13 de marzo 2009 - 14:55

Anoche, en Olivos, se tejió la trama del adelantamiento electoral

Cristina de Kirchner y su marido se decidieron el jueves por la noche a adelantar al 28 de junio las elecciones para diputados y senadores nacionales sobre la base más simple que puede dar hoy la situación: en medio de una crisis, nada mejor que librar la batalla antes que la situación general se deteriore y con ella los recursos para afrontarla.

En otras palabras es lo que dirán los considerandos del proyecto de ley que la Presidente enviará al Congreso para suspender por única vez los plazos electorales y convocar a la nueva fecha de elecciones. De ahí que el anuncio de Mauricio Macri de desdoblar los comicios porteños haya actuado como un justificativo político a una decisión que Néstor Kirchner maduraba desde hace tiempo. Ahora el Congreso deberá aprobar la modificación al Código Electoral antes del 28 de marzo, para dar tiempo a los 90 días previos para la convocatoria a elecciones, la presentación de alianzas y candidaturas. Para aprobar esa ley la Constitución exige una mayoría calificada: 129 votos positivos en Diputados y 37 en el Senado. El kirchnerismo está convencido que los tiene y de hecho algunos sectores de la oposición, como Francisco de Narvaez o la propia Hilda "Chiche" Duhalde pusieron reparos a la decisión pero adelantaron que no se negarán a discutirla.

Hay otros casos más incómodos, como el de Elisa Carrió. La jefa de la Coalición Cívica le reclamó a Mauricio Macri que unificara las elecciones, por lo que ahora se verá forzada a explicar por qué se resiste al adelantamiento del gobierno.

Como sea, la batalla en el Congreso tiene sus peligros. Casi toda la oposición ya adelantó que si se discute una reforma al Código Electoral, también deberán debatirse otros temas de la agenda caliente de la crisis, como la modificación al sistema de retenciones a las exportaciones de granos que el martes quieren aprobar en una sesión especial. Deberá el kirchnerismo soportar que en la sesión donde discutan la reforma electoral, el radicalismo, la Coalición Civica y el socialismo pongan como condición el debate pendiente sobre el campo.

A esos peligros debe sumarse que a los Kirchner nunca les fue bien en la discusión de cuestiones institucionales referidas a elecciones. Como muestra basta el debate por la reelección de Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires o la derrota del oficialismo en Misiones cuando el gobernador Carlos Rovira quiso eternizarse en su puesto.

Incluir una modificación en la fecha de las elecciones en una ley de emergencia es, en realidad, un gesto político que no se condice con el sistema republicano. En general, las elecciones son una solución a las tensiones de un país y no un problema. De hecho, la Argentina parece ser el único lugar en el mundo que, teniendo un sistema no parlamentario, modifica las fechas electorales de acuerdo a las conveniencias del momento.

Pero esta no será la única ocasión en que se acudió a ese recurso en medio de una emergencia. En el 2003, después del asesinato de los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillan, Eduardo Duhalde adelantó las elecciones. El ex presidente creyó que su futuro se terminaba y modificó la convocatoria que luego ratificó el Congreso.

También se recuerda el debate que se dió en mayo de 2007, donde se habló también de un adelantamiento de las elecciones cuando se cuestionó la fecha de finalización del mandato de Néstor Kirchner. El ex presidente había asumido el 25 de mayo de 2003 y aún le restaba hasta el 10 de diciembre de 2007 para traspasar el mando. Esa discusión se zanjó finalmente interpretando que Kirchner había asumido para completar el mandato de Fernando de la Rúa y luego iniciar el suyo. Carlos Menem también adelantó elecciones nacionales en las provincias, pero en este caso solo para complicarle la candidatura a Eduardo Duhalde, lo que finalmente consiguió.

La decisión de avanzar con una ley de reforma electoral explica que ese adelantamiento se le haya comunicado primero a Agustín Rossi y a Miguel Pichetto, los jefes de las bancadas kirchneristas en el Congreso, durante el encuentro de anoche en la Residencia de Olivos que se prolongó casi hasta la madrugada después que Cristina de Kirchner se les uniera tras un acto en la Casa Rosada.

El proyecto que ambos deberán defender en Diputados y el Senado establece una suspensión de plazos por única vez, basándose en la necesidad de no sumar tensión política en el país con elecciones en las provincias distribuidas durante todo el año en medio de una crisis económico-financiera, según las propias palabras del gobierno que escucharon anoche los legisladores. En términos del oficialismo esto significa apurar los tiempos para evitar el desgaste que sufre el gobierno, lo que marca un signo de debilidad que el gobierno mismo reconoce con la medida. Así, la derrota del kirchnerismo en la elección de Catamarca haya servido para comenzar a analizar la decisión y la convocatoria de Macri para lanzarla.

No resulta extraño, entonces, que el proyecto también incluya una convocatoria a todos los gobernadores para que unifiquen sus elecciones locales el 28 de junio o, en caso de no llegar a tiempo, el 30 de octubre, pero sin dispersarse en más fechas.

También ayer por la noche se acordó durante el asado en Olivos que la primicia oficial del adelantamiento quedaría en manos de Cristina de Kirchner. De ahí que el ex presidente ordenó a todo el gobierno y a la dirigencia no hablar sobre la cuestión hasta que no se hiciera el anuncio en boca de la propia Presidente.

Pero hubo una excepción: casi a las 12 de la noche Daniel Scioli recibió una llamada de Cristina de Kirchner comunicándole el adelantamiento. Así, fue el primero en enterarse. Ese distrito clave será el lugar donde más impacto surtirá la decisión y el que deberá aportar los votos para compensar los resultados adversos que Néstor Kirchner quiere evitar en el resto del país.

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