¿Anécdota o anticipo de diálogo frustrado?
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Al margen, los entreveros de ayer en Montevideo y Colón, responden a una matriz más simple y llana: la falta de acción -o de reacción- de Néstor Kirchner frente a un conflicto (y sus efectos derivados) que no permite imaginar ninguna salida negociada.
En Montevideo y en Colón hubo gritos, trompadas, fuego y amenazas de sangre. En dos marcadas diferencias: en Uruguay, intervino la policía charrúa para custodiar a los asambleístas y piqueteros argentinos; en Entre Ríos, en cambio, Gendarmería miró «de cerca».
Esto último no sorprende. Salvo en el caso Buquebús, inyectado de otras cuestiones mundanas, la Casa Rosada decidió dejar hacer libremente tanto a los asambleístas que bloquean los puentes como a los vecinos o militantes que se oponen a los cortes.
Un hecho similar, que involucró al mismo actor -el dueño de una estación de servicio lindera a la ruta-ocurrió en Colón en abril pasado. A fin de año, en Concordia un grupo logró evitar una movilización que se dirigíaa interrumpir el tránsito entre esa ciudad y Salto.
En Uruguay, en tanto, hubo incidentes aislados con turistas argentinos a principios de año, pero lo de ayer fue diferente: la « visita» de asambleístas y piqueteros puede interpretarse como una provocación a pesar de que se hicieron sondeos oficiales previamente.
El embajador Hernán Patiño Meyer consultó si las protestas serían permitidas y le informaron que sí. Pidió custodia para los argentinos que viajarían y ayer un grupo de uniformados uruguayos impidió que la agresión verbal escale a violencia física.
En Colón, por el contrario, unos quince efectivos de Gendarmería que estaban apostados al lado del bloqueo, se limitaron a observar cómo un grupo de personas amenazaba a los asambleístas. Siguieron como observadores privilegiados cuando despejaron la ruta.
Se mantiene así una regla de oro para la administración Kirchner: no intervenir para levantar los cortes ni, tampoco, actuar si se intenta despejar la ruta. Así y todo, nunca se dejará de manifestar la inconveniencia de los bloqueos para la negociación.
Hay un dato adicional: los gritos y apretujones de uruguayos en la plaza de Montevideo contra una comitiva de argentinos que retransmitió la TV de ambos países, modificó la percepción sobre el rol, autoimpuesto, de « víctimas» de los uruguayos.



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