20 de marzo 2001 - 00:00

Anoche nadie sabía en qué cargo quedaba

Llegó a las 8 de la noche Fernando de la Rúa de Chile -donde confirmó el ingreso de Domingo Cavallo al gabinete-y partió a Olivos donde había convocado a sus principales ministros y al ascendido Cavallo. Sería noche de definiciones. Hacia allí también partió Ricardo López Murphy, también venido de Santiago, tras pasar por Economía y recordarle a su equipo que el Presidente lo había confirmado en el cargo (bajo su condición personal: mientras se ahorren $ 2 mil millones, no importa qué partidas se corten). El equipo lo escuchó, pero luego deliberaron sobre los planes de Domingo Cavallo: estiman que éste ha sido ganado por la política en contra de la ciencia económica y que podría ser malo para el país no realizar ajustes a provincias o Universidad y aumentar los aranceles. Eso piensan que haría Cavallo, a quien otra vez ayer Roque Fernández acusó de querer devaluar.

Desconocimiento

Lo cierto es que López Murphy desembarcó en Olivos sin conocer su destino: parte del radicalismo -los alfonsinistas, sobre todo-y el Frepaso íntegro reclamaron durante todo el día su salida del gobierno y el fin de las medidas que anunció el viernes pasado. Con esa complejidad empezaba a lidiar el Presidente. No era lo único: otro tema era la ubicación de Cavallo en el gobierno, ya que la segura Jefatura de Gabinete se complicó por otras ideas. El Frepaso, en apariencia, además de cuestionar a López Murphy, ofreció la posibilidad de que Carlos Chacho Alvarez volviera a la Administración, pero como jefe de Gabinete al tiempo que corrían a Cavallo a Economía. Esa propuesta era avalada por Raúl Alfonsín desde los Estados Unidos -de donde llega hoy-, entendiendo sus operadores que eso robustecía la Alianza. Otros radicales, en cambio, también a favor del desplazamiento de López Murphy (allegados a Enrique «Coti» Nosiglia), planteaban la conveniencia de que Chrystian Colombo permaneciera en la Jefatura de Gabinete, Cavallo fuera a Economía y Alvarez a la cabeza de los fusionados ministerios de Justicia y Educación. Como se observará, un dilema a resolver, ya que en todos estos casos también hay que atender la opinión de Cavallo. No en vano De la Rúa evitó, durante la jornada, decir a qué lugar ministerial iría el convocado Cavallo.

Quedaba otra cuestión importante: la relación o acuerdo con los gobernadores peronistas, quienes por la tarde reclamaron el retroceso de las medidas dispuestas por López Murphy y, a su vez, desestimaron la posibilidad de «entregarle un cheque en blanco al gobierno, a Cavallo especialmente, en tiempos de democracia» (la misma declaración hicieron José Manuel de la Sota y Carlos Ruckauf, aunque éste parece más indispuesto con el oficialismo). Esto, claro, se refiere al reclamo del artículo 76 de la Constitución con superpoderes que el gobierno le pidió a la oposición. Para quienes participaron de todas estas deliberaciones, el trámite de resolución final demandaba más tiempo del que parece exigir el momento.

Sin embargo, la prisa empujaba a la decisión, debido a que los mercados siguirían expresándose contra el gobierno. De esto parecía consciente De la Rúa, aunque él no es hombre de actuar con celeridad. Lo cierto es que nadie pensaba en el servicio de la cena que acompañaba como excusa de este importante cónclave.

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