Angulo, casi un duhaldista, nuevo embajador español
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Colaboró también con esa aproximación el periodista José Ignacio López. Con Casaretto terminó de configurarse el núcleo de lo que se conocería como «Diálogo Argentino». Una trama de relaciones muy amplia imaginada por Duhalde para disolver las responsabilidades de la crisis en un ciclo que vio caer a dos presidentes en una semana.
Sentado en sus oficinas del PNUD, Angulo vio en esos meses pasar delante de sí a toda la dirigencia argentina. Empresarios, banqueros, sindicalistas, religiosos, piqueteros, intelectuales, no hubo sector que no hablara con él. De pronto se vio centro de todos los flashes hasta el extremo de que Duhalde proclamó, ante una consulta de los periodistas, que «mi programa es el del 'Diálogo Argentino'». Angulo quedó convertido desde entonces casi en una « manzanera» de lujo.
• Amigos
A pesar de la multitud de contactos ganados durante esos meses, el círculo más estrecho de amigos de Angulo -a quienes invitaba por las noches a comer pescados a Oviedo, en Ecuador y Beruti-lo componen Olivera, «Nacho» López, Ricardo Gil Lavedra, Casaretto y Víctor De Gennaro, el sindicalista preferido de Kirchner. Serán, en adelante, el elenco estable de la embajada, cuando de allí se aleje Manuel Alabart, el representante del gobierno de Aznar y, paradójicamente, gran amigo de Bettini. En el gabinete, el hombre de Zapatero tiene intimidad con José Pampuro, Aníbal Fernández (por su condición de ex ministros duhaldistas) y Rafael Bielsa, que lo condecoró antes de que dejara la representación del PNUD (bien mirado, el canciller también es hoy más hombre de Duhalde que de Kirchner, como el nuevo embajador de España).
¿Mejorarán las relaciones con España gracias a esta designación amistosa? Un desafío para Angulo, seguramente. Ahora no será el terapeuta de la crisis sino el representante de «la metrópoli» en que se transformó Madrid a partir de la « segunda conquista de América» protagonizada en los '90. En esa condición, el nuevo embajador deberá defender los ingresos y utilidades de las empresas reguladas de servicios públicos, restringir las expectativas del gobierno de Kirchner respecto del estatus de los argentinos indocumentados radicados en España y conseguir que el Congreso Internacional de la Lengua se salve del destino de fracaso en noviembre.
Si se atiende a la argumentación del oficialismo frente a la comunidad internacional, cuya mejor versión la produjo Horacio Rosatti en sus alegatos del Ciadi, todos los incumplimientos nacionales se deben a la dimensión de la crisis de 2001, que sumergió al país en el estado de necesidad. ¿Serán las razones que esgrimirán los funcionarios ante Angulo cuando el diplomático reclame por tarifas o por la devolución del dinero -en realidad, u$s 2.000 millones- que prestó España para el blindaje de José Luis Machinea? Tal vez le citen sus propias expresiones cuando administraba el «Diálogo», se codeaba con obispos y expresaba la voz de la clemencia.

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