¿Aníbal Fernández y Estela Carlotto, una fórmula K?

Política

En el peronismo bonaerense se considera ya un dato sabido que Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde han llegado a un acuerdo respecto de la oferta electoral de este año. Ese entendimiento supone que Cristina Fernández de Kirchner no presionará por la candidatura a senador. Todo indica que ella renovará su banca por Santa Cruz y que, por lo tanto, se verificará la confesión que el caudillo de Lomas de Zamora les hizo a varios de sus amigos en los últimos meses: «Néstor jamás me habló de lanzar a Cristina en la provincia; la única vez que tocó el tema fue para consultarme sobre qué me parecía su participación en la Capital». Inesperada coincidencia, Felipe Solá también suele decir lo mismo ante los suyos, sólo que con un tono totalmente distinto.

Si la primera dama no incursiona en su distrito natal, tampoco es seguro que el PJ quede representado por su antecesora en Olivos, Hilda González de Duhalde, Chiche. Si bien el marido de la diputada cree estar en condiciones de lanzarla nuevamente como nave insignia de su fuerza, Kirchner ha reiterado delante de mucha gente que «si quiere poner su apellido en la victoria que Duhalde pelee por la senaduría». La participación de Chiche, está claro, tiene que ver con esa «suscripción» del resultado. Por eso el propio ex mandatario ha dicho: «Bien pueden ir las dos, Cristina y Chiche, a las elecciones de este año». Misterioso, no quiso traducir. Lo que estaba planteando es que bien puede suceder que, si Aníbal Ibarra consigue realizar el plebiscito porteño y obtiene en él una victoria contundente, la Casa Rosada podría apostar a una gran campaña metropolitana con Cristina como emblema. No es lo que piensa Kirchner. Al menos por ahora.

Duhalde espera con cierta ansiedad el momento de encontrarse a solas con Kirchner. No pensaba que fuera ayer, aunque ambos se encontraron en Montevideo para saludar el ascenso de Tabaré Vázquez al poder (a propósito: ¿seguirá siendo Hernán Patiño Mayer el embajador, ahora que se fue Jorge Batlle?). Además, el Presidente cruzó el Plata en helicóptero, un vehículo ideal para no hablar con nadie (es la «moda Schiaffino» más cierta aprehensión política por los aviones, comprensible en estos días). Por lo tanto, mientras sigue el empate, esa candidatura vacante va probándose otros nombres.

• Auspicios

El más visible en estas horas es el de Aníbal Fernández, el ministro del Interior. Su lanzamiento se correspondería con una campaña con gran intervención de Kirchner y Duhalde, en la que el quilmeño aparecería como una especie de intersección. Muchos dirigentes de la provincia auspician esa salida. Algunos, porque son amigos de Fernández, como es el caso de José María Díaz Bancalari (copropietario oculto del ministerio). Otros, porque suponen que la senaduría es una plataforma mucho más ineficiente (y pobre) para competir por la gobernación. Son los que piensan en 2007. Aníbal, el interesado, tiende a ver las cosas como estos últimos. Por eso se resiste a complicarse en esta trama y le manda a decir a Kirchner, por todos los medios, que «es mejor terminar con algunas tareas pendientes en la cartera». Es cierto, todavía está en curso la reforma política (¿qué habrá pasado con aquellos anuncios del Coloquio de IDEA, en Mendoza?) y la instalaciónde un nuevo sistema de identificación de personas. Inobjetable: lo pide Juan Carlos Blumberg. Sólo un acuerdo de difícil factura en la política podría corregir el costo de abandonar el ministerio: que con la senaduría le otorguen al ex intendente de Quilmes la candidatura a gobernador «a futuro».

La estadística no le juega del todo a favor a Aníbal. Otros miembros del gabinete también serán enviados a competir en el gran torneo de este año.

Horacio Rosatti irá a Santa Fe; Rafael Bielsa, a la Capital; Héctor Icazuriaga, a Santa Cruz (lo que desata una interna feroz por la jefatura de la SIDE, que tiene en vilo al propio Francisco Larcher, su segundo y mandamás), ¿por qué no Aníbal a Buenos Aires? preguntan los interesados en probarse esa cartera.

La opción de que la candidatura al Senado sea encarnada por un varón, como Fernández, abre otra incógnita relevante: ¿qué mujer lo acompañaría? En la penumbra sólo se insinúa una figura: Estela de Carlotto, por quien sí Kirchner pidió a Duhalde. Es cierto: estaban pensando en la lista de diputados.

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