La idea de Aníbal Ibarra de conformar un frente de centroizquierda, en reemplazo de la fracasada transversalidad, comenzó a enfriarse ante la negativa de sus eventuales socios políticos de ese sector a ponerle un sello pro kirchnerista a esa suerte de Frepaso remozado que intenta el jefe de Gobierno porteño.
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Distanciado de Elisa Carrió y en sintonía con el gobierno, Ibarra elude definiciones que por estos días le piden el socialismo de Hermes Binner, el cordobés Luis Juez y el moronense Martín Sabbatella, con los que quiere compartir esa alianza y presidirla. Sabbatella -ex Frepaso- por ejemplo, el martes próximo lanzará su propio partido político a nivel nacional y acudirá a esa presentación el Partido Socialista unificado. Entre unos y otros comparten los mismos resquemores hacia Ibarra. Quieren que el sector que intentan sea autónomo. Por lo bajo, la tropa socialista asegura que «no se entiende lo que quiere Ibarra, habla de un espacio de centroizquierda pero al mismo tiempo dice que la estrategia es con el gobierno nacional».
Es que Ibarra no logra convencer al gobierno, en la persona de Alberto Fernández, de que un frente de centroizquierda no significa sellarle la oposición. Tampoco quiere creerle Fernández, que actuaría ese polo en apoyo de Néstor Kirchner. Eso ofusca al jefe de Gabinete, según aseguran los más íntimos colaboradores de Ibarra, que definen ese estado de ánimo como «las rabietas de Alberto». A eso se suma la discordia que en el mismo sentido mantiene su hermana Vilma Ibarra -aliada a A. Fernández- con el jefe de Gabinete de Ibarra, Raúl Fernández.
• Sin destino
El funcionario porteño quiere aliados ante la desaparición del Frente Grande con miras a desembarcar en algún punto en 2007, cuando termine el mandato del jefe porteño. Esos ibarristas se sueñan sin destino cierto en medio de una campaña que para entonces sólo aspire a consagrar al jefe de Gobierno en el Senado como retiro de su gestión municipal. Quieren un heredero que los mantenga en la política de la Capital Federal y consideran así que las elecciones del año que viene les debería deparar al menos un bloque de legisladores que no tienen (sólo tres) en la cámara local, donde las relaciones entreibarristas y kirchneristas son ríspidas. Curiosamente son más amenas entre ibarristas y ARI (dos legisladores), cuando Carrió e Ibarra hace rato que no se hablan. De todos modos, los aristas aseguran que irán solos al cuarto oscuro próximo y desarman de ese modo la teoría del ibarrismo de desdoblar las elecciones locales de las nacionales. Es que el ex Frente Grande (Vilma Ibarra intentaría armar un congreso para hacerlo sobrevivir) está a tal punto disperso que ya mucha tropa de Ibarra piensadarle su voto a Carrió. Otra porción se está acercando a Rafael Bielsa.
El miércoles por la noche, una cena reunió en torno al bielsista Milcíades Peña ( legislador porteño), los cancilleres Guillermo Oliveri y Eduardo Valdés y Alicia Oliveira, a varios funcionarios de la tercera línea del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. De corte peronista, esa mesa aspira a darle apoyo a una eventual candidatura de Bielsa, para 2007, si se postulara en reemplazo de Ibarra.
Con esa controversia interna y las dudas de Ibarra, Sabbatella, afín en algunas cuestiones con el gobierno, reniega de una junta que no sea autónoma y que termine «como un dispositivo satelital del PJ». Más explícito, desde el socialismo el secretario general del PS, Oscar González, dice que «criticamos la idea de la transversalidad porque incorpora personas aisladas. Somos partidarios del frente de centroizquierda autónomo, independiente del gobierno». Sin Ibarra, Juez, el único peronista del grupo, alió su partido municipal con el socialista y la UCR en Río Cuarto y consagró al intendente.
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