismo oficialista. Quedaron en que integrarán ese comité ellos dos como jefes de partidos, algunos funcionarios del gobierno y diputados del Frepaso. Nombres: Colombo, Storani, Rafael Pascual, Darío Alessandro, José Vitar (también llamado «el locatario») y Rodolfo Rodil.

La comisión tendrá por misión la que le asignó Storani en sus últimas intervenciones públicas: de «contener a Alvarez» para que no siga disintiendo con el gobierno. Como si las posturas del jefe del Frepaso fueran reclamos afectivos más que postulados políticos. Para Alfonsín esa contención deberá pagarla De la Rúa con más generosidad en el reparto de cargos, cosa que si no entusiasma a Alvarez alborozará a Rodil, experto en armar estructuras en la provincia de Buenos Aires gracias a su gravitación en el Ministerio de Desarrollo Social.

Explicaciones

Anoche el jefe radical explicaba largamente las cosas habladas con «este hombre» (así se refiere a Chacho cuando expone frente a radicales). En la Casa Rosada la creación de esa comisión no tiene que ver tanto con las rabietas de Alvarez sino con la necesidad de exhibir un frente unido ante los inversores. Sucede que desde el exterior -lo sabe José Luis Machinea- siguen formulándose reparos a la capacidad del oficialismo para llevar adelante un programa sobre todo en el Congreso. La experiencia más inmediata es la de la reforma previsional.

Desde esta perspectiva, De la Rúa bendijo la idea anoche. Eso sí, no quiere que tenga el aspecto que inevitablemente querrá darle Alvarez para sacar méritos ante la dirigencia del Frepaso que lo acusa de «testimonialista»: que se trata de un soviet de dirigentes partidarios para controlar al Gabinete del Presidente y, eventualmente, sacarle cargos burocráticos dentro de la gestión./

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